«Te pido que no celebres la Eucaristía»: la carta de Cobo al clero de Madrid para asistir al Convivium

«Te pido que no celebres la Eucaristía»: la carta de Cobo al clero de Madrid para asistir al Convivium

El cardenal José Cobo ha dado un paso más en la sustitución de la vida sacramental por el activismo sinodal. Y lo ha hecho por escrito, sin ambigüedades y dejando constancia documental: pide explícitamente a los sacerdotes que no celebren la Misa en sus parroquias para poder asistir al encuentro presbiteral Convivium, incluso aunque eso suponga dejar a los fieles sin Eucaristía —total ya se pueden encargar los laicos para hacer una liturgia de la Palabra—.

La carta, fechada el 19 de enero de 2026 y dirigida a todos los sacerdotes de la archidiócesis de Madrid, no se limita a una invitación fraterna o espiritual. En la misiva reconoce que ese día “el pueblo de Dios necesita atención pastoral”, pero acto seguido fija una jerarquía inequívoca: la prioridad no es la Misa parroquial, sino la asamblea sinodal del clero.

El mandato es literal:

«Ante un encuentro tan excepcional, te pido que no celebres la eucaristía en tu parroquia o comunidad a la misma hora que se celebra en la catedral con todo el presbiterio reunido. Sería un signo poco constructivo de comunión de cara al pueblo de Dios que acompañamos.

Busca alternativas celebrando a otras horas o animando a que los laicos de la comunidad asuman responsabilidades y dispongan ese día una oración o celebración de la Palabra. En muchos lugares hay consagradas o agentes de pastoral instituidos que también pueden preparar una celebración según el ritual de celebraciones extraordinarias en ausencia de presbítero».

Celebrar la Misa para los propios fieles —la tarea esencial del sacerdote— pasa a ser “un signo poco constructivo de comunión”. Es decir: dar la Misa a los parroquianos se convierte, según el arzobispo, en un gesto problemático, «un signo poco constructivo de comunión».

¿La alternativa? Sustituir la Eucaristía por celebraciones de la Palabra dirigidas por laicos, consagradas o “agentes de pastoral instituidos”, apelando al ritual de celebraciones extraordinarias en ausencia de presbítero. Lo extraordinario, sin embargo, empieza a adquirir rasgos de normalidad: la Misa desaparece, el sacerdote se ausenta y la comunidad “comprende”.

«Será un momento excepcional, en el que el pueblo de Dios necesita atención pastoral, pero también el presbiterio diocesano requiere la presencia de todos sus sacerdotes. Como sucede en la misa crismal, queremos subrayar la importancia de este encuentro y pedir a nuestras comunidades que lo comprendan, animen a sus sacerdotes a participar y los sostengan con su oración».

El paralelismo con la Misa Crismal —utilizado por Cobo para justificar la medida— es forzado y, en el fondo, teológicamente tramposo. La Misa Crismal es un acto estrictamente sacramental, anual, ligado al obispo y al misterio del sacerdocio. Convivium es un encuentro organizativo-pastoral de marcado tono sinodal. Equipararlos solo sirve para sacralizar una agenda.

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El resultado es inequívoco:

El sacerdote deja su parroquia.
Los fieles se quedan sin Misa.
La Eucaristía se subordina a un evento.
La “comunión” se redefine como obediencia logística.

No se trata de un malentendido ni de una lectura maliciosa. Está escrito negro sobre blanco. Por el “proceso”, se sacrifica la Misa. Por el “camino”, se deja al pueblo sin Pan. Y todo ello envuelto en un lenguaje dulcificado que habla de fraternidad, discernimiento y Espíritu… mientras sacrifican precisamente eso que es el centro de la vida sacerdotal y del cristiano: la Eucaristía.

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