Nuevos consultores del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso: pluralismo, «Pachamama», feminismo y agenda sinodal

Nuevos consultores del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso: pluralismo, «Pachamama», feminismo y agenda sinodal

El Boletín de la Santa Sede anunció este lunes el nombramiento de nuevos consultores del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. El comunicado, de tono estrictamente administrativo, se limita a enumerar 19 nombres, cargos y procedencias. Sin embargo, la lista incluye perfiles que ya venían asociados a debates eclesiales muy concretos —por su actividad pública, sus declaraciones o su marco teológico— y por eso el anuncio ha suscitado preguntas sobre el tipo de enfoque que se quiere reforzar en un dicasterio especialmente sensible, donde el lenguaje y los gestos tienen consecuencias pastorales y doctrinales. El portal en.news ha subrayado varios perfiles por sus posiciones públicas y su peso simbólico dentro del debate eclesial.

Entre los consultores nombrados figuran, entre otros, Emilce Cuda (Pontificia Comisión para América Latina), Mónica Santamarina (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas), la religiosa Mary Teresa Barron (superiora general de las Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles), Ana María Bidegain (ICMICA–MIIC Pax Romana), Catherine Cornille (Boston College) y Sofía Nicolasa Chipana Quispe (Comunidad de Sabias y Teólogas de Abya Yala), además de sacerdotes y académicos de diferentes países.

Emilce Cuda y el marco “ideológico” del debate pro-vida

El nombre de Emilce Cuda —argentina y cercana a Víctor Manuel Fernández— ha sido objeto de controversia en los últimos años por su lectura del debate público en torno al aborto. En 2022, National Catholic Reporter recogió una afirmación suya que generó críticas en ambientes pro-vida: advertía de que muchos católicos “confunden la defensa de la vida con la defensa de posiciones ideológicas”.

Más allá de la intención con que se formule, este tipo de enfoque suele interpretarse como un desplazamiento del centro moral del problema. En lugar de subrayar la gravedad intrínseca del aborto, se tiende a diluir el énfasis en un marco más amplio donde todo aparece como parte de un mismo paquete de cuestiones sociales.

Mónica Santamarina y la agenda de “más presencia” femenina tras el Sínodo

La presidenta general de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, Mónica Santamarina, también ha intervenido públicamente en el debate sinodal. En 2023, National Catholic Reporter citó su advertencia de que, una vez terminado el Sínodo, la Iglesia podría “volver a cerrar sus puertas”, argumento que utiliza para insistir en que el proceso participativo no debería quedarse en una fase excepcional.

La polémica no se centra en la participación laical —necesaria—, sino en el modo en que se presenta el objetivo: si como colaboración ordenada dentro de la estructura eclesial o como presión para reconfigurar el gobierno interno en términos de representación y cuotas.

Mary Teresa Barron y el debate sobre ordenación en clave de “llamada”

El caso de la religiosa Mary Teresa Barron es particularmente delicado porque enlaza con un tema doctrinalmente sensible. En octubre de 2024, durante una rueda de prensa del Sínodo, Catholic News Agency informó de declaraciones en las que se planteaba que la cuestión del diaconado femenino no debería leerse solo como si las mujeres “pueden o no” ser ordenadas, sino también como si “el Espíritu” está llamando a las mujeres, añadiendo que algunas “sienten una llamada al sacerdocio”.

El punto controvertido aquí no es la sensibilidad pastoral, sino el efecto del lenguaje. Hablar de “llamada al sacerdocio” en mujeres introduce un marco que alimenta expectativas sobre asuntos que la Iglesia ya ha tratado con claridad según la tradición.

“Pachamama”, teologías indígenas y decoloniales

Entre los perfiles que más alarma han generado en ambientes críticos con la deriva amazónica y el sincretismo aparece el de Sofía Nicolasa Chipana Quispe, vinculada a la Comunidad de Sabias y Teólogas de Abya Yala. Asociada a corrientes indígenas, feministas y decoloniales, sostiene que promueve la “oración con Pachamama”; además cita una afirmación de 2025: “No somos Pachamama… pertenecemos a Pachamama”.

Es un nombramiento que tiene carga simbólica porque conecta con debates recientes sobre inculturación, límites del lenguaje religioso y riesgo de sincretismo. En un dicasterio cuyo trabajo se mueve precisamente en esa frontera —la del lenguaje y los gestos religiosos—, no sorprende que este tipo de perfiles se mire con lupa.

Cornille y el “pluralismo religioso” con yoga y meditación

El caso de Catherine Cornille (Boston College), a quien se le atribuye la promoción del “pluralismo religioso” y la idea de que la “meditación budista” y el “yoga hindú” pueden ayudar a los cristianos a “vivir según nuestros propios objetivos más altos”.
El problema aquí no es el estudio académico de otras religiones, sino la tendencia a presentar prácticas espirituales ajenas como herramientas “integrables” sin advertir riesgos de sincretismo.

Wasim Salman y la lectura “abu-dabí” del diálogo

Entre los clérigos, está el sacerdote sirio-italiano Wasim Salman, presentado como defensor de que el diálogo interreligioso es “el único camino” hacia la paz entre religiones y como promotor del marco del Documento sobre la Fraternidad Humana (Abu Dabi). Según el portal, Salman ha hablado del Islam como “esta gran religión, cuya difusión es impresionante hoy”.
En contextos europeos marcados por tensiones culturales y persecución de cristianos en países islámicos, ese lenguaje suele leerse como un tono excesivamente celebratorio.

Una lista que marca orientación

El nombramiento es oficial y entra dentro del funcionamiento ordinario de los dicasterios, que se apoyan en consultores para estudios y asesoramiento. Sin embargo, al concentrar varios nombres asociados a activismo sinodal, pluralismo religioso y aperturas doctrinalmente sensibles, nos queda claro que el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso seguirá orbitando en coordenadas muy similares a las del pontificado anterior.

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