Estimada Señora o Señorita Católica (ex) Perpleja… me gustaría saber su nombre para llamarla a usted por él, con todo el respeto que usted se merece:
Le escribo desde Monterrey, en el noreste de México. Soy laico de 56 años de edad, 29 años de casado y padre de dos hijos profesionistas. Estudié 5 años tiempo completo en el Instituto Juan Pablo II de Washington D.C., el único que quedó inmune de todas las draconianas decisiones que tomó, en detrimento del Instituto Juan Pablo II (sede central en Roma y todas las demás sedes del mundo), el Papa Francisco, incomodado por tan pequeña institución que era un obstáculo para su agenda plasmada, sobre todo, en el lamentable capítulo VIII de su Amoris Laetitia. Soy de los muy pocos, contaditos, mexicanos que han emigrado a Estados Unidos para estudiar en ese instituto tan único, algo parecido a lo que sería un conservatorio de música, con una contada población estudiantil atendida por maestros que llevan enseñando ahí por décadas. Por tanto, esté usted totalmente segura de que conozco al detalle y he estudiado por años la Teología del Cuerpo según San Juan Pablo II, además de haberla enseñado en el aula del Instituto Juan Pablo II, sesión de Monterrey, México, a pesar de que las sedes de ese instituto en México siempre fueron un instituto muy parecido al que Francisco dio forma con su nuevo instituto de Ciencias de la Familia, que incluso llamó confusamente “Teológico”. También enseñé en varios foros presenciales y, a raíz de la pandemia, virtuales, numerosos cursos de Teología del Cuerpo de 60 horas de duración. Por tanto, sin pretender tener más formación y conocimiento filosófico y teológico que usted, honorable Dama Católica ex Perpleja, quisiera con muchísimo respeto comentar sobre lo que usted ha venido escribiendo en Infovaticana respecto a la Teología del Cuerpo según San Juan Pablo II.
Antes que nada, quiero que sepa que yo amo la Tradición de la Iglesia y puedo decirle que, sin ser un experto ni erudito, la amo porque la conozco. Yo “desperté” a la Tradición de la Iglesia no solamente en el Instituto Juan Pablo II de Washington D.C. (único en su especie), sino que terminé por darme cuenta de la belleza de la liturgia tradicional y la Santa Misa de Rito Tridentino en latín a raíz del draconiano documento de julio de 2021, la Carta Apostólica en modo Motu Proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco, con la que miente flagrantemente desde el artículo 1, afirmando que: “Los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión [énfasis añadido] de la lex orandi del Rito Romano.” Con este punto de partida del documento, Francisco contradice lo establecido por Benedicto XVI en Summorum Pontificum en verano de 2007 (a menos de 15 años de promulgado y con Benedicto XVI todavía en vida), y el Papa Francisco contradice también el Catecismo de la Iglesia Católica, que en su no. 1203 establece:
“Las tradiciones litúrgicas, o ritos, actualmente en uso en la Iglesia, son el rito latino (principalmente el rito romano, pero también los ritos de algunas Iglesias locales, como el rito ambrosiano, el rito hispánico-visigótico o los de diversas órdenes religiosas) y los ritos bizantino, alejandrino o copto, siriaco, armenio, maronita y caldeo. ‘El sacrosanto Concilio, fiel a la Tradición, […] declara que la santa Madre Iglesia concede igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten por todos los medios’.”
Gracias a ese lamentable contenido y a que busca que la liturgia milenaria de la Iglesia muera lentamente, asfixiando cualquier intento de reavivación, busqué y encontré la Santa Misa de Rito Tridentino. Así que le agradezco al Papa Francisco que, por él estar tan incómodo con la Liturgia Milenaria de Rito Latino en la Iglesia, pude conocerla, he podido vivirla y he logrado experimentar su hermosura y lo sagrado de todos sus gestos, y la enseñanza de sus oraciones, antífonas y del Canon Romano, redescubriendo precisamente el sentido de lo sagrado, de misterio y de sacrificio que había dejado de percibir en las misas de las parroquias donde el sacerdote es el centro de la celebración; el sacrificio pasa a segundo plano, dejando el protagonismo al banquete pascual; y los laicos muestran una necesidad de participación, sea como lectores o sea como ministros supuestamente extraordinarios de la Eucaristía, siendo realmente ministros totalmente ordinarios.
