Huesca recibe al subsecretario del Sínodo para abordar la implementación del proceso sinodal en España

Huesca recibe al subsecretario del Sínodo para abordar la implementación del proceso sinodal en España

Las diócesis de Huesca y Jaca celebraron el pasado sábado 17 de enero un encuentro diocesano con monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, para abordar la fase de implementación del proceso sinodal que, según se recordó, desembocará en la Asamblea eclesial de octubre de 2028 en Roma. El prelado insistió en la escucha, el discernimiento y una mayor participación del laicado, además de proponer medidas concretas como consejos pastorales en todas las parroquias, transparencia y rendición de cuentas.

Más de un centenar de sacerdotes, religiosos y laicos participaron en el encuentro celebrado en el Colegio Santa Rosa de Huesca, con presencia de los equipos sinodales de ambas diócesis. La jornada comenzó con una oración y una reflexión del obispo Pedro Aguado Cuesta, quien subrayó que Cristo debe ser el centro del camino sinodal.

Comunión, responsabilidad y misión

En su intervención, Marín de San Martín presentó la sinodalidad como expresión del modo en que el Espíritu Santo modela a la Iglesia, recordando que “Dios nunca es soledad; es Trinidad”. Desde esa clave insistió en la comunión: “nadie se salva solo”, sino en Cristo y en la Iglesia. A ello vinculó la responsabilidad bautismal de sacerdotes, religiosos y laicos, y remarcó que se trata de una responsabilidad activa, orientada a la evangelización y no a la “autocontemplación”.

Escucha y discernimiento: “El Señor habla en la comunidad reunida”

Otro eje destacado fue la escucha. El subsecretario sostuvo que es necesario escuchar a todos y discernir en comunidad, afirmando que “el Señor habla en la comunidad reunida”. En esa línea habló de integrar las diferencias “como en una familia” y de ampliar la participación, con especial acento en la corresponsabilidad del laicado.

Hasta aquí, el planteamiento oficial. Sin embargo, el modo en que hoy se presenta la sinodalidad obliga a una lectura prudente. Los discursos sinodales suelen venir envueltos en un vocabulario que suena irrebatible —“escucha”, “caminar juntos”, “participación”, “discernimiento”— y es evidente que la Iglesia debe acompañar. El problema aparece cuando esos términos dejan de describir una actitud cristiana y pasan a funcionar como una metodología total que pretende reconfigurar la vida eclesial.

En Huesca se repitieron ideas típicas de ese marco: la centralidad del “juntos”, la integración de diferencias, la necesidad de implicar más al laicado y la insistencia en que no existen recetas universales. Todo ello puede entenderse en clave legítima. Pero también es el umbral de una deriva: convertir a la Iglesia en un laboratorio donde todo se discute, todo se revisa y todo se “implementa”.

“No hay recetas universales”: aplicación local y “puertas abiertas”

Al explicar el momento actual, Marín de San Martín enmarcó el proceso como una fase de implementación en cada diócesis. Según indicó, no se imponen “recetas universales” y el Documento Final aprobado por el papa Francisco debe leerse en clave de principios generales que cada Iglesia local concretará de acuerdo con su realidad.

Este punto, presentado como flexibilidad pastoral, plantea un reto evidente: que la aplicación local del proceso no se convierta en un terreno ambiguo donde lo prudencial termine desplazando lo doctrinal, o donde el lenguaje de “puertas abiertas” alimente interpretaciones contradictorias entre diócesis. Si cada Iglesia local “concreta” a su modo aquello que debería permanecer intacto —doctrina, moral, sacramentos, disciplina esencial—, la catolicidad se erosiona. Y donde se habla de “puertas abiertas” sin criterios, algunos entran a relativizar enseñanzas morales, diluir la identidad católica y presentar como “evolución” lo que es ruptura, como muestran derivas ya visibles en Alemania.

Eucaristía como eje y llamada a “repensar” la parroquia

Sobre la comunión, Marín de San Martín subrayó que la Eucaristía debe ser “el centro y el eje de la vida cristiana”, evitando la rutina y recuperando el sentido de comunidad. Señaló también que la parroquia es el lugar privilegiado de la misión y animó a “repensarla entre todos” para responder a un mundo en rápido cambio.

Diez puntos de acción: estructuras, misión y rendición de cuentas

Como conclusión, el subsecretario presentó diez líneas de acción, entre ellas: potenciar la comunión integrando diferencias; continuar procesos de escucha y discernimiento; ampliar participación y corresponsabilidad; cuidar estructuras de participación; fortalecer colaboración con otras diócesis; plantear la misión; promover transparencia, rendición de cuentas y evaluación; explorar nuevos modos de comunicación; revisar itinerarios formativos; y considerar la posibilidad de celebrar un sínodo diocesano.

Todo eso, en abstracto, puede tener utilidad administrativa. Pero en lo decisivo la Iglesia no se renueva por procedimientos. Si el centro de la vida eclesial pasa de los sacramentos a la gestión, de la oración a la reunión, de la predicación a la “síntesis”, la sinodalidad se convierte en una burocracia espiritual.

Tras la exposición, los asistentes trabajaron por grupos para sintetizar lo abordado. Al cierre, el obispo Aguado Cuesta señaló que percibe “muchos desafíos” y apuntó el reto de acercar una Iglesia arraigada en el territorio al Evangelio.

Una nota de fondo: misión y comunión, pero sin confusiones

El encuentro deja un mensaje destacable sobre la insistencia sobre la evangelización y en la centralidad de Cristo y la Eucaristía. Sin embargo, el peso creciente de expresiones como “pluralidad”, “procesos” o “puertas abiertas” exige claridad para evitar que la sinodalidad se convierta en un marco interpretativo donde la participación acabe confundida con criterio de verdad o donde la reforma estructural gane protagonismo a costa de la vida sacramental y la catequesis íntegra en España. Si se acepta que todo es modulable según el contexto, la primera víctima suele ser el sentido de lo sagrado. Y cuando lo sagrado cae, lo demás se derrumba con rapidez. Si la sinodalidad se implementa sin límites claros, el deterioro de la sacralidad, que ya avanza rápido, se acelerará.

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