¿Quién tomará la batuta del camino sinodal alemán?

¿Quién tomará la batuta del camino sinodal alemán?

Tras cononcer la renuncia de Georg Bätzing a optar a la reelección como presidente de la Conferencia Episcopal Alemana se abre una disputa que Roma seguirá con lupa. ¿Quién tomará la batuta del polémico camino sinodal alemán? No se trata sólo de un relevo interno, sino de decidir si el episcopado alemán corrige el rumbo tras años de choque con la Santa Sede.

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Un fin de etapa que no es neutro

Bätzing deja el cargo tras seis años en los que el “camino sinodal” ha marcado la agenda y ha profundizado las divisiones entre obispos. Lo que empezó como una respuesta a la crisis de abusos terminó convertido en un proyecto de reformas de gran alcance, con roces constantes con Roma y con un debate que ya no es sólo pastoral, sino de fondo: qué se puede cambiar en la Iglesia alemana sin quebrar la comunión con la Iglesia universal.

La elección de un nuevo presidente servirá para medir si Alemania busca una corrección real o simplemente un cambio de estilo para sostener la misma orientación.

Por qué Roma lo mira todo

El presidente de la conferencia episcopal alemana es, de facto, la cara pública del episcopado y el principal interlocutor con la Santa Sede. En un contexto de tensiones acumuladas, el nombre que salga de Würzburg a finales de febrero será leído como señal: continuidad o rectificación.

Además, la decisión no es menor porque en los próximos meses podría volver a la mesa la idea de institucionalizar el “camino sinodal” mediante una estructura permanente. Si ese tipo de órgano se consolida, el conflicto con Roma dejaría de ser una controversia puntual y se convertiría en un problema estructural de gobierno eclesial.

El favorito de la prensa alemana: Bentz

La prensa alemana, según el panorama recogido por The Pillar, coincide de manera llamativa en un candidato: Udo Markus Bentz, arzobispo de Paderborn, de 58 años. Se le presenta como un perfil capaz de rebajar la tensión interna, con discurso de conciliación y cierta cercanía a los centros de decisión política y eclesial.

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Su posible ascenso apostaría por un “moderador” que mantenga la estabilidad sin dinamitar el proceso. La pregunta es si esa moderación significa freno real o simple táctica. Avanzar sin ruido, evitando el choque frontal con la Santa Sede.

Los otros nombres y el dilema real

Junto al favorito, se barajan otros perfiles. Desde obispos plenamente identificados con el proyecto sinodal hasta voces más críticas. Pero el dilema de fondo es sencillo, mantener la continuidad con un presidente que sostenga el “camino sinodal” como eje central y trabaje por hacerlo permanente, aunque con un lenguaje más prudente; o una corrección, con un presidente que, sin negar la necesidad de purificación y reformas, asuma límites claros y apueste por reconstruir la vida eclesial desde lo esencial: fe, liturgia, vocaciones, disciplina y misión.

El problema de Alemania no es de comités

La Iglesia alemana no se juega sólo un organigrama. Se juega su credibilidad y su futuro. En un país marcado por la secularización, la caída de la práctica y el desplome de vocaciones, existe la tentación de creer que el remedio es estructural: más órganos, más procesos, más “participación”. Pero cuando todo se reduce a política interna, la Iglesia se vuelve burocrática y pierde su capacidad de convertir.

Lo que ocurra en Würzburg no resolverá por sí solo esa crisis, pero sí mostrará si el episcopado alemán ha entendido la lección. Está claro que la renovación católica no nace de un parlamento eclesial, sino de Cristo, la verdad de la fe y la vida sacramental.

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