El cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, ha publicado un relato detallado de su reciente estancia en Roma con motivo del consistorio del 7-8 de enero. Zen agradece la cercanía del papa León XIV —con quien asegura haber tenido una audiencia privada de media hora—, pero al mismo tiempo denuncia con dureza el desarrollo del consistorio, que describe como una reunión “recortada”, “controlada” y con un formato que, en su opinión, reproduce los vicios del proceso sinodal.
El cardenal afirma que viajó a Roma tras recuperar el pasaporte sin necesidad de aval ni fianza y que celebró Misa el 6 de enero (Epifanía) en su iglesia titular, y el 7 de enero en la basílica de San Pedro “pidiendo al Señor que bendijera el consistorio que comenzaba esa tarde”.
Audiencia con León XIV: “hablé mucho y él escuchó mucho”
Zen relata que el 7 de enero por la mañana fue recibido en audiencia privada por el Papa. Resume el encuentro con una frase significativa: “Yo hablé mucho; él escuchó mucho. Realmente es un líder que sabe escuchar”. Esa impresión positiva, sin embargo, contrasta con su juicio sobre la mecánica del consistorio, que considera frustrante y diseñada para limitar el debate real entre los cardenales.
Cuatro temas previstos, dos elegidos “por falta de tiempo”
Según Zen, el consistorio tenía inicialmente cuatro asuntos previstos: Evangelii gaudium, la “sinodalidad”, la reorganización de la Curia (Praedicate Evangelium) y la cuestión de la Misa tridentina y la Misa posterior al Vaticano II. Sin embargo, por “falta de tiempo”, se pidió a los cardenales que eligieran solo dos temas para discutir, y finalmente se seleccionaron los dos primeros. Zen no oculta su disgusto y comenta, con ironía, que a su juicio se “perdió” una tarde entera con esa selección.
“Una copia del Sínodo”: mesas redondas, poco plenario y tres minutos por intervención
Explica que la reunión de dos días se redujo de hecho a una jornada, y que el estilo de trabajo fue prácticamente una réplica de las dinámicas sinodales recientes: “sentados alrededor de mesas redondas”, con muy poco tiempo de discusión plenaria. Afirma que solo hubo dos sesiones plenarias de 45 minutos y que en cada una apenas quince personas pudieron hablar. Aún más: el tiempo asignado por intervención habría sido de tres minutos, lo que le impidió leer su texto completo.
En su relato, Zen describe la impresión de una reunión “encarrilada” desde fuera: antes de comenzar hubo una homilía del predicador vinculado al Sínodo, se distribuyeron documentos por parte del prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, intervino el secretario general del Sínodo y, aunque el tema litúrgico no se iba a tratar, también se envió un documento desde el Dicasterio para el Culto Divino. Su conclusión es inequívoca: parecía que algunos querían convertir el consistorio en una prolongación del “sínodo sobre la sinodalidad”.
“Me inclino a la teoría de la conspiración”: “fue secuestrado” por los “peones” de Francisco
Reconoce que tiende a la “teoría de la conspiración” y afirma que el consistorio fue “secuestrado” por quienes denomina los “peones” del papa Francisco. Lo formula así, en términos explícitos: “Me inclino a la ‘teoría de la conspiración’ y pienso que esta reunión fue secuestrada por los ‘peones’ de Francisco. Hicieron todo lo posible para no dejar hablar a los cardenales”./
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El cardenal subraya que ese control del debate contradice el objetivo mismo de un consistorio: que el Papa escuche con amplitud a sus hermanos cardenales. Añade que varios purpurados le comentaron después que la organización había sido problemática, aunque no compartían su interpretación. Algunos atribuyeron el desorden a la carga de actos del cierre del Jubileo y a que León XIV no habría podido dirigir personalmente la preparación.
“El único niño malo”: una crítica “muy aguda” al Sínodo
Zen explica que llevaba preparado un texto para el tema de Evangelii gaudium, pero por la limitación de tiempo solo pudo exponer algunos puntos. Después, entregó el texto completo a varios cardenales y asegura que “muy pronto” llegó a manos de periodistas. Cuenta que el Papa animó a hablar con franqueza y que él aprovechó para criticar con palabras “bastante agudas” el Sínodo y las medidas posteriores sobre una supuesta “fase de aplicación”.
Reconoce que otros cardenales comparten esas reservas, pero que hablaron poco o con extrema prudencia. Él concluye con una imagen personal: “Tuve la mala suerte de ser el único ‘niño malo’”. Dice también que percibió reacciones de desaprobación, pero que muchos fieles y católicos de sensibilidad tradicional le expresaron apoyo.
Balance: gratitud y esperanza por un “avance” de León XIV
Pese a su denuncia, Zen afirma que su impresión general es de agradecimiento. Considera un “avance” que León XIV haya convocado un consistorio y destaca que el Papa anunció de inmediato otro para finales de junio, además de la intención de celebrar reuniones anuales, más largas, con procedimientos mejorados. Zen expresa su esperanza de que la organización permita al Pontífice escuchar “mucho” las opiniones fieles de sus hermanos cardenales.
Finalmente, Zen concluye: “Que el Señor bendiga al papa León XIV”.
