“Cansancio, miedo y exigencia de dignidad”: empleados del Vaticano denuncian frustración y falta de transparencia

“Cansancio, miedo y exigencia de dignidad”: empleados del Vaticano denuncian frustración y falta de transparencia

Una encuesta interna promovida por la Associazione Dipendenti Laici Vaticani (ADLV) ha puesto cifras a un malestar que desde hace años circula en los pasillos de la Santa Sede: fatiga institucional, desconfianza hacia los superiores y sensación de injusticia en la gestión del personal. El sondeo —realizado entre septiembre de 2025 y enero de 2026— recoge respuestas de 250 empleados y dibuja un panorama incómodo para una institución que, en teoría, debería ser ejemplar en la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia.

Aunque el número de respuestas es reducido frente al total de empleados, el propio informe subraya un dato revelador: muchos trabajadores no participan por temor a represalias, en un sistema donde no existen sindicatos tradicionales y no se permite el derecho de huelga, precisamente por el argumento de que todos comparten “la misión” de la Iglesia.

Brecha con los superiores y nombramientos “poco transparentes”

El dato más repetido es la percepción de distancia entre empleados y mandos. Casi tres de cada cuatro encuestados describen una brecha clara con quienes dirigen oficinas y dicasterios, y solo una minoría dice estar satisfecha con esa relación.

A esa fractura se suma una crítica directa al modo de elegir responsables: un 71,6% considera que los jefes no fueron seleccionados mediante procedimientos transparentes ni por un itinerario profesional claro. El resultado, según el sondeo, es un clima donde pesa más la percepción de arbitrariedad que la confianza en criterios de mérito y servicio.

“No se premia el mérito”: recursos humanos mal gestionados

Más del 75% sostiene que los recursos humanos están mal asignados, infravalorados y poco motivados; y un 75,8% afirma que iniciativa, mérito y experiencia no reciben reconocimiento. En un entorno así, el problema deja de ser meramente “organizativo” y se convierte, a ojos de los empleados, en una cuestión de justicia.

Humillaciones, favoritismo e inseguridad sobre derechos

El sondeo también recoge un dato especialmente delicado: más de un 56% asegura haber sufrido trato injusto o conductas humillantes por parte de superiores. Zenit añade que el marco legal vaticano no reconoce formalmente el acoso laboral como delito específico, lo que incrementaría la sensación de indefensión.

En paralelo, cerca del 73,4% percibe favoritismos y desigualdad de trato, además de incertidumbre sobre la protección de derechos, incluidas cuestiones vinculadas a pensiones.

El factor económico: la suspensión de incrementos salariales

Entre las quejas más concretas aparece la suspensión del incremento salarial bienal, abolido en 2021 como medida de austeridad para afrontar el déficit. Según el artículo, esto ha tenido efectos duraderos también sobre pensiones y compensaciones de fin de servicio (TFR), alimentando resentimiento e inseguridad.

El contraste: Sprizzi cuestiona el alcance y habla de “muestra mínima”

La Oficina de Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA) ha salido al paso del malestar reflejado en una reciente encuesta de la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV), en la que un grupo de trabajadores denuncia “descontento, injusticia y falta de confianza” en el ambiente laboral de algunos organismos vaticanos. En una entrevista concedida a Vatican News, su presidente, mons. Marco Sprizzi, afirma que el objetivo del organismo es claro: “trabajamos para que no existan situaciones en las que los derechos de los empleados sean ignorados o violados”

Sprizzi,  afirma haber tomado nota de la encuesta, pero subraya que, técnicamente, se trata de una muestra “muy pequeña” respecto al total de empleados. Aun así, sostiene que incluso si fuera una sola queja, debe escucharse y evaluarse.

Asimismo, rechaza la lectura de un clima generalizado: asegura que, por su experiencia en reuniones con empleados, el sentimiento dominante sería “más bien positivo”, aunque reconoce que hay problemas que “absolutamente” requieren mejora, como ajustes salariales según funciones. Además, afirma que, si existieran abusos, deben denunciarse y verificarse, recordando la prioridad moral de la justicia laboral desde Rerum Novarum.

Una expectativa prudente ante León XIV

En este contexto, la llegada de León XIV aparece como un elemento nuevo. La ADLV interpreta algunos gestos iniciales como señales positivas: atención al tribunal laboral, recuperación del “bonus” del cónclave y una disposición a abrir un camino de diálogo. Para muchos empleados, serían movimientos modestos pero simbólicos, que podrían marcar un cambio de tono tras años de relación áspera con la administración.

Y quizá lo más significativo del sondeo no sean las reclamaciones económicas, sino el mensaje de fondo: los trabajadores piden ser tratados como personas, escuchados y protegidos con dignidad, devolviendo a la propia institución el espejo de su enseñanza social.

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