La Diócesis de Santiago de Compostela ha anunciado oficialmente que el próximo 28 de enero de 2026, festividad de Santo Tomás de Aquino, el seminario mayor acogerá una conferencia titulada “Xesús de Nazaret como pioneiro e culminación da fe”, impartida por el teólogo heterodoxo Andrés Torres Queiruga. El acto, programado en el Aula Magna del Instituto Teológico Compostelano, cuenta con respaldo institucional y se enmarca explícitamente en una celebración eclesial, no en un foro académico ajeno a la Iglesia.
La responsabilidad última de esta decisión recae sobre el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández, que oficiara la Misa previa a la charla, y bajo cuyo gobierno episcopal se permite que un ponente conocido por sostener tesis incompatibles con la fe católica intervenga en un centro destinado a la formación de futuros sacerdotes. No se trata de un error menor ni de una cuestión opinable, sino de un caso grave de confusión doctrinal promovida desde la propia autoridad diocesana.
Torres Queiruga ha defendido sostenidamente durante años una concepción de la Redención que niega su carácter expiatorio y sacrificial. En su teología, la cruz de Cristo no reconcilia objetivamente al hombre con Dios ni tiene valor salvífico en sí misma, sino que se reduce a un desenlace histórico del conflicto entre Jesús y su entorno. Esta visión contradice frontalmente la fe católica, que confiesa que Cristo murió por nuestros pecados y ofreció su vida como sacrificio redentor. Negar esto no es un matiz teológico: es herejía material.
Aún más escandalosa es su concepción de la Resurrección. Torres Queiruga sostiene que la Resurrección no es un hecho real que afecte al cuerpo muerto de Jesús, sino una experiencia de fe de los discípulos, una afirmación teológica desvinculada del destino físico de su cuerpo. Desde este planteamiento ha llegado a afirmar que la eventual aparición del cadáver de Jesús sería compatible con la fe cristiana y algo estimulante para redefinir concepciones erróneas arrastradas. Esta tesis niega de hecho la Resurrección corporal y convierte el núcleo del cristianismo en un mero símbolo reinterpretado. Allí donde el sepulcro puede seguir ocupado, la fe queda vaciada.
Resulta difícil exagerar la gravedad de que estas ideas sean presentadas, sin advertencia alguna, en un seminario católico y en el día de Santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia y defensor máximo de la objetividad del dogma, del sacrificio redentor de Cristo y de la Resurrección real y corporal. La elección del ponente no es neutra ni accidental: es una toma de posición temeraria e innecesaria.
La selección de ponentes que sostienen tesis heréticas para actos formativos sobre Cristo en seminarios genera confusión, desorienta a los futuros sacerdotes y erosiona la misión misma de la Iglesia. Basta ya de obispos que, en nombre de un falso diálogo o de un prestigio académico mal entendido, actúan como agentes de confusión doctrinal. La Iglesia no necesita reinterpretadores del Credo, sino custodios fieles de la fe recibida.
Si Torres Queiruga desea exponer sus ideas en ámbitos civiles, académicos o incluso en celebraciones personales, que lo haga. Que dé una charla en la consagración de su amiga obispa, si así lo estima. Pero que quite las manos de la Iglesia católica, de sus seminarios y de la formación sacerdotal. Porque cuando desde dentro se niega la Redención y se vacía la Resurrección, lo que se pone en riesgo no es un debate teológico, sino el corazón mismo de la fe cristiana.
