Por qué Traditionis Custodes ha provocado una crisis de autoridad litúrgica

Por qué Traditionis Custodes ha provocado una crisis de autoridad litúrgica

El motu proprio Traditionis Custodes, promulgado en 2021 para restringir el uso de la Misa tradicional en latín, no solo ha reabierto el debate litúrgico en la Iglesia, sino que ha generado una crisis más profunda relacionada con la autoridad episcopal y la confianza de los fieles. Así lo analiza el medio católico Catholic Unscripted en un reciente artículo dedicado a las consecuencias prácticas del documento.

Lo ocurrido en varias diócesis —especialmente en Estados Unidos— muestra que el problema no se limita a la regulación de una forma litúrgica concreta, sino que afecta al modo en que se ejerce la autoridad en la Iglesia y a la percepción de justicia pastoral entre los fieles.

Un documento que va más allá de la Misa tradicional

Traditionis Custodes, firmado por el Papa Francisco el 16 de julio de 2021, estableció nuevas normas para la celebración de la liturgia según el misal anterior a 1970, derogando en la práctica el marco más amplio concedido por Summorum Pontificum de Benedicto XVI. El documento confía a los obispos diocesanos la responsabilidad de autorizar estas celebraciones con el objetivo declarado de salvaguardar la unidad de la Iglesia.

Sin embargo, la aplicación del motu proprio en algunos lugares ha ido mucho más allá del texto legal. En la diócesis de Charlotte (Estados Unidos), por ejemplo, las restricciones no se limitaron a la Misa tradicional, sino que afectaron también a prácticas litúrgicas como el uso de reclinatorios, la comunión de rodillas o la orientación de la celebración ad orientem, medidas que no aparecen explícitamente en el documento pontificio.

De la liturgia a la autoridad episcopal

Este tipo de decisiones ha puesto de manifiesto una cuestión más amplia: hasta qué punto un obispo puede prohibir prácticas litúrgicas que la normativa universal de la Iglesia no ha suprimido. La situación ha llevado a sacerdotes y fieles a plantear dudas formales sobre los límites de la autoridad episcopal y sobre la coherencia entre el derecho litúrgico y su aplicación pastoral.

Esta tensión ha erosionado la confianza de muchos fieles, que perciben una ruptura con el principio de continuidad defendido durante el pontificado de Benedicto XVI, cuando la Misa tradicional fue presentada como una riqueza legítima dentro de la vida de la Iglesia y no como un problema a erradicar.

Unidad buscada, división percibida

La intención declarada de Traditionis Custodes era promover la unidad litúrgica y eclesial. Sin embargo, en la práctica, su aplicación desigual ha provocado un efecto contrario en no pocos lugares, generando divisiones entre comunidades, sacerdotes y fieles que hasta ahora convivían pacíficamente.

El debate, además, no se limita a los sectores tradicionalistas. Para muchos observadores, el caso pone sobre la mesa una cuestión de fondo: si las decisiones pastorales se perciben como arbitrarias o desproporcionadas, la autoridad corre el riesgo de verse debilitada, incluso cuando actúa dentro de un marco legal.

Una polémica abierta

Cuatro años después de su promulgación, Traditionis Custodes sigue siendo objeto de controversia. El verdadero desafío no es únicamente cómo regular la liturgia tradicional, sino cómo ejercer la autoridad en la Iglesia de modo que preserve la unidad sin sacrificar la confianza de los fieles ni la continuidad de la tradición litúrgica.

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