La excarcelación del profesor irlandés Enoch Burke —tras más de un año y medio entre rejas por desacatar órdenes judiciales vinculadas a su antiguo centro— no ha cerrado el caso, sino que lo ha reactivado. Su hermano, que ha difundido un mensaje público en redes, sostiene que la salida de prisión es “una burla total de la justicia” porque, según denuncia, el juez que autorizó su liberación sabe que Burke volverá a presentarse en el colegio Wilson’s Hospital School y se expone así a un retorno inmediato a la cárcel. Mientras tanto, Burke ha acudido hoy mismo a las puertas del centro en Westmeath, donde seguridad privada le impidió la entrada, según RTÉ.
“Lo liberan, pero para empujarlo de vuelta a prisión”
En un mensaje publicado en X, el hermano de Burke plantea la excarcelación no como un gesto de clemencia ni un cambio real en la causa, sino un movimiento calculado para debilitar a Burke ante la opinión pública.
Según escribe, su hermano pasó más de 560 días en una celda “por negarse a inclinarse ante la ideología transgénero” y, aunque hoy haya quedado libre, esto no sería más que una maniobra: el juez Brian Cregan “sabe perfectamente” que Burke regresará a su lugar de trabajo y, acto seguido, “se enfrenta a un regreso inmediato a prisión”.
El texto insiste en que la liberación no busca garantizar un proceso justo, sino hacerle daño. El hermano acusa al juez de una “puesta en escena”, recordando que en diciembre habría amenazado con mantenerlo encarcelado “indefinidamente” y que la situación actual tendría como objetivo “dañar el prestigio” de Burke ante la sociedad.
El frente paralelo: el recurso contra el panel disciplinario
El mensaje del hermano no se limita a lo penitenciario. Denuncia además que el juez Cregan estaría asesorando al Disciplinary Appeals Panel (DAP) sobre cómo responder a la impugnación legal presentada por Burke. Y califica de “farsa vergonzosa” la audiencia de apelación celebrada en diciembre, acusándola de falta total de imparcialidad.
En su escrito cita incluso a un miembro del panel, Geraldine O’Brien, que habría dicho —al inicio de la vista— que si su director le ordenara llamar a un alumno por determinado nombre, ella tendría que cumplirlo aunque no estuviera de acuerdo. Para la familia Burke, esa frase demostraría que el panel parte de un criterio de obediencia institucional que deja sin margen la objeción del profesor.
Lo que ha ocurrido hoy: Burke vuelve al colegio
Mientras se difundía ese mensaje, Burke ha acudido hoy al Wilson’s Hospital School, en el condado de Westmeath, e intentó acceder al recinto. Según RTÉ, seguridad privada le bloqueó el paso y se concentraron algunos simpatizantes en la entrada. Burke declaró que su despido y su estancia en prisión son un “insulto a las instituciones del Estado” y reiteró que tenía un “deber” de presentarse en su antiguo trabajo.
RTÉ recuerda que el juez Cregan ordenó su excarcelación alegando el “interés en la administración de justicia” para que pudiera preparar su caso contra el DAP, pero condicionó la medida a que no entrara en la propiedad del colegio, advirtiendo que, si lo hace, puede ser enviado de nuevo a prisión.
En lo esencial, el caso Burke se juega hoy en dos planos: Para su familia y simpatizantes, se trata de un castigo ejemplarizante por resistirse a políticas vinculadas a la ideología de género, y la excarcelación sería un paso diseñado para “humillarlo” y devolverlo a la cárcel. Para la justicia y la dirección del centro, el núcleo es el desacato a órdenes judiciales y la entrada no autorizada al recinto escolar.
En cualquier caso, el episodio confirma que la batalla —legal, mediática y cultural— está lejos de terminar.
