La Encarnación: el Logos se hace hombre

La Encarnación: el Logos se hace hombre

Por Robert J. Kurland

Han pasado treinta años desde que entré en la Iglesia, pero sigo aprendiendo más sobre lo que realmente significa el nacimiento de Cristo (la Navidad), incluida la realidad de que el Tiempo de Navidad terminó oficialmente ayer. Al leer el Evangelio de san Juan, descubro que antes de que Cristo se hiciera hombre, Él era el Verbo (λόγοςlogos). Así que me pregunto: ¿puedo traducir esa palabra griega al lenguaje de la física, relacionarla con conceptos lógicos que me resultan familiares como científico? Esto es lo que he encontrado.

Primero, hablemos de la luz, ya que la Escritura ofrece muchas referencias a Cristo como luz: «Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: que Dios es luz y que en él no hay tiniebla alguna». (1 Juan 1,5) ¿Podemos relacionar la física de la luz con su significado teológico?

A comienzos del siglo XX, la explicación de Einstein del efecto fotoeléctrico dio a la luz un nuevo carácter: el de partícula (fotón), en lugar de su formulación clásica como onda electromagnética. Dado que un fotón viaja a la velocidad de la luz, la relatividad especial exige que para él no exista el tiempo. ¿Por qué? Un supuesto fundamental de la relatividad especial es que una señal luminosa (el agente de medición) no puede medirse a sí misma.

¿Cuáles son las implicaciones teológicas de que el tiempo no exista para los fotones? He aquí una idea: si decimos que Dios es luz, eso implica que el tiempo tampoco existe para Dios. Como señaló san Agustín, Dios no existe EN el tiempo; la Palabra de Dios está siempre ahí, sin tiempo, sin principio ni fin. Y como vemos más abajo, la Palabra de Dios, Nuestro Señor, es luz: «Jesús les habló de nuevo diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”». (Juan 8,12)

Hay más en el Evangelio de san Juan, ya en las primeras palabras: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios». ¿Cuál es la conexión entre el Verbo y la luz?

La palabra griega del Nuevo Testamento que se traduce como «Verbo» es λόγος (logos). Además del significado «palabra», otros sentidos generales son «principio», «razón», «lógica», etc. ¿Qué queremos decir cuando decimos: «¡Ya veo la luz!»? Vemos la razón, la verdad, el fundamento y el principio de lo que se dice. Así, «Verbo» implica tanto luz como razón.

Para san Agustín, esto significa: «La luz eterna que es la Sabiduría inmutable de Dios, por la cual fueron hechas todas las cosas, y a quien llamamos el Hijo unigénito de Dios». (La ciudad de Dios, XI, 9) Pero la luz es solo un aspecto de cómo funcionan las cosas. ¿Qué hay del λόγος en el sentido del esquema general del universo? ¿Admiten las propuestas de la física contemporánea una entidad gobernante de cómo funcionan las cosas, una agencia que podamos identificar como Dios, Creador y Sustentador?

Hay dos grandes visiones científicas: 1) el Universo Participativo propuesto por el físico John Wheeler («It from Bit»); 2) el Universo Holográfico. Wheeler plantea tres preguntas:

  1. ¿Cómo surge la existencia?
  2. ¿Cómo surge lo cuántico?
  3. ¿Cómo surge «un solo mundo» a partir de muchos observadores-participantes?

La respuesta de Wheeler a la primera pregunta, e implícitamente a las otras, fue: «it from bit simboliza la idea… de que lo que llamamos realidad surge, en último análisis, del planteamiento de preguntas de sí o no y del registro de respuestas provocadas por los instrumentos».

La noción de que un observador tiene que medir, de que algo debe ser percibido para ser real, no es nueva. Hace tres siglos, el obispo Berkeley propuso esencialmente lo mismo: que para que algo sea real tiene que ser percibido. Y así, para que el universo haya existido antes del hombre, se requiere la agencia de Dios, el Logos.

O, como lo expresa el limerick berkeleyano de monseñor Ronald Knox, «God in the Quad»:

Había un joven que dijo: «Dios
Debe encontrarlo sumamente atroz
Si ve que este árbol
Sigue estando ahí
Cuando no hay nadie en el patio».

RESPUESTA

Estimado señor:
Su asombro es extraño:
Yo siempre estoy en el patio.
Y por eso el árbol
Seguirá existiendo,
Pues es observado por
Suyo afectísimo,
DIOS.

Y en cuanto a la segunda visión científica, uno podría preguntarse: «¿Qué es un holograma?». Es una especie de proyección tridimensional. Resulta de la información procedente tanto de un haz de luz láser reflejado en objetos tridimensionales como de un haz de referencia. Cuando se ilumina mediante un proceso técnico, aparece una imagen aparentemente sólida. (Si quiere profundizar más en esto, haga clic aquí).

¿Cómo se relaciona el «universo holográfico» con esto? Algunos científicos especulan que nuestro universo podría representarse como un holograma. La información almacenada en el límite del universo daría lugar al universo. Sin embargo, hay un inconveniente. Si la teoría se aplica a un universo finito, requiere una agencia que interactúe con el universo para que exista más de una cosa en él, es decir, para que el universo no sea trivial.

En resumen, se requiere un observador. ¿Y quién podría ser ese observador? La pregunta se responde sola: el Logos, el Verbo por quien todas las cosas fueron hechas, Aquel que mantiene todas las cosas en el ser.

Una vez más, podemos acudir a la revelación para comprender cómo funciona el universo. Las conjeturas de la física son coherentes con la noción de que un agente permite que el universo exista. No incurrimos en disonancia cognitiva si creemos tanto en el Nuevo Testamento como si apreciamos las especulaciones cosmológicas.

Una última palabra. Todo lo dicho anteriormente se ocupa de construcciones matemáticas. Pero la realidad es más que las matemáticas; no podemos reducir toda la realidad a ellas. Pueden ofrecer un espejo empañado de una parte de la realidad, pero no pueden abarcar la totalidad. Como dijo san Agustín: Si comprendis, non est Deus («Si lo comprendes, no es Dios»). Debemos gloriarnos en el misterio último: Jesucristo, el Hijo de Dios, que creó y ahora sostiene el universo.

Él se hizo hombre, como hemos celebrado durante estas semanas de Navidad, para nuestra salvación.

 

Sobre el autor

Bob Kurland es un antiguo físico jubilado (BS Caltech —con honores—, 1951; MA, PhD Harvard, 1953, 1956). En 1995 se hizo católico. Escribe «no tanto para discurrir con autoridad sobre cosas que conozco, cuanto para conocerlas mejor discurriendo devotamente sobre ellas» (san Agustín, La Trinidad 1,8).

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