La Congregación de las Benedictinas del Sagrado Corazón de Montmartre, una comunidad francesa nacida a finales del siglo XIX en el entorno del Voto nacional y de la devoción al Sagrado Corazón, afronta ahora una crisis interna que ha desembocado en un informe independiente sobre abusos espirituales y dinámicas de control psicológico.
Se trata de religiosas de inspiración benedictina, cuya vida se articula en torno a la oración litúrgica, la adoración y un apostolado de acogida y acompañamiento de peregrinos que llegan al santuario del Sacré-Cœur de París. Su vocación contemplativa puesta al servicio del culto y de la peregrinación es la que otorga un relieve particular a la situación actual: el informe no afecta a un pequeño grupo aislado, sino a una comunidad vinculada a uno de los lugares más emblemáticos de la espiritualidad católica en Francia.
Un informe externo tras 18 meses de trabajo
El documento, fechado en enero de 2026 y difundido por Tribune Chrétienne, no surge de manera repentina. Según la cronología recogida en el propio informe, la congregación inició una revisión interna en junio de 2021, abrió un trabajo con exmiembros en 2022 y, en febrero de 2023, publicó un comunicado pidiendo perdón y reclamando “hacer todo a la luz” mediante una investigación externa. El informe es, por tanto, el paso de los comunicados a los compromisos verificables.
La comisión afirma haber realizado 159 entrevistas (unas 310 horas) con religiosas, exreligiosas, sacerdotes, obispos y laicos. Además, sostiene que entrevistó a las 86 religiosas entonces miembros sin que ninguna se negara, llegando a la conclusión de que no se trataría de incidentes aislados, sino de un sistema de funcionamiento que se fue instalando progresivamente y que afectó a la libertad interior y a la salud espiritual de numerosas religiosas.
Abusos espirituales y psicológicos
El informe describe un clima de “emprise” (dominación) sostenido en el tiempo: mecanismos de presión que se traducían en obediencia forzada, miedo a disentir y reducción de la conciencia personal a criterios impuestos por la autoridad. Entre los elementos señalados figuran:
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Control de la vida interior: manipulación de la conciencia bajo lenguaje espiritual, con uso de la obediencia para neutralizar objeciones.
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Aislamiento: distanciamiento de la familia y del entorno, con sospecha hacia miradas externas.
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Vigilancia y delación: clima de control mutuo que dificultaba la libertad y fomentaba el silencio.
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Violencia verbal y humillaciones: correcciones degradantes y trato intimidatorio.
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Hiperactividad organizada: un ritmo impuesto para impedir la reflexión, el descanso y el discernimiento.
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Uso problemático de medicación: en algunos casos, el informe menciona una “sumisión medicamentosa” prolongada.
El documento advierte que, en un marco religioso, estas dinámicas se agravan cuando el control se reviste de espiritualidad: el daño no es solo psicológico, sino también moral y de fe, porque toca el núcleo de la libertad de conciencia.
La reparación: del “perdón” a medidas concretas
Entre las medidas propuestas se incluyen: reconocimiento público oficial de los abusos, asunción de determinados gastos sanitarios, revisión de situaciones económicas injustas, acompañamiento reforzado a quienes abandonan la comunidad y, cuando sea necesario, subsidios caritativos adaptados. La comisión insiste en que la reparación no puede quedarse en fórmulas genéricas.
El informe reconoce además, cambios iniciados desde 2014, “fuertemente amplificados desde 2020”, y habla de mejoras en la vida comunitaria. Pero advierte de que el equilibrio sigue siendo frágil y que los hábitos “adquiridos o impuestos durante casi cincuenta años” no se corrigen sin un trabajo prolongado.
En su diagnóstico, la comisión describe un marco de larga duración con rasgos como aislamiento, vigilancia, silencio impuesto y delación, y sostiene que ahí se asentó una dinámica de control psicológico y abuso espiritual.
Por eso pide acompañamiento prolongado, una mirada externa y una nueva evaluación en un plazo de 18 a 24 meses. La tesis es clara: el futuro no puede construirse sobre el enterramiento de lo ocurrido, sino con reconocimiento oficial y mecanismos de control.
La congregación recibe así el informe como hoja de ruta y se compromete a estudiar, jerarquizar e implementar 58 recomendaciones, con vistas al capítulo general de octubre de 2026, en coordinación con las autoridades eclesiásticas. El punto de fondo no es “pasar página”, sino reformar estructuras, prácticas y mentalidades para evitar que estas derivas se repitan.
