La renuncia del obispo franciscano Paskalis Bruno Syukur, aceptada este 19 de enero de 2026 por el Papa León XIV, cierra una etapa marcada por un gesto inusual —rechazar la púrpura cardenalicia en 2024— y por un clima interno de confrontación en la diócesis de Bogor (Indonesia). Roma ha designado un administrador apostólico “a disposición de la Santa Sede”, un formato que subraya el control directo del caso.
Una renuncia fuera de lo habitual
No es frecuente que un obispo deje el gobierno de una diócesis a los 63 años, lejos del umbral ordinario de los 75. Por eso, la aceptación de la renuncia de Syukur por parte de León XIV tiene un peso que va más allá de un mero trámite administrativo: apunta a un cambio de etapa decidido desde arriba, con voluntad de estabilizar una Iglesia local que, en los últimos meses, ha vivido un evidente desgaste interno.
La Santa Sede, como es habitual, no ha dado explicaciones detalladas. El Vaticano se limita al hecho, renuncia aceptada y nombramiento de un administrador.
Un administrador “a disposición” de Roma
La Santa Sede ha nombrado administrador apostólico sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis al obispo Christophorus Tri Harsono, actual pastor de Purwokerto (Isla de Java, Indonesia). Dejando al administrador directamente bajo la autoridad del Papa, y que su misión es gobernar provisionalmente sin que la diócesis entre todavía en un proceso ordinario —y rutinario— de sucesión.
Del “no” al cardenalato al final en Bogor
La figura de Syukur saltó a la escena internacional en octubre de 2024, cuando el Papa Francisco anunció su nombre entre los nuevos cardenales. Su negativa posterior —aceptada por el Papa— se interpretó como un gesto de humildad personal. Pero aquel episodio también lo convirtió en un obispo especialmente expuesto: para unos, símbolo de renuncia a los honores; para otros, una decisión que revelaba tensiones internas o un gobierno con apoyos frágiles.
Dos años después, su salida del cargo se produce en un contexto mucho menos luminoso. Según Vida Nueva, se han revelado acusaciones públicas dentro del clero local sobre autoritarismo, abuso de poder y mala gestión, además de señalamientos sobre dinámicas de influencia en el gobierno diocesano. El propio Syukur, según se ha difundido, habría presentado su dimisión como un intento de evitar que el conflicto fracture más a la diócesis, sin admitir culpabilidad.
Un caso que Roma no quiere cronificado
En países con minoría católica, y más aún en un entorno social de mayoría musulmana como Indonesia, la estabilidad del gobierno eclesial es una condición para sostener seminarios, obras educativas, caridad y presencia pública. Cuando el conflicto interno se vuelve crónico, el daño pastoral suele ser más profundo que cualquier disputa personal.
De ahí que el paso dado por León XIV se lea como una medida de contención y reorganización, retirar al obispo cuestionado, enfriar el conflicto bajo un administrador y reconstruir la normalidad antes de nombrar —si así se decide— un sucesor estable.
Perfil y trayectoria
Nacido en Flores en 1962, Syukur pertenece a una región indonesa de fuerte tradición católica. Franciscano, con responsabilidades internas en su orden y experiencia en Roma, fue designado obispo de Bogor en 2013 y gobernó la diócesis durante más de una década. Su caso, sin embargo, quedará asociado a dos hitos poco comunes: el rechazo público del cardenalato y una salida anticipada del gobierno diocesano bajo una transición estrechamente vigilada por la Santa Sede.
