El sacerdote diocesano de Madrid Jorge González Guadalix ha publicado en Infocatólica un artículo en el que denuncia como una “vergüenza” que tanto el Estado como la Iglesia tengan que recurrir a campañas de donativos para cubrir necesidades que, a su juicio, deberían estar garantizadas por vías ordinarias.
En su texto, titulado La vergüenza de tener que acudir a la limosna, el presbítero cuestiona la normalización de colectas y campañas solidarias destinadas a la atención del cáncer, de personas con discapacidad o de otros más vulnerables, cuando —según señala— estas áreas deberían sostenerse con los impuestos de los ciudadanos. En ese sentido, critica que el dinero público se destine a fines ideológicos o culturales mientras se apela a la caridad para cuestiones básicas.
Críticas también dentro de la Iglesia
González Guadalix extiende su reflexión al ámbito eclesial y pone como ejemplo una campaña reciente destinada a recaudar fondos para ayudar a comunidades contemplativas a afrontar los gastos de calefacción durante el invierno. La iniciativa busca reunir 100.000 euros para asistir a unos 80 monasterios y conventos de toda España, después de que en su primera edición se recaudaran algo más de 68.000 euros.
El sacerdote se muestra especialmente crítico con el hecho de que sea necesario pedir limosna a los fieles para que religiosas de edad avanzada puedan calentarse en los meses más fríos. En este contexto, recuerda que la Iglesia Católica recibirá en el ejercicio fiscal de 2024 más de 429 millones de euros a través de la asignación del 0,7 % del IRPF, una cifra histórica que, a su juicio, debería permitir atender este tipo de necesidades sin recurrir a campañas extraordinarias.
La austeridad de los monasterios
En su artículo, el autor describe las duras condiciones materiales en las que viven muchas comunidades contemplativas, caracterizadas por una austeridad extrema. Numerosos conventos utilizan sistemas de calefacción obsoletos y poco eficientes, como estufas de butano, gasóleo o incluso de leña, por no poder permitirse alternativas más modernas.
Aunque, en caso de necesidad, los fieles deben ayudar, la situación revela un problema de fondo. Para el sacerdote, tanto desde el punto de vista civil como eclesiástico, resulta inaceptable que se haya asumido como normal recurrir a la limosna para cubrir lo esencial.
