Czerny valora el consistorio de León XIV como una “experiencia real de colegialidad”

Czerny valora el consistorio de León XIV como una “experiencia real de colegialidad”

El cardenal Michael Czerny, SJ, ha calificado como “excelente” el primer consistorio extraordinario del pontificado de León XIV. En una entrevista concedida a The Pillar, el purpurado explicó que, a diferencia de los consistorios ordinarios —más breves y protocolares—, el encuentro de la semana pasada permitió un trabajo real entre los cardenales, con debate sostenido y dinámica de grupos pequeños. Czerny también defendió que el Papa busque escuchar, sobre todo, a quienes están en activo, y valoró como “muy alentador” que León XIV anunciara de inmediato la intención de repetir la experiencia.

Un consistorio “del Colegio como tal”

Para Czerny, el rasgo distintivo del consistorio no fue únicamente la convocatoria, sino su contenido: el hecho de que el Colegio Cardenalicio funcionara como cuerpo consultivo y no como una reunión de cortesía.

“En general, fue una experiencia excelente. Podría decirse que fue una experiencia del Colegio Cardenalicio como tal”, afirmó. Y lo explicó con una comparación directa: “Normalmente nos reunimos en ocasiones, como en un consistorio normal, pero básicamente solo nos saludamos y nos despedimos. En cambio, esta vez vivimos en plena colegialidad, y fue una experiencia magnífica”.

Ese “estar en colegialidad”, en la práctica, significó tiempo suficiente para hablar, escuchar y ordenar ideas de manera conjunta, con un formato de trabajo que pretendía favorecer intervenciones menos retóricas y más centradas en la aportación concreta.

El método: grupos pequeños y desconcierto inicial

Czerny admite que no todo fue evidente desde el principio. Algunos cardenales —dice— se sintieron confundidos por la metodología, porque el grueso del encuentro se desarrolló en mesas pequeñas, de modo similar a las dinámicas del Sínodo sobre la Sinodalidad, en lugar de sesiones plenarias.

“Hubo algunos cardenales que estaban un poco confundidos acerca de la metodología, ya que la mayoría de las reuniones se llevaron a cabo en grupos pequeños (…) en lugar de sesiones plenarias”, señaló.

Con todo, sostiene que el desconcierto duró poco. Según su relato, una vez que el grupo comprendió que el trabajo iba a ser real —y que la primera tarde se dedicaría íntegramente a la discusión—, el clima cambió de inmediato: “En cuanto nos reunimos y nos dimos cuenta de que lo primero que haríamos sería pasar toda la tarde debatiendo, nos dimos cuenta de que ya estábamos trabajando (…) y nos pusimos manos a la obra. Las tres sesiones fueron buenas”.

Liturgia y otros asuntos fuera de agenda: sin dramatización

En la entrevista, Czerny reconoce que algunos cardenales habrían querido tratar otros temas —en particular, la liturgia—, pero subraya que esa ausencia no dominó el ambiente. Su frase es reveladora, porque desmonta la idea de una frustración generalizada dentro de la sala:

“Honestamente, quizás sea casualidad, pero no oí a nadie decir: ‘Ay, perdón por no haber tratado la liturgia’”.

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La idea de fondo es clara: el método obligó a elegir y, una vez asumido el marco, la prioridad fue aprovechar el tiempo disponible para avanzar en los temas seleccionados, más que convertir el consistorio en una suma de reivindicaciones.

Escuchar a quienes están en activo: una lógica “realista”

Czerny también se pronuncia sobre una cuestión práctica del funcionamiento interno: a quién conviene escuchar primero. Y aquí defiende, sin ambigüedad, el criterio de dar prioridad a quienes están en servicio pastoral directo, porque son quienes cargan con las decisiones en el terreno.

“Creo que es realista. El Santo Padre necesita escuchar principalmente a quienes están en activo”, afirmó. Y añadió un matiz organizativo: “Sus oportunidades de escuchar a los mayores o a los de la curia son mucho mayores que las de un obispo diocesano”.

En otras palabras, Czerny sugiere que el Papa puede acceder con relativa facilidad a voces de Roma —por proximidad y estructura—, mientras que el obispo diocesano, lejos del centro, necesita espacios diseñados específicamente para ser escuchado.

El anuncio inmediato: signo de que el Papa quedó satisfecho

Uno de los elementos que Czerny resalta como más significativo es que León XIV anunciara enseguida la intención de repetir la fórmula. Para él, ese anuncio no fue un mero detalle organizativo, sino un gesto interpretado como aprobación del resultado.

“El hecho de que el Papa lo anunciara de inmediato fue muy alentador. En cierto sentido, fue una expresión muy concreta de su agradecimiento”, explicó. Y remató con una idea que funciona casi como criterio de verificación: si el consistorio no hubiera servido para obtener un consejo real, difícilmente el Pontífice habría propuesto repetirlo.

“El orden correcto” antes que la pelea de prioridades

Czerny evita presentar la agenda del consistorio como una batalla de importancias. Prefiere plantearlo como una cuestión de secuencia: hacer lo necesario en el momento adecuado para que lo demás pueda abordarse después con mejores condiciones.

“Como dije antes, es importante que las cosas sucedan en el orden correcto. Y si haces X antes de hacer W, aunque ambas sean buenas, están en el orden incorrecto y no funcionará bien”.

El mensaje, tal como lo transmite, es que el consistorio no pretende cerrar debates de fondo en un día y medio, sino establecer un rumbo: decidir qué hay que hacer primero para que temas complejos —y potencialmente conflictivos— puedan tratarse más adelante con mayor serenidad y eficacia.

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