TRIBUNA: El hundimiento de la Iglesia en Cataluña en una imagen

Por: Una católica (ex)perpleja

TRIBUNA: El hundimiento de la Iglesia en Cataluña en una imagen

El sábado 30 de noviembre de 2024 fue ordenado obispo de Sant Feliu, diócesis sufragánea de Barcelona, el dominico Xabier Gómez.

Miren atentamente la fotografía, porque es un resumen de la situación agónica de la Iglesia en Cataluña: el recién creado obispo, con un uniforme retro-progre setentero inmaculado: báculo ridículo de madera (que parecía más bien un cucharón), anillo de Tucum (por aquello de la “Iglesia pobre para los pobres”), y pectoral inmigracionista (de madera de un cayuco convertido en una falsa reliquia, como comentamos aquí) para parecer humilde. A la izquierda del obispo en la imagen, la abadesa de Montserrat, sin velo, junto a otra monja de su cenobio.

Sobre los nefastos obispos que copan las cátedras de la mayoría de diócesis, el P. Charles Murr narra en su fascinante libro “Asesinato en el grado 33” cómo el cardenal que elegía a los obispos en tiempos de Pablo VI era masón, y por tanto solamente elegía a lo peor del progresismo. Y la cosa no ha parado de empeorar. Juan Pablo II y Benedicto XVI nombraron a obispos nefastos y entonces llegó Francisco, que pareciera haber hibernado desde 1970 hasta 2013, cual conde Drácula que se levanta de su sarcófago cuatro siglos después de su apostasía, y operaba siguiendo la misma línea. Sólo tenemos que fijarnos en el aquelarre de obispos y cardenales modernistas nombrados hasta ahora: parece más bien que elige a lo peor de cada casa.

Después del conservador Juan Pablo II y de un papa que pretendió abrir a la Iglesia post-conciliar a la gran tradición bimilenaria del cuerpo místico de Cristo, como fue Benedicto XVI, Francisco fue elegido a la cátedra de Pedro; personaje indescriptible, vulgar, que no dejó de crear perplejidad desde su salida a la logia vaticana, ignorando y despreciando la tradición de los pontífices anteriores a él. Olvidando cualquier perspectiva sobrenatural para convertir a la Iglesia Católica en una ong u oficina de las Naciones Unidas, antropocéntrica, y con dos temas estrella: el inmigracionismo (es decir, la promoción de la invasión musulmana de Europa), y el cambio climático, despreciando a la Iglesia militante siempre que le era posible. Sólo desde este pontificado puede entenderse la elección del no-católico nuevo obispo de sant Feliu.

Vean si no a este dominico vasco nombrado para la sede de sant Feliu, fray Xabier Gómez. No es un “bisbe català”, pero es vasco, “de las periferias” peninsulares; nacionalista, para más señas, dejándolo claro desde sus primeras alocuciones para tranquilizar al rebaño nacional-progresista. Progresista hasta las cejas, como muestra la hemeroteca, y especializado en uno de los temas favoritos del difunto pontífice: la causa de promoción de una política de puertas abiertas hacia la invasión musulmana que tiene como objetivo la sustitución poblacional en Europa. Al parecer, fue Cobo, cardenal de Madrid, quien movió hilos para promover a este amigo suyo, con quien trabajaba en la comisión de migraciones de la Conferencia Episcopal Española: Gómez fue director del Departamento para Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

En estos pocos meses que lleva ejerciendo el cargo, ha protagonizado ya algunas de las más ridículas actuaciones episcopales que se recuerdan en la Iglesia de Cataluña: destacaremos aquí brevemente sólo dos de las más sonadas: su carta dominical sobre Lamine Yamal y su carta abierta a la cantante Rosalía tras la publicación de su álbum Lux.

Veamos la primera: la hoja dominical del 11 de mayo de 2025, con su glosa dominical titulada “Lamine Yamal”: en la glosa, el obispo Xabier habla de las cualidades deportivas del futbolista, pero sobre todo se fija en el personaje como un modelo de integración. Yamal nació en Esplugues de Llobregat, localidad perteneciente al obispado de Sant Feliu, e imaginamos que eso dio pie a esta glosa. Todos sabemos que el padre de Lamine es un inmigrante marroquí de manual y su madre es de Guinea Ecuatorial, y que él nacido aquí, fue por tanto escolarizado aquí, así que lo normal es que hable perfecto español y catalán. De ahí a celebrarlo como un modelo de integración en Cataluña, como excusa para alabar el multiculturalismo, ya son malabares ideológicas.

