Ratzinger vs. Kasper: el debate que anticipó la crisis de la sinodalidad

Ratzinger vs. Kasper: el debate que anticipó la crisis de la sinodalidad

Al cumplirse el tercer aniversario de la muerte de Benedicto XVI (31 de diciembre de 2025), vuelve a primer plano una disputa teológica que muchos dieron por archivada: el debate de 2001 entre el entonces cardenal Joseph Ratzinger y el cardenal Walter Kasper sobre la relación entre la Iglesia universal y las Iglesias locales. Lo que estaba en juego entonces es todavía más decisivo hoy, la constitución misma de la Iglesia como realidad de institución divina, y no como una estructura moldeable por criterios políticos o sociológicos, así lo recoge The Catholic World Report.

El núcleo del choque: autonomía local o primacía de lo universal

Kasper planteaba, en síntesis, que el obispo local debía disponer de mayor margen de decisión en su diócesis, con menos interferencias de Roma, especialmente en la aplicación pastoral de la doctrina moral y la disciplina sacramental. El artículo subraya que una de las cuestiones que ya asomaba en 2001 era el acceso a la comunión de divorciados vueltos a casar civilmente sin nulidad.

Ratzinger respondió poniendo el acento en una idea que atraviesa toda su teología: la Iglesia no es una federación de “iglesias nacionales” con doctrina adaptable, sino una realidad una y universal con prioridad teológica. Esa prioridad no depende de gustos organizativos, sino —según la lectura del autor— de fundamentos cristológicos: la unidad del Cuerpo de Cristo, una sola fe, un solo bautismo, una sola Eucaristía.

Sinodalidad, conferencias episcopales y el riesgo de “nacionalizar” la fe

El texto enlaza aquel debate con el clima eclesial de los últimos años. Lo que se discute hoy bajo la etiqueta de “sinodalidad” sería, en buena medida, una nueva versión del mismo conflicto: quién decide y hasta dónde llega la capacidad de “adaptar” la enseñanza y la disciplina.

Aquí aparece otro punto sensible: el papel de las conferencias episcopales. El artículo sostiene que Ratzinger defendía que la autoridad reside en los obispos como pastores de sus diócesis, y que las conferencias tienen un carácter principalmente consultivo. En esa línea, se advierte del riesgo de que los aparatos nacionales se conviertan en estructuras burocráticas que, además, terminan eclipsando al obispo diocesano.

La advertencia de fondo: cuando la “pastoral” renegocia la moral

El autor no se queda en el organigrama. Avisa de la consecuencia más seria: que, en nombre de la autonomía local, la sinodalidad o la subsidiariedad, se llegue a tratar los mandamientos morales como “ideales” flexibles, reinterpretables según contexto. Pone como ejemplo el caso alemán y su “camino sinodal”, visto como la explicitación de lo que antes se insinuaba: la pretensión de reconfigurar la fuerza vinculante de la moral católica para acomodarla a los “cambios de época”.

El debate Ratzinger-Kasper es una línea divisoria. No se discute solo un reparto de competencias, sino si la Iglesia se entiende a sí misma desde la Revelación —con una autoridad que viene “de arriba”— o si adopta, aunque sea con lenguaje piadoso, un modelo horizontal que acaba pareciéndose demasiado a una asamblea política.

Por qué vuelve ahora: León XIV y la encrucijada

Si León XIV impulsa una Iglesia más “sinodal”, conviene releer a Ratzinger para evitar que la sinodalidad se convierta en un mecanismo de erosión doctrinal. La reforma verdadera solo puede ser cristológica y espiritual, no una reingeniería de poder que termine relativizando la fe y la moral bajo apariencia de “acompañamiento”.

Fuente: The Catholic World Report

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