TRIBUNA: ¿Qué pasaría si San Juan Bautista hubiese fallado?

Por: Yousef Altaji Narbón

TRIBUNA: ¿Qué pasaría si San Juan Bautista hubiese fallado?

“Yo os digo, no hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan…” (Lucas 7, 28).

Con estas palabras salidas de la boca del Verbo Eterno de Dios es que se corona a San Juan Bautista como el sumo profeta que prepara todo para la venida del Mesías. No fue cualquier hombre el primo -en el plano terrenal- del Salvador; es Cristo quien lo ensalza y lo pone como modelo a seguir para toda la gente. En las Sagradas Escrituras tenemos una descripción gráfica-visual de este profeta como ningún otro. Se describe qué come, cómo se viste, su fisonomía, sus hábitos y su apostolado. Esto no puede pasar desapercibido, ya que si la Divina Sabiduría iluminó a los autores de los Santos Evangelios con un conocimiento tan preciso, es porque Dios desea llamarnos la atención con estas particularidades dignas de ser imitadas. Este personaje de la Sagrada Escritura tiene una contundencia en tan poco tiempo que no pasa por alto al ojo del cristiano devoto. En este orden de ideas, a este gran profeta se le conoce, realiza su apostolado y es decapitado en pocas páginas; se puede decir que todo sucede muy rápido, pero no significa que sea superfluo. La Tradición bimilenaria de la Santa Madre Iglesia ha cultivado gran devoción y conocimiento en torno a este, y se manifiesta por medio de la expansión de la piedad popular de los pueblos de la Cristiandad hacia el precursor del Salvador desde tiempo inmemorial.

Se puede tratar sobre San Juan Bautista de manera extensa y tendida, pero volvemos a traer a la memoria las primeras palabras aquí citadas que provienen directamente de Jesucristo, quien le hace plena justicia a su persona. Nosotros conocemos bien la historia de la salvación con todos los sucesos acontecidos antes y después de la venida de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora bien, existe una pregunta meramente hipotética que el presente autor ha considerado desde hace un tiempo para servir como una oportunidad de aprendizaje espiritual para aumentar el celo apostólico. La duda suena temeraria, pero dice así: ¿Qué pasaría si San Juan Bautista hubiese fallado? Pasemos a contestar esta pregunta.

Respuesta facil

Digamos que San Juan Bautista nace, crece hasta la edad de madurez intelectual y se abre la ventana de oportunidad que Dios, por medio de la gracia, le concede para salir a realizar su misión tan esencial para la Redención. Justo en ese momento, por cualquier motivo, el hombre elegido por el Altísimo decide no proceder, se dedica a otra cosa aparentemente piadosa o se desliga del mismo propósito de su vida. ¡Oh, gracias a la Santísima Trinidad que esto no llegó a suceder, ya que la sola hipótesis causa terror! Prosiguiendo con la presente teoría, sucede que él vive una vida piadosa, llena de Dios y buscando hacer justicia siempre. Teniendo esto en cuenta, ¿qué sucedería? Una respuesta muy fácil: Nada, no sucedería nada; el plan de la Redención se haría igualmente.

La infinita Sabiduría Divina podría disponer de otra persona u otro medio para llegar a cumplir la misión encomendada. Dios Padre hubiese respetado el libre albedrío de él, pero quizás su historia hubiese sido distinta. Es cierto que Dios se vale de las adversidades, pero eso no significa que esté bien cuando una persona abandona el camino claramente marcado por la Divina Providencia. Con esa respuesta tenemos lo suficiente para responder el marco teórico planteado.

Lecciones

¡Bendito sea el nombre del Señor por habernos dado a un faro de luz y celo por la casa de Dios como el Bautista! Para alcanzar que Dios pronuncie palabras similares a las enunciadas sobre San Juan, debemos imitar su ejemplo en proporción a nuestros deberes de estado. Para poder puntualizar las cualidades dignas de seguir, hay que hacerse una pregunta diametralmente diferente a la premisa del presente artículo: ¿Qué hizo San Juan Bautista para cumplir su misión?

Lo primero que hizo fue cumplir con la voluntad de Dios en su vida. Hizo exactamente lo que Dios esperaba de él para allanar el camino del Mesías por medio de su predicación y apostolado incansable. Basado en esto, se desprenden las otras características de su persona. Lo segundo es su odio por los respetos humanos; el célebre San Juan María Vianney tiene todo un sermón dedicado a los nefastos respetos humanos, los mismos siendo tan nocivos que los maldice severamente. Lo tercero es su total intransigencia por la verdad; este pilar del Bautista es de vital relevancia hoy en día cuando vemos que varias personas y grupos ceden ante pequeñas migajas, aparentes aperturas o presión social en guiarlos a pensar que uno está solo. Viendo la asechanza de los cizañosos y de los que buscaban comprar su lealtad, la humilde voz que clama en el desierto se mantuvo firme en todo, incluso enfrentando a la autoridad corrompida por vicio. Lo cuarto es su austeridad apostólica, que desprende al alma de los apegos mermantes de un servicio perfecto para ser brindado a la Santísima Trinidad. No solo una austeridad material, sino de otra clase de apegos o comodidades, motivo por el cual un volumen sustancial de individuos llamados al servicio arduo por Cristo Rey se quedan dentro de sus amenidades reconfortantes.

El nivel de perniciosidad de los enemigos de la Iglesia ha alcanzado una gravedad no antes vista, aunado a que se mimetizan con mayor astucia en comparación con otros tiempos. La sutileza de los engaños, las maniobras audaces, las pantomimas falaces realizadas para adormecer a los tibios, todo esto —y más— conforma parte de las herramientas del mal para hacer que los actuales San Juanes Bautistas fallen o se desalienten de su misión. Seguir el curso de la vida santificada y fructífera del Bautista es receta fácil para sobresalir en santidad para estos tiempos de crisis. La teoría hipotética discutida en el presente escrito nos ha servido para hacer una reflexión aplicable a nuestros tiempos; esta nos puede acompañar a lo largo de nuestro paso por la vida, donde nos esforzamos por hacer el mejor apostolado posible para servir a aquel del cual no somos dignos de desatar la correa de su sandalia. Pidamos su intercesión constantemente para discernir con valentía, prudencia y fortaleza el curso más apto de nuestras acciones para siempre dar testimonio de un católico militante y ferviente en su celo por la casa de Dios.

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