Porque Lamine es un joven de precoz promiscuidad, relacionado desde antes de su mayoría de edad con diversas mujeres mayores que él, en lo que es un anti-ejemplo de moralidad. Por otra parte, es de religión musulmana, y guarda los preceptos islámicos. En la selección española fue el primer jugador que alteró los planes de una concentración de la «Roja» por motivo del cumplimiento del Ramadán.

Este tema se encuadra en la obsesión de Gómez por el inmigracionismo descontrolado y su indignante agradecimiento a los inmigrantes que vengan a España a llenar nuestras mortecinas parroquias. No sabemos, empero, en qué estadísticas se basa, puesto que están los inmigrantes que él tanto celebra, que sólo se acercan a las iglesias para acaparar los alimentos y la ropa que reparte cáritas, o a gran parte de la población iberoamericana, que pertenece a sectas protestantes, evangélicas. Pero él sigue a lo suyo, sin desfallecer, con sus eslóganes trasnochados de escucha, comisiones de laicos; y, eso sí, contrastando su humildad y sinodalidad con su absoluto protagonismo en la comunicación social de la diócesis. Nada nuevo bajo el sol.

Por otra parte, tenemos la carta abierta a la cantante Rosalía tras la reciente publicación de su álbum Lux y su aparente conversión a la fe católica, que toda la jerarquía y grupos neoconservadores en la Iglesia aplaudieron con las orejas (tratamos el tema aquí). De nuevo, la excusa de Gómez para escribir a Rosalía fue que la artista nació en una localidad perteneciente a su diócesis. El ridículo de la misiva es indisimulable. Este portal informó de la misma. Está muy bien que el obispo busque acercarse a las personas que están lejos de la fe o viven un proceso de conversión; pero deben hacer todo esto sin olvidar a su rebaño, sin maltratarlo, sin matarlo de inanición. Y sin celebrar que una cultura opuesta a la nuestra venga a traer la inseguridad a nuestras calles y reciban privilegios tanto del Estado como de la Iglesia solamente por su lugar de procedencia, en un flagrante agravio comparativo con la población local.

De hecho, en la cuaresma de 2025, la basílica de la Concepción en Barcelona organizó un ciclo de charlas cuaresmales predicadas por obispos de diócesis catalanas. Entre ellos, cómo no, el sujeto protagonista de hoy. ¿Y de qué habló? Aquí algunas breves perlas de su perorata: el obispo Xabier considera que «estamos llamados a una obra maravillosa, a trabajar para que la casa de Dios sea cada vez más acogedora, para que todo el mundo pueda entrar y quedarse, para que la Iglesia tenga las puertas abiertas a todo el mundo y nadie tenga la tentación de dedicarse solo a mirar y a cambiar las cerraduras (…).  ¿Desde dónde contribuiremos a un nuevo estilo de vida? Conformando comunidades acogedoras, de reconocimiento y compasión.

Miren si no la línea monotemática de las noticias de su web diocesana, de donde hemos extraído esta información.

En una lógica católica, todo esto, además de no tener sentido, es doloroso. Pero si uno se da cuenta de que son sujetos que no operan según la fe católica, entonces todo es coherente (aunque igualmente doloroso). Lo explicó a la perfección el bloguero Wanderer: los obispos tienen otra fe. Esto, sin embargo, no es algo nuevo; como afirma el sacerdote Gabriel Calvo Zarraute, Francisco no fue la causa, sino la consecuencia de un proceso, una dinámica de siglos; que comenzó con la herejía protestante (ella misma con sus propios antecedentes), y de la cual tanto el Concilio Vaticano II como Francisco son consecuencias lógicas, con la infiltración del modernismo hasta la más alta jerarquía eclesial. En el caso de la Iglesia en Cataluña, de un total de diez diócesis, tenemos tres obispos muy lamentables (Sant Feliu, Lérida y Tarragona) y un ambicioso carrerista ya caduco con un armario lleno de cadáveres en Barcelona.

El consuelo y esperanza que tenemos es saber que las puertas del infierno no prevalecerán. Y que en un par de generaciones podrá certificarse la defunción por falta de reemplazo de esta neoiglesia antropocéntrica y woke.

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