El obispo emérito de Toulon, mons. Dominique Rey, tomó la palabra el pasado 18 de enero durante la Marcha por la Vida celebrada en París, convirtiéndose en el primer obispo francés en intervenir públicamente en este acto, tradicionalmente respaldado por fieles y asociaciones provida, pero al que el episcopado suele mantenerse al margen.
La participación de Mons. Rey rompe con la actitud de distanciamiento adoptada hasta ahora por la mayoría de los obispos franceses respecto a esta manifestación, que se celebra anualmente en un contexto político y social especialmente favorable al aborto y cada vez más abierto a la eutanasia.
La Marcha por la Vida de este año tuvo lugar en un país donde, en 2024, la Constitución fue modificada para introducir el denominado “derecho” al aborto, una reforma impulsada por el presidente Emmanuel Macron y aprobada por una amplia mayoría parlamentaria. Este marco jurídico ha reforzado, según distintos observadores, una cultura política marcadamente proabortista.
Crítica a una “libertad que se vuelve liberticida”
En su intervención, Mons. Rey denunció lo que calificó como “disposiciones mortíferas” de la legislación francesa y advirtió de que la legitimación del aborto y de la eutanasia no afecta únicamente a los casos individuales, sino al conjunto de la sociedad. A su juicio, estas prácticas suponen además una distorsión del papel del cuerpo médico, llamado a proteger la vida y no a provocar la muerte.
El obispo afirmó que cuando la vida deja de ser considerada inviolable, la libertad humana se ve profundamente alterada, y sostuvo que una libertad desligada de límites morales puede acabar volviéndose contra el propio hombre. En este sentido, criticó el uso de expresiones como “ayudar a morir dignamente”, al considerar que encubren una falta de protección de la vida en situaciones de fragilidad.
Un gesto poco habitual en el episcopado francés
La intervención de Mons. Rey resulta especialmente significativa en el contexto del episcopado francés, que en los últimos años ha emitido declaraciones críticas con el aborto o la eutanasia, pero sin participar activamente en la Marcha por la Vida. La presencia del obispo emérito de Toulon introduce así un elemento nuevo en la relación entre la jerarquía y el movimiento provida en Francia.
Cabe recordar que Mons. Rey presentó su dimisión como obispo de Toulon a finales de 2024, tras una visita apostólica, y que desde entonces mantiene una actividad pastoral y pública centrada en cuestiones doctrinales y morales.
Evolución reciente del debate legislativo
Tres días después de la Marcha por la Vida, el Senado francés rechazó, por 144 votos contra 123, el artículo central del proyecto de ley sobre la ayuda a morir, que pretendía reconocer un “derecho” al suicidio asistido y limitar la cláusula de conciencia. Aunque este revés parlamentario no pone fin al proceso legislativo, sí introduce un elemento de incertidumbre en la tramitación de la ley.
En este contexto, la intervención de Mons. Dominique Rey ha sido interpretada como un gesto significativo en defensa pública de la vida, en un país donde el debate sobre el aborto y la eutanasia continúa avanzando en el ámbito político y legislativo.