El «limbo litúrgico» de León XIV

El «limbo litúrgico» de León XIV

La Misa tradicional en latín atraviesa un momento peculiar bajo el pontificado de León XIV: la norma restrictiva de Traditionis Custodes no se deroga, pero en la práctica se percibe un clima de expectativa ante una gestión más flexible, con encuentros, permisos y dispensas que sugieren una etapa de “espera” antes que un cierre definitivo del asunto.

No hay un anuncio formal de giro, pero sí señales suficientes para hablar de un cambio de tono —a pesar del ritmo lento—. Y en Roma, cuando el tono cambia, también cambia el modo en que se aplica la ley.

Una ley que pretendía cerrar el debate… y no lo ha cerrado

Traditionis Custodes (2021) se interpretó en su día como la apuesta de Francisco por contener la expansión del rito de 1962, especialmente en contextos donde la liturgia había acabado convirtiéndose en bandera identitaria o en oposición al Concilio Vaticano II. La lógica era clara: unidad mediante regulación, y regulación mediante control.

Sin embargo, lo que ha quedado después no es una uniformidad estricta, sino un mosaico: permisos en algunos lugares, restricciones en otros, y una realidad que se sostiene a base de excepciones. La norma sigue “en los libros”, pero su aplicación no parece ya monolítica.

León XIV: diagnóstico de polarización, sin decreto de ruptura

Según lo recogido por The Catholic Herald, León XIV habría reconocido que el conflicto litúrgico es “muy complicado” y habría advertido contra la instrumentalización política de la liturgia —en un lado y en el otro—. Ese diagnóstico es importante: si el problema es la polarización, una imposición sin matices suele producir el efecto contrario.

Por eso, más que un golpe de timón, lo que se percibe es una estrategia de descompresión: escuchar, evitar gestos que incendien la discusión y permitir que el tiempo haga su trabajo.

Gestos que pesan: Burke en San Pedro y encuentros significativos

En esa línea, el medio británico subraya hechos concretos que, en Roma, no son menores. Uno de ellos es el encuentro entre León XIV y el cardenal Raymond Burke, tras el cual Burke habría planteado la cuestión de la liturgia tradicional. Y, sobre todo, un gesto altamente simbólico: la celebración por parte de Burke de una Misa tradicional solemne en la basílica de San Pedro, con permiso explícito del Papa.

No es una derogación. Pero sí es un mensaje: el rito antiguo no es tratado como un cuerpo extraño al corazón de la Iglesia, aunque permanezca regulado.

También se menciona la audiencia del Papa con el obispo Fernando Rifan, administrador apostólico de Campos (Saint John Vianney), figura singular por su vínculo con el rito tradicional dentro de una estructura plenamente regularizada.

Dispensaciones renovables: la clave de una aplicación “porosa”

El punto más delicado no está en los gestos, sino en la mecánica. Según el mismo medio, se habría explicado que, cuando un obispo lo solicite al Dicasterio para el Culto Divino, podría concederse una exención por dos años, renovable, para celebrar con el Misal de 1962.

Si eso se convierte en práctica habitual, el escenario cambia sin necesidad de tocar una coma del texto legal: el sistema seguiría diciendo “restricción”, pero la realidad funcionaría como permiso condicionado.

Y esa situación, precisamente, es la que alimenta el malestar: un marco que no se aplica igual en todas partes crea agravios comparativos, confusión y la sensación de arbitrariedad.

Una tensión que no desaparece: jóvenes, fraternidades y signos fuera de Roma

Mientras Roma calibra, la vida eclesial sigue. Las celebraciones tradicionales en eventos multitudinarios con presencia de jóvenes, con apoyo de comunidades como la FSSP, y otras escenas en Europa que se leen como señales de continuidad práctica del rito en determinados ambientes, sin ruptura formal con la autoridad.

No es un fenómeno marginal: donde se celebra con estabilidad, suele atraer a familias jóvenes, vocaciones y un perfil de católicos que no se resigna a que la tradición litúrgica sea tratada como un problema a administrar.

El escenario actual: ni supresión ni normalización

El resultado es un equilibrio inestable, un «limbo litúrgico». No hay supresión, pero tampoco normalización clara. Hay ley restrictiva, pero también excepciones; hay cautela, pero también gestos; hay discurso de unidad, pero una realidad plural difícil de encajar a golpe de decreto.

Bajo León XIV, la Misa tradicional parece haber entrado en una fase de tregua, donde el objetivo inmediato no es resolver el conflicto, sino evitar que la Iglesia se rompa más por dentro. La gran pregunta es cuánto puede durar esa “solución provisional” antes de que Roma tenga que optar —de verdad— por un camino.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando