Bätzing: ¿seis años más o punto final?

Bätzing: ¿seis años más o punto final?

La Conferencia Episcopal Alemana elegirá en febrero (23–26), durante su asamblea plenaria en Würzburg, al presidente que pilotará el organismo durante los próximos seis años. El nombre que domina todas las quinielas es el del actual presidente, Georg Bätzing, obispo de Limburgo y rostro más visible del Camino Sinodal que lleva años tensionando la comunión eclesial con propuestas de reforma en materias sensibles.

Pero, a pocas semanas de la votación, informa The Pillar, la reelección no está garantizada. No por impedimentos formales —tiene 64 años y podría completar un segundo mandato—, sino porque el propio Bätzing ha dejado entrever dudas ante la fatiga interna de un episcopado fracturado y la creciente presión que supone encabezar un proceso que mantiene un pulso permanente con Roma.

Un presidente asociado a la deriva sinodal

Bätzing llegó a la presidencia tras el paso atrás del cardenal Reinhard Marx en 2020. Desde entonces, su liderazgo ha quedado ligado a la estrategia de avanzar el “Camino Sinodal” incluso cuando una parte de los obispos alertaba de sus consecuencias eclesiológicas y pastorales.

En la práctica, la presidencia de Bätzing ha convivido con fisuras cada vez más visibles entre quienes empujan la agenda sinodal y quienes la consideran una vía de ruptura. Y ese contexto pesa: el obispo ha reconocido públicamente el desgaste reputacional de la Iglesia en Alemania, pero sin asumir —según sus críticos— responsabilidades de fondo por el rumbo adoptado.

La “Conferencia Sinodal”, el asunto clave que lo condiciona todo

La elección de presidente se celebrará con un asunto decisivo sobre la mesa: la votación de los estatutos del nuevo organismo permanente previsto para institucionalizar el proceso, rebautizado como “Conferencia Sinodal”.

El texto fue aprobado por el comité sinodal provisional en noviembre de 2025 y posteriormente ratificado por el ZdK; el siguiente paso es el voto de los obispos en febrero de 2026.

Roma, por su parte, ha advertido en distintas intervenciones que un órgano de ese tipo podría socavar la autoridad episcopal y chocar con la eclesiología católica; de ahí que los promotores hayan aceptado cambios y se comprometieran a no dar el paso sin la aprobación de la Santa Sede.

Quien salga elegido presidente tendrá que gestionar, de inmediato, un escenario delicado: defender en Roma un organismo polémico, o bien contener el impulso sinodal sin provocar una explosión interna. Ese es, hoy, el corazón del problema.

¿Quiénes podrían sucederle?

Si Bätzing no se presentara —o si su candidatura se atascara por el rechazo de una minoría significativa—, se barajan perfiles con dos rasgos comunes: participación en los contactos con Roma y capacidad para moverse en un tablero ya desgastado.

Entre los nombres más citados en el entorno episcopal alemán están obispos vinculados al eje de negociaciones y mediaciones, así como figuras consideradas “puente” para evitar un choque frontal con el Vaticano. En este marco aparece también el cardenal Rainer Maria Woelki, pero su pertenencia al sector minoritario hace políticamente improbable que alcance los apoyos necesarios.

Un cáliz envenenado: crisis de fe, crisis institucional y crisis económica

Más allá de la arquitectura sinodal, el nuevo presidente heredará un panorama sombrío: una Iglesia en Alemania con pérdida continuada de fieles, un episcopado sin unidad interna y una agenda marcada por decisiones impopulares.

A ello se añade el problema material: recortes y ajustes por la previsión de caída de ingresos, fruto del descenso de católicos registrados y del debilitamiento del sistema de financiación eclesiástica. En ese contexto, presidir la Conferencia Episcopal Alemana no es un honor: es administrar un conflicto.

Por eso, la pregunta no es solo si Bätzing puede ser reelegido. La cuestión es si alguien —incluido él— quiere asumir el coste político y eclesial de liderar el episcopado alemán en el momento en que el “Camino Sinodal” busca consolidarse de forma permanente y Roma mantiene el freno puesto.

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