La Santa Misa de Rito Tridentino, cuyo misal lleva quince siglos nutriendo la vida de muchos santos, mártires, confesores, doctores y misioneros, no puede de pronto dejar de ser algo sagrado de lo que haya que deshacerse. El Cardenal Robert Sarah afirmó en septiembre de 2019, mientras todavía era el Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, en una entrevista con el periodista Edward Pentin, que “prohibir el Rito Extraordinario —así se le llama ahora a la Santa Misa que ha sido la más ordinaria de la historia de la Iglesia— o hacerlo objeto de suspicacias es algo inspirado por el Demonio, que desea sofocarnos y matarnos espiritualmente.” Al haber podido vivir la Santa Misa Tridentina, puedo entender como verdad lo que dijo este gran señor.
Antes de entrar en el tema respecto a la Teología del Cuerpo, quiero afirmar que entiendo a la Iglesia Católica como el lugar donde se anuncia y se preserva toda verdad de la Palabra de Dios; se distingue lo sagrado de lo profano; el fiel se nutre de la liturgia y de la gracia de los sacramentos; y se entiende que la salvación eterna no es automática, sino que requiere un esfuerzo arduo de constante conversión y renuncia al pecado. Además, considero que debe denunciarse que la Iglesia corre el riesgo de disolverse en una adaptación permanente al camino que el mundo le indique, en vez de ella indicarle el camino de la salvación al mundo; debe denunciarse a una Iglesia que ha decidido ponerse a escuchar al hombre, en vez de entender que el hombre es quien debe de escuchar a la Iglesia; debe denunciarse que la Iglesia continúa perdiendo su identidad sobrenatural al aligerar la enseñanza del Evangelio, al hablar más de misericordia que de necesidad de conversión —dando la impresión de que preferiría que lo dicho por el Señor Jesús a la mujer adúltera hubiera terminado en “Yo tampoco te condeno”, sin decirle después “vete y no peques más”—, al suavizar la Palabra de Dios al hablar más de procesos que de verdad, al proponer más el acompañamiento que la fidelidad y al darle un valor absoluto al diálogo con las religiones que adoran dioses falsos, tendiendo puentes para lograr el encuentro y el amor fraterno, para así poder lograr vivir en paz —no en la paz de Cristo sino en la del mundo—, afirmando que todos somos hermanos sin necesidad de que nos una el Bautismo. No quiere decir que considere que la misericordia (siempre unida a la verdad), los procesos, el diálogo y el acompañamiento no tengan cabida en la Iglesia; todo lo contrario, especialmente la infinita misericordia de Dios Nuestro Señor para con nosotros los pecadores. Sin embargo, lo que debe denunciarse es que estas cuestiones se hayan convertido en criterio supremo, en valores en sí mismos, que asfixian el camino verdadero de la Iglesia y su misión evangelizadora. Como afirmó el Cardenal Sarah en la Universidad Católica de Ávila: “la tentación de consentir al espíritu del mundo dominante en la actualidad ha surgido gracias a una excusa teológica-pastoral errónea: la adaptación de las enseñanzas de la Iglesia a las realidades del mundo contemporáneo.”
Por otra parte, también debe denunciarse a las posturas filosóficas, teológicas y doctrinales que, en el nombre de una supuesta fidelidad a la Tradición de la Iglesia, afirman que todo el Concilio Vaticano II es algo malo; que toda la enseñanza de los Papas post-conciliares constituye una ruptura total con la Tradición; que toda corriente filosófica y teológica posterior a la Escolástica está mal de principio a fin; y que ya nada más se puede decir de lo que se haya dicho anterior al Concilio Vaticano II, como si el Espíritu Santo hubiera quedado mudo y asfixiado desde el inicio de la década de los años 60’s.
Quisiera ahora intentar responder a la dama que se denomina Católica ex Perpleja referente al tema que ha venido tratando en sus artículos acerca del tema o fenómeno llamado la Teología del Cuerpo según San Juan Pablo II. Termino este apartado compartiendo que, al igual que ella, también leí La Carta a los Católicos Perplejos del gran profeta de nuestros tiempos, Mons. Marcel Lefebvre, y que comprendo perfectamente las advertencias que lanzó a la Iglesia el grande Papa San Pío X en su profética carta encíclica Pascendi Dominici Gregis, donde denunciaba la infiltración del modernismo en la Iglesia, al que calificó como “el conjunto de todas las herejías”, y ratificó a la Inmaculada Siempre Virgen María como “la destructora de todas las herejías”.
