El arzobispo John Bonaventure Kwofie, de la arquidiócesis de Accra (Ghana), advirtió sobre lo que describió como una creciente influencia de la homosexualidad y de la “cultura gay” en seminarios católicos de África occidental, y pidió a rectores y formadores tomar medidas “decisivas” para mantener la fidelidad a la enseñanza de la Iglesia en la formación sacerdotal.
El prelado pronunció sus palabras el miércoles 14 de enero, durante la apertura de la 12ª Conferencia de Rectores de la RECOWA (Conferencia Episcopal Regional de África Occidental), celebrada en el Seminario Católico San Pablo de Sowutuom, en Accra. Desde ese marco, insistió en la importancia del discernimiento desde el inicio y en la seriedad de la etapa de admisión: una formación débil en el ingreso, sostuvo, termina creando condiciones para prácticas y ambientes que deforman la vocación.
Kwofie habló en términos especialmente duros, calificando el fenómeno como algo que “crece como un monstruo” y exhortando a “depurar” los seminarios de candidatos con esa orientación. Su argumento no se planteó como un debate sociológico, sino como una cuestión interna de coherencia entre vocación, disciplina de vida y exigencias propias del celibato. En su enfoque, la aceptación o promoción de una “cultura gay” en el entorno formativo no solo contradice el ideal sacerdotal, sino que pone en riesgo el tipo de madurez humana y afectiva que la Iglesia exige a quien se prepara para el ministerio.
El arzobispo vinculó esa advertencia con la línea doctrinal de la Iglesia, subrayando que, a su juicio, la posición sobre la homosexualidad “no ha cambiado” y se sostiene en la continuidad del Magisterio. En concreto, aludió a la Instrucción de 2005 sobre los criterios de discernimiento vocacional respecto a personas con tendencias homosexuales para su admisión al seminario y a las órdenes sagradas, donde se establece que no deben ser admitidos quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias “profundamente arraigadas” o apoyan la llamada “cultura gay”. Señaló además que esos criterios fueron reafirmados en 2016 en la Ratio Fundamentalis El don de la vocación presbiteral.
El trasfondo del mensaje sitúa el foco en la responsabilidad de los formadores como primera línea de custodia. No se limita a pedir vigilancia disciplinaria, sino un trabajo de selección y acompañamiento que garantice una formación “sólida e integral”, en línea con el lema del encuentro. En esa misma clave, reconoció el peso del encargo que recae sobre rectores y equipos formativos, y les aseguró respaldo en una tarea que describió como exigente.
La conferencia regional reúne a rectores y formadores de distintos países de África occidental. En el discurso de apertura, el arzobispo dejó planteada una prioridad que, en su opinión, no admite evasivas: si el seminario es la casa donde se forja el sacerdocio, el primer deber es proteger la autenticidad de esa formación.
