Durante casi dos años, la guerra ha asfixiado la vida cotidiana en Tierra Santa. El conflicto no solo ha traído muerte e incertidumbre, sino también silencio: el de los peregrinos que dejaron de llegar a los lugares donde nació nuestra fe. Para los cristianos de Belén —población cada vez más reducida— esa ausencia no es un dato secundario, sino una amenaza existencial. Sin peregrinos no hay trabajo, sin trabajo no hay familias, y sin familias no hay presencia cristiana en la ciudad donde nació Cristo.
El cardenal Pierbattista Pizzaballa —patriarca latino de Jerusalén— ha insistido en la importancia de reanudar las peregrinaciones cristianas a Tierra Santa, no solo por su valor espiritual, sino también por su impacto directo en el sustento de las familias cristianas locales.
En este contexto, Ramzi Ghattas, católico nacido en Belén y portavoz de su comunidad, ha salido al mundo para dar a conocer el trabajo artesanal que realizan las familias cristianas de Tierra Santa y para invitar a los sacerdotes y fieles a visitar lo que él llama “El quinto Evangelio”, es decir, la tierra de Jesús, los lugares y su gente como una auténtica peregrinación al origen de nuestra fe católica.
En esta conversación con Infovaticana, Ramzi expone el desplome demográfico cristiano, del sufrimiento vivido durante la guerra, y de una convicción firme: la supervivencia de los cristianos de Tierra Santa depende, en gran medida, de que los católicos vuelvan a peregrinar.
¿Cómo ha sido el descenso demográfico de los católicos en una ciudad como Belén?
Cuando nací, en 1975, los católicos éramos cerca del 75 % de la población de la ciudad. Hoy, en 2025, somos apenas un 8 %, quizá un poco más, pero muy poco. Nosotros, los católicos de Belén, vivimos únicamente de las peregrinaciones. Por eso estoy aquí. He salido de Belén después de estar encerrado casi dos años, como toda la comunidad cristiana, porque si nos quedamos solos, desaparecemos.
En España y en Hispanoamérica la guerra se percibe lejana. ¿Cómo se ha vivido este tiempo en Belén, especialmente para los cristianos?
La guerra no distingue entre musulmanes o cristianos. Todos sufrimos. En Gaza el sufrimiento ha sido extremo, y el Papa Francisco lo entendió muy bien, por eso estuvo en contacto constante con el padre Romanelli hasta el final de su vida. Los cristianos allí han sufrido muertos, heridos, ataques.
En Belén no hemos vivido esa destrucción directa, pero sí algo muy duro: la incertidumbre. Dos años sin peregrinos. Dos años sin trabajo. Nosotros vivimos únicamente de las peregrinaciones. Hoteles, talleres, comercios… todo depende de eso. La pregunta constante era: “¿esto nos va a pasar también a nosotros?”. Y aun así, insistimos en quedarnos. Tenemos raíces aquí. Nadie elige dónde nace; eso lo decide Dios. Y si Dios decidió que yo naciera en Belén, entonces tengo una misión, ¿sino a dónde voy? Yo de Belén, de Tierra Santa, no me voy. De Belén directo al cielo.
Usted insiste mucho en la importancia de los peregrinos. ¿Por qué son tan decisivos para la supervivencia de los cristianos de Belén?
Porque sin peregrinos no hay vida. En Belén tenemos más de 50 hoteles, talleres de madera de olivo, familias enteras que viven de los recuerdos religiosos. No es comercio vacío: es fe transmitida con las manos. Cada pieza se hace rezando, creyendo, transmitiendo tradición.
La Tierra Santa es el quinto Evangelio. No se visita, se vive. Cuando los peregrinos vienen, se alojan con nosotros, comen con nosotros, rezan con nosotros. Eso da trabajo, pero también da esperanza. Lo peor no es la pobreza; lo peor es sentirse solo.
¿Qué puede hacer concretamente un católico que quiera ayudar a los cristianos de Tierra Santa?
Lo principal es ir. Y el que decide es el sacerdote. Cuando un sacerdote se anima, su comunidad lo sigue. Ya están empezando a volver algunos grupos y eso nos da vida.
Durante la peregrinación se ayuda en todo: alojándose en Belén, comiendo allí, usando transporte local, participando en la Misa con la comunidad. No es solo una Misa “para turistas”, es rezar con los cristianos que custodian los lugares santos.
Y también está el apoyo comprando los productos de Belén: nacimientos, cruces, recuerdos hechos en madera de olivo. No son objetos decorativos; son parte de nuestra fe. Belén no es solo Navidad. Belén es todo el año.
Hoy en Occidente se ve una fuerte descristianización, incluso la manipulación ideológica del pesebre. ¿Cómo ve usted esta situación desde Belén?
Con mucho dolor. Belén no es una idea ni una ideología. Es una ciudad viva. Los de Belén no somos figuras. Somos personas. Aquí está el corazón del mundo, el origen de la fe. Si se abandona el corazón, ¿qué queda del cuerpo?
Cuando uno entra a la Basílica de la Natividad, yo siempre digo: primero cierre los ojos, deje la cámara, rece un minuto. Llévese un recuerdo espiritual. Eso queda para siempre. Después saque la foto si quiere. Pero sin fe, todo se convierte en ideología.
Para terminar, ¿Cómo pueden contactar con usted las personas que quieren ir a Belén?
Bueno, yo acompaño personalmente a sacerdotes y grupos, incluso a quienes van por primera vez. No soy solo un guía: soy un hijo de Belén que quiere que el mundo católico vuelva a su origen. Somos una familia grande. Pero una familia que no visita su casa termina olvidándola.
Pueden escribir a su correo en el siguiente formulario:
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