«Son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión»: las palabras improvisadas del Papa a los cardenales

«Son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión»: las palabras improvisadas del Papa a los cardenales

Al término de la primera sesión del Consistorio Extraordinario, celebrado el 7 de enero de 2026, el papa León XIV dirigió unas palabras improvisadas al Colegio Cardenalicio, marcadas por un tono de agradecimiento, exhortación espiritual y llamada al discernimiento común.

En su intervención, que fue publicada posteriormente en el boletín de la Santa Sede, el Pontífice subrayó el valor del camino compartido por encima de los resultados inmediatos, insistió en la necesidad de una Iglesia viva, abierta a la acción del Espíritu Santo, y recordó con claridad que la misión fundamental de la Iglesia no es mirarse a sí misma, sino anunciar el Evangelio con Cristo en el centro. El Papa vinculó de manera explícita los temas de la sinodalidad y la misión evangelizadora, en continuidad con Evangelii Gaudium, y pidió a los cardenales trabajar juntos, sin miedo, confiando en el Señor.

Dejamos a continuación las palabras de León XIV:

De nuevo, buenas tardes, y muchas gracias por todo el trabajo realizado ya en esta primera sesión.

Quisiera comenzar simplemente repitiendo las palabras de uno de los secretarios, el primero que intervino, que sugirió que el camino ha sido tan importante como la conclusión del trabajo en las mesas. Quisiera partir de ahí para decir, ante todo, gracias por estar aquí. Creo que es muy importante la participación de todos ustedes en esta experiencia como Colegio de los Cardenales de la Iglesia, que ofrece no solo a nosotros —no es para nosotros—, sino a la Iglesia y al mundo, un cierto testimonio de la voluntad y del deseo, reconociendo el valor de encontrarnos juntos, de hacer el sacrificio de un viaje —para