Blázquez: «El Concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento mayor en los últimos siglos»

Blázquez: «El Concilio Vaticano II ha sido el acontecimiento mayor en los últimos siglos»

El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid, sitúa el Concilio Vaticano II en el centro del “camino” eclesial, calificándolo como “el acontecimiento mayor en los últimos siglos” y afirmando que su recepción “no está, ni mucho menos, completamente recibida”. Sus declaraciones llegan tras el consistorio extraordinario celebrado en Roma los días 7 y 8 de enero, convocado por el Papa León XIV, y difundidas por la Archidiócesis de Valladolid.

Blázquez interpreta como significativa la decisión del Pontífice de subrayar la continuidad con el Concilio y, además, de anunciar un nuevo ciclo de catequesis en 2026 centrado en el Vaticano II. Para el cardenal, esa iniciativa se orienta precisamente a seguir “recibiendo” el Concilio: “cómo es recibido, es actuado y es vivido”.

El Vaticano II como “pregunta permanente” y programa de futuro

En su lectura, el Vaticano II plantea preguntas que el cardenal considera decisivas: “Iglesia, ¿qué dices de ti misma? ¿qué dices de Dios? ¿cuál es el testimonio que das sobre Jesucristo en nuestro mundo?”. Con ello, Blázquez presenta el Concilio no solo como un hecho histórico, sino como un marco interpretativo para la identidad y misión de la Iglesia en el siglo XXI.

Esta forma de plantearlo tiene implicaciones claras: cuando se afirma que el Concilio sigue “sin recibirse” del todo, se abre la puerta a que la vida eclesial quede permanentemente en estado de reforma, con una “recepción” que nunca termina y que, en la práctica, puede convertirse en un criterio para reorientar doctrina, disciplina y praxis según el espíritu de cada época.

Continuidad con Francisco y consolidación de un lenguaje “conciliar”

Blázquez también enmarca el consistorio en una continuidad explícita con el pontificado anterior: uno de los temas elegidos por unanimidad fue la evangelización tomando como pauta Evangelii gaudium; y el segundo tema fue la sinodalidad, entendida como profundización de la “comunión eclesial” “según el Concilio Vaticano II”.

En la práctica, el vocabulario que Blázquez destaca —“comunión”, “caminar juntos”, “recepción del Concilio”— consolida un modo de hablar de la Iglesia en el que el proceso tiende a imponerse sobre la definición; la estructura sobre la certeza doctrinal; y la “acogida” sobre el mandato clásico de custodiar, transmitir y enseñar con claridad lo recibido.

Una cuestión de fondo: ¿recepción indefinida o fidelidad íntegra?

La tesis de Blázquez —Vaticano II como el gran acontecimiento y aún “incompletamente recibido”— deja planteada una cuestión decisiva para la Iglesia: si el futuro se entiende como prolongación indefinida del Concilio, se corre el riesgo de que la Iglesia viva en una interpretación inestable, donde “aplicar el Concilio” termine significando reinterpretar sin fin. Y en esa dinámica, lo que más sufre suele ser lo concreto: la catequesis sin ambigüedades, la predicación moral completa y la continuidad litúrgica, que pasan a depender del “clima” eclesial del momento.

Blázquez celebra que León XIV impulse catequesis sobre el Concilio en 2026. La pregunta —inevitable— es si ese nuevo ciclo servirá para aclarar y cerrar debates, recuperando una lectura en continuidad con toda la Tradición, o si alimentará, una vez más, la idea de que el Vaticano II es un programa abierto que habilita nuevas “recepciones” sin término.

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