Tucho equipara la Inquisición con el Holocausto

Tucho equipara la Inquisición con el Holocausto

El martes 27 de enero, durante la sesión plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe celebrada en la Ciudad del Vaticano, el polémico cardenal argentino Víctor Manuel Fernández pronunció una intervención en la que reflexionó sobre la necesidad de “humildad intelectual, espiritual y teológica” en el ejercicio de la razón. La conferencia tuvo lugar en la sede histórica del antiguo Santo Oficio, institución de la que el actual dicasterio es heredero jurídico directo.

En ese contexto, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe citó distintos episodios históricos que, a su juicio, ilustrarían cómo la absolutización de la propia razón o de determinados criterios morales puede desembocar en graves abusos. Entre los ejemplos mencionados se encontraban la Inquisición, las guerras mundiales y el Holocausto.

Qué dijo exactamente el cardenal Fernández

Durante su intervención, Fernández sostuvo que a lo largo de la historia se han cometido atrocidades cuando el ser humano ha creído poseer la verdad de forma absoluta, sin reconocer límites ni ejercer la necesaria humildad. Para ilustrar esta idea, integró en una misma reflexión moral distintos episodios históricos extremos, entre ellos la Inquisición y el Holocausto.

El cardenal no afirmó de manera literal que ambos fenómenos sean idénticos ni moralmente equivalentes. Sin embargo, al situarlos dentro de una misma categoría explicativa y atribuirles una causa común, estableció una analogía que ha generado debate por su alcance histórico e institucional.

Desde dónde se pronuncian estas palabras

La relevancia de estas declaraciones no reside únicamente en su contenido, sino en la posición desde la que se formulan. Fernández no hablaba como historiador externo ni como analista independiente, sino como prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, organismo que, desde el punto de vista jurídico e institucional, es el sucesor directo del antiguo Santo Oficio, conocido históricamente como la Inquisición romana.

El hecho de que estas reflexiones se formularan precisamente desde la sede del antiguo Santo Oficio confiere a la analogía un significado simbólico particular, al tratarse de la institución históricamente identificada con la defensa de la ortodoxia doctrinal en la Iglesia católica.

Una equiparación infame

Desde un punto de vista discursivo, la equiparación no requiere afirmar expresamente que dos realidades sean idénticas. Basta con incluirlas en una misma categoría moral y explicarlas como consecuencia de una causa común. Al presentar la Inquisición y el Holocausto como ejemplos de los excesos derivados de la verdad impuesta sin límites, Tucho establece una homologación conceptual que los sitúa en un mismo plano explicativo.

Este tipo de razonamiento es frecuente en discursos morales contemporáneos, pero resulta especialmente problemático cuando se aplica a fenómenos históricos radicalmente distintos y, sobre todo, cuando se formula desde una autoridad institucional directamente vinculada a uno de ellos.

Desde la perspectiva histórica y jurídica, la comparación plantea serias dificultades. El Santo Oficio fue un tribunal eclesiástico integrado en el orden jurídico de su tiempo, con procedimientos escritos, acusaciones tipificadas, posibilidad de defensa y una finalidad fundamentalmente doctrinal y correccional.

El Holocausto, en cambio, fue un proyecto estatal moderno, ideológico y racial, orientado a la eliminación física sistemática de millones de personas por el mero hecho de existir. No hubo juicio, ni defensa, ni corrección posible, sino exterminio planificado. La diferencia entre ambos fenómenos no es de grado, sino de naturaleza.

El trasfondo de la leyenda negra

La equiparación entre la Inquisición y los totalitarismos del siglo XX constituye uno de los ejes clásicos de la llamada leyenda negra. Esta narrativa traslada categorías morales contemporáneas a instituciones de otros siglos para presentarlas como antecedentes directos del genocidio moderno.

La historiografía especializada ha mostrado que el Santo Oficio actuó en muchos contextos como instancia de contención frente a violencias civiles descontroladas y que las penas más graves fueron excepcionales y ejecutadas por el poder secular. Reconocer abusos históricos no exige aceptar analogías que distorsionan la naturaleza de las instituciones.

Una cuestión institucional

Más allá de la intención subjetiva del cardenal Fernández, sus palabras plantean una cuestión de fondo. Cuando el responsable del dicasterio heredero del Santo Oficio adopta, aunque sea implícitamente, un marco conceptual que aproxima esa institución a tragedias propias del totalitarismo moderno, el efecto no es solo retórico, sino institucional.

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