La confirmación oficial de Sarah Mullally como nueva arzobispa anglicana de Canterbury, celebrada esta semana conforme al rito de la Iglesia de Inglaterra, quedó marcada con la interrupción del acto por parte del pastor Paul Williamson, que acabó siendo reducido y expulsado del lugar por la fuerza.
Durante la ceremonia de confirmación, el oficiante declaró públicamente que “nadie había comparecido en oposición” al nombramiento de Mullally. En ese momento, el pastor Paul Williamson se levantó para afirmar que sí había presentado una objeción formal, la cual —según sus propias palabras— había sido ignorada por las autoridades eclesiásticas.
Testigos presenciales y mensajes difundidos posteriormente en redes sociales indican que Williamson fue inmovilizado, esposado y retirado del recinto, sin que se le permitiera continuar con su protesta. El episodio fue recogido por distintos observadores como una intervención policial en el contexto de un acto religioso oficial.
Un procedimiento formalmente previsto
La normativa anglicana contempla, al menos en teoría, la posibilidad de presentar objeciones durante el proceso de confirmación de un obispo o arzobispo, un vestigio del antiguo procedimiento canónico heredado de la tradición inglesa. Precisamente por ello, el hecho de que una objeción explícita fuera públicamente negada y respondida con una expulsión forzosa ha suscitado críticas sobre la gestión del disenso interno en la Iglesia de Inglaterra.
Desde sectores anglicanos conservadores se ha señalado que el episodio pone en cuestión la transparencia del proceso y la voluntad real de escuchar voces discrepantes, especialmente cuando estas se fundamentan en objeciones doctrinales.
El trasfondo del nombramiento
Sarah Mullally, hasta ahora «obispa» de Londres, ha asumido el cargo de primada de la Iglesia de Inglaterra en un contexto de fuertes divisiones internas dentro de la Comunión Anglicana. Su trayectoria episcopal ha estado marcada por el respaldo a posiciones progresistas en cuestiones como la ordenación de mujeres, la revisión de la moral sexual y la bendición de parejas del mismo sexo, asuntos que han provocado un distanciamiento creciente con iglesias anglicanas de África y Asia.
La protesta de Williamson no se produjo, por tanto, en un vacío, sino en un marco de tensión doctrinal acumulada, donde una parte del clero y de los fieles considera que las estructuras eclesiales anglicanas han dejado de ofrecer cauces reales para el disenso teológico.