Los cardenales Blase J. Cupich (Chicago), Robert W. McElroy (Washington) y Joseph W. Tobin (Newark) han publicado un pronunciamiento conjunto esta semana sobre la política exterior de Estados Unidos en el que apelan a un reciente discurso del Papa León XIV ante el cuerpo diplomático vaticano. Presentado como una “rara declaración” sobre la moralidad de la acción internacional norteamericana, el texto —que ha sido interpretado en clave de crítica a la Casa Blanca— ha provocado respuestas entre voces que rechazan que el documento represente “a la Iglesia” en su conjunto.
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Un texto “raro” y una lectura política inevitable
El documento —difundido desde la Archidiócesis de Washington— sitúa el debate moral de la política exterior en el centro del momento político: menciona Venezuela, Ucrania y Groenlandia como escenarios que reabren preguntas sobre el uso de la fuerza y el significado de la paz. Con ese marco —y aunque no nombra directamente a ningún dirigente— el escrito ha sido leído por analistas y medios como un desafío indirecto a la orientación de la administración estadounidense, —incluso Vatican News ha dedicado una nota para comentarlo—.
Los firmantes dicen asumir como “brújula ética” el discurso de León XIV, especialmente su denuncia del debilitamiento del multilateralismo, la sustitución del diálogo por la fuerza y la normalización de la guerra como instrumento de dominación. También subrayan —citando explícitamente al Papa— que la protección del derecho a la vida es fundamento indispensable de los demás derechos, junto a la defensa de la libertad religiosa y de conciencia.
“No hablan por la Iglesia”: la réplica desde el mundo católico
El analista Phil Lawler, en Catholic Culture, sostiene que el pronunciamiento no puede presentarse como la voz de “la Iglesia” ni del episcopado estadounidense, ya que no procede de la conferencia episcopal y los cardenales firmantes no actúan en nombre de la mayoría de los obispos. Para Lawler, el texto mezcla doctrina social con una finalidad política concreta y, al hacerlo, pretende “doblar” la enseñanza de la Iglesia hacia un objetivo partidista. Dicen los firmantes:
«El papa León también reitera la enseñanza católica de que “la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de cualquier otro derecho humano” y que el aborto y la eutanasia atentan contra ese derecho. Él señala la necesidad de ayuda internacional para salvaguardar los elementos más esenciales de la dignidad humana, que están siendo atacados debido al movimiento de las naciones ricas para reducir o eliminar sus contribuciones a los programas de asistencia humanitaria extranjera».
Pese a citar frases del Papa sobre el derecho a la vida, el foco práctico del documento se concentre en cuestiones geopolíticas y migratorias, mientras que temas como el aborto o el matrimonio no suelen ocupar un lugar equivalente en la agenda pública de estos cardenales. Resulta especialmente llamativo que ahora Cupich sea un ferreo defensor provida —mencionando el aborto y la eutanasia— después de la defensa a su amigo, el senador Durbin. ¿Es eso o es simplemente un oportunista del discurso?
El uso de un discurso pontificio como “marco” de política nacional
Los cardenales no se limitan a repetir principios generales, sino que formulan una línea de acción —y un juicio moral implícito— sobre la política exterior y la ayuda internacional, insistiendo en que la fuerza militar debe ser “último recurso” y rechazando la guerra como instrumento de interés nacional estrecho. Dicen así:
«Buscamos una política exterior que respete y promueva el derecho a la vida humana, la libertad religiosa y el mejoramiento de la dignidad humana en todo el mundo, especialmente a través de la asistencia económica».
El discurso del Pontífice —aunque contenga advertencias que pueden aplicarse a gobiernos concretos— fue más amplio y cauteloso, con referencias a múltiples crisis y actores, y sin el tono de “batalla política total” que se percibe en la recepción estadounidense del texto.
Una señal del pulso interno del catolicismo en EE. UU.
La disputa revela algo más que un desacuerdo sobre diplomacia. Expone el choque de enfoques dentro del catolicismo norteamericano acerca de cómo deben intervenir los pastores en debates políticos concretos. Se trata así de un gesto que confunde la autoridad doctrinal con la opinión coyuntural y que, además, se presenta con una representatividad que no tiene y además, aseguran que seguirán insistiendo en su propia agenda:
«El papa León nos ha dado el prisma a través del cual elevarlo a un nivel mucho más alto. Predicaremos, enseñaremos y abogaremos en los próximos meses para que ese nivel más alto sea posible.»