El daño hecho por los efervescentes influencers sentimentalistas y pseudo-místicos
Primero que todo: Comparto completamente el hecho de que la Teología del Cuerpo que San Juan Pablo II transmitió y que se ha publicado en español en al menos dos editoriales españolas de prestigio, como Ediciones Palabra (en 4 tomos) o Ediciones Cristiandad (en un solo tomo), ha sido completamente prostituida, reducida y pisoteada como una psicológica barata del sexo por todos estos influencers y algunos emotivos sexo-místicos que, sin haber siquiera leído y estudiado todas las Catequesis que conforman esta Teología del Cuerpo, andan en las redes sociales, dan charlas, cursos y hasta retiros que muchas veces están cargados de testimonios con muy poca explicación doctrinal y reflexión. No estoy en contra de los testimonios; al contrario. De hecho, uno de ellos me ha impactado mucho y, cada vez que lo escucho, experimento un gozo en el corazón lleno de gratitud, como si lo escuchara por primera vez. Pero si se les da una importancia preponderante a los testimonios, las sesiones quedan en eso: en compartir testimonios que lo único que nos indican es que cada historia de cada persona es única e irrepetible, y que lo vivido por cualquiera de ellas difícilmente será repetido en otra persona, puesto que Dios Nuestro Señor tiene y tendrá su plan de amor y su ritmo con cada quien.
Soy testigo de primera mano que personas consideradas celebridades, por el solo hecho de que estudiaron algo de filosofía personalista o porque son o fueron laicos consagrados o laicas consagradas, se dedican a transmitir, emotivamente y cargados de exagerados sentimientos, temas de noviazgo, castidad, sexualidad en el matrimonio y ahora, con la muy confusa influencia de la Amoris Laetitia, proponen un acompañamiento sin punto de llegada, sin afirmar que el sufrimiento de la persona brota de un desorden en su sentir y vivir su propia identidad personal, haciendo del diálogo un valor absoluto y primordial y, explícitamente, sin buscar la sanación de la persona que sufre disforia de género o atracción sexual desordenada. Yo comparto totalmente con la Dama Católica ex Perpleja que esto se ha convertido en una plaga, y lo peor es que ha enfermado a un sector hermoso de la Iglesia que lo conforman personas de buena voluntad, de asidua vida sacramental y de oración, y de sincera búsqueda de seguir al Cordero de Dios por donde quiera que vaya, pero que han sido educadas por la actual Iglesia modernista que parece que ha olvidado los primeros 1960 años de historia y Tradición, ávida de emociones y de constantes novedades, sean las que sean, y que busca diluir, adecuar, acomodar y suavizar la Palabra de Dios y la enseñanza de veinte siglos de Tradición de la Iglesia, proponiendo un atractivo pero falso camino que busca evitar hablar del pecado, del infierno, de la posibilidad de la condenación eterna, del llamado a la conversión, del mal de la contracepción, del adulterio en todas sus formas, de que la misericordia solamente puede ir unida a la verdad y de que la unidad de la Iglesia que ahora quiere intentar el Papa León XIV jamás se dará, a menos que se sustente en la roca inmovible de la verdad.
Quien inició una manera emotiva, sentimental y con varias desviaciones doctrinales de transmitir la Teología del Cuerpo de la que se queja, con muy justa razón, la Dama Católica ex Perpleja, es el estadounidense Christopher West, quien creció en el seno de una familia perteneciente a una ecuménica comunidad carismática de alianza, la cual sufrió una bella purificación debido a que necesitaba sanar una forma de vivir propia de un culto o una secta: Mother of God Community, en Gaithersburgh, MD. Christopher vivió en primera persona este hermoso y doloroso proceso de esta comunidad. Yo, con mi familia, tuvimos la enorme bendición de vivir en esa comunidad años después de que habían vivido esta fuerte etapa de purificación, que la había dejado con máximo el 10% de sus miembros que tenía; y para nosotros fue lo más cercano de haber vivido el Cielo en la Tierra durante esos tres años, mientras yo estudiaba mi segunda maestría en el Instituto Juan Pablo II de Washington, D.C. Sin embargo, es necesario reconocer que es a Christopher West a quien se le debe el hecho de que la Teología del Cuerpo haya llegado a tantos católicos que jamás hubieran sabido nada de esas catequesis de San Juan Pablo II sobre el amor humano si Christopher hubiera sido un simple graduado más del Instituto de San Juan Pablo en su sede de Washington, D.C., que hubiera terminado trabajando en diócesis americanas como director de pastoral familiar —de hecho, Christopher así inició, si recuerdo bien, en Denver, CO—.
Soy testigo de que muchas personas han cambiado su vida a raíz de vivir los cursos y las conferencias de Christopher; numerosas personas han salvado su vocación a la virginidad consagrada; sacerdotes han renovado su primer amor y rejuvenecido su ministerio; y muchos matrimonios han salido de sus crisis a raíz de lo que West les ha enseñado. Muchas personas han encontrado su vocación, sea de consagración en virginidad perpetua, sea de abrazar el camino del matrimonio, gracias a lo vivido en los eventos donde participa Christopher. Bendito sea Dios por Christopher West.
Yo conozco personalmente a Christopher West. Fuimos compañeros en mi primer Master in Theological Studies en Washington, D.C., a finales de la década de los 90’s, lugar donde él y yo conocimos y estudiamos la Teología del Cuerpo y lugar desde donde West fue seria y caritativamente criticado por el decano del Instituto mientras yo cursaba mi segundo Master in Theological Studies en ese JPII Institute entre 2008 y 2011, mientras West recorría los Estados Unidos y comenzaba a salir a otros países con su clamor de haber encontrado una gran novedad. David L. Schindler, de muy feliz memoria, que descanse en la Gloria de Dios, decano del Instituto durante todo lo que llevamos del siglo XXI hasta su fallecimiento en 2022, quien fue mi profesor de 1997 a 1999 y de 2008 a 2011, fue profesor de Christopher West también durante la década de los 90’s y en el año 2009 afirmó que West era “peligrosamente imprudente” al pretender que San Juan Pablo II, con su Teología del Cuerpo, y Hugh Hefner (fundador de Playboy), con su propaganda pornográfica, fueran llamados “los dos grandes héroes” y que representaban la llamada a los cristianos para “completar lo que comenzó la revolución sexual”. No obstante esta aberración, Schindler afirmó que no cuestionaba en ningún momento el genuino amor de Christopher West por la Iglesia e incluso por la humanidad, pero sí reiteró que su propuesta necesita una paciente reflexión y corrección.
Yo agregaría que Christopher West es un comunicador súper dotado, como muy pocos, y realmente comunica lo que él cree: es auténtico. Su emotividad y entusiasmo los percibo totalmente genuinos, a pesar de que me parecen muchas veces exagerados o, simplemente, no son de mi estilo. Pero como nadie se atrevió a hacer lo que él hizo desde inicios del siglo XXI, se le debe el respeto, la admiración y la gratitud de lanzarse al mundo a anunciar y transmitir la Teología del Cuerpo según él la entendió con su famoso aquél “Good News about Sex & Marriage” —al que David L. Schindler le contestó: “yes, but Good News about God & Love first”—, para terminar teniendo un muy taquillero Theology of the Body Institute en el área de Philadelphia, PA, que ostenta ser “el lugar” que certifica a personas que andan por el mundo esparciendo estos contenidos con la forma de entenderlos y transmitirlos de este gran comunicador, Christopher West.
De mi parte, aunque no comparto su forma de transmitir la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, él tiene todo mi respeto, mi admiración, mi gratitud, mi aprecio y mi estima; y soy testigo de primera mano y doy testimonio de que es un hombre que sabe entregarse a los demás, especialmente a personas muy necesitadas e incluso indefensas. Por tanto, reitero que bendito sea Dios por Christopher West. Dios lo bendiga, bendiga su hogar, su familia y a cada uno de sus seres amados.
Aclaro que no considero a Christopher West como el referente de la comprensión y la interpretación de la Teología del Cuerpo según San Juan Pablo II. Lo considero el gran responsable de que muchísimas personas se hayan topado con ella y lo considero un gran instrumento que Dios Nuestro Señor ha utilizado para dar luz y aire fresco a las vidas de muchas personas en la Iglesia Católica.
En mi opinión, usted, honorable Dama Católica ex Perpleja, y todos los autodenominados tradicionalistas, que parecería que para ellos todo lo venido después de la muerte del gran Papa Pío XII es inválido a priori y hay que utilizar todos los medios posibles para desacreditarlo o hasta ridiculizarlo, lo que deberían de hacer es ponerse a estudiar en serio la Teología del Cuerpo según San Juan Pablo II y lanzarse a corregir y a desacreditar a todos estos emocionados influencers sentimentalistas que transmiten una barata psicología emotiva, poniéndole nombre Teología del Cuerpo, que cualquiera diría que algunos de sus contenidos están impregnados de los sórdidos libros malolientes cargados de perversión, Sáname con tu Boca y La Pasión Mística, del mismo autor del documento vaticano que propone las bendiciones a las parejas irregulares, incluso de personas del mismo sexo, y que parece estar muy incómodo con la pureza virginal santísima de la Bienaventurada Siempre Virgen María y su papel indispensable en el Misterio de la Redención del género humano: el Cardenal Víctor Manuel “El Tucho” Fernández.
Por causa de este tipo de personas —que no dudo que lo hagan con la mejor de las intenciones, a pesar de su pobre formación, y transmiten este tipo de contenidos en el nombre de las catequesis sobre el amor humano que transmitió San Juan Pablo II— craso error cometen los tradicionalistas en ponerse a desacreditar la Teología del Cuerpo que San Juan Pablo II transmitió en sus catequesis de los miércoles para fundamentar, sustentar y explicar la verdad de la Humanae Vitae.
Dicho sea de paso, la Humanae Vitae también está desacreditada por la Dama Católica ex Perpleja en su segundo artículo publicado en la Tribuna de Infovaticana, titulado “La enseñanza tradicional de la Iglesia Católica y las transformaciones en el siglo XX en materia de moral sexual”, donde cita al gran obispo Athanasius Schneider. Además, citando a Romano Amerio queda, clarísimamente, manifiesto que no leyó bien o no estudió las catequesis de la Teología del Cuerpo, pues afirma erróneamente —y hasta no sé si mal intencionadamente— que, cito: “Juan Pablo II, en la larga catequesis dedicada al sentido de la unión de los esposos, no ha citado jamás este pasaje de Lucas, que ciertamente quita fuerza a la doctrina de la paridad de los dos fines prevaleciente después del Concilio: cesando la mortalidad, cesa la generación, y cesando la generación, cesa el matrimonio”, refiriéndose Amerio al pasaje de Lc 20, 35-36.
Esto es absolutamente falso. Amerio y la Dama Católica ex Perpleja o no leyeron las catequesis de la Teología del Cuerpo, o no las leyeron bien, o, si las leyeron bien, entonces mienten: Amerio al decir esto y la honorable Dama al citarlo. San Juan Pablo II dedica los miércoles desde el 11 de noviembre de 1981 —retomando sus catequesis a raíz de su convalecencia por el atentado perpetrado contra su vida el 13 de mayo de ese mismo año— hasta el 10 de febrero de 1982 para meditar precisamente sobre el diálogo del Señor Jesús con los saduceos, que se encuentra en los tres evangelios sinópticos, y que San Juan Pablo II cita desde la primera catequesis sobre la Resurrección de la Carne, el 11 de noviembre de 1981.
Termino este apartado insistiendo en que da la impresión de que los tradicionalistas quieren desacreditar la Teología del Cuerpo quizá porque vino después del Concilio Vaticano II o porque tiene elementos de escuelas filosóficas posteriores a la Escolástica, y se animan a hacerlo incluso dando muestras de que el rigor intelectual con el que lo hacen, por más erudito que sea, no parece ser muy atinado y les lleva a errores que no quisiera pensar que pudieran ser con mala intención. Dudo mucho que así sea, pero la Dama Católica ex Perpleja terminó su artículo publicado en Infovaticana el 3 de enero de este año 2026 citando este párrafo de Amerio, donde él claramente muestra su ignorancia o su mala voluntad, lo que eso sea que cause su desatino.
Continuará en la Parte II
Nota: Los artículos publicados como Tribuna expresan la opinión de sus autores y no representan necesariamente la línea editorial de Infovaticana, que ofrece este espacio como foro de reflexión y diálogo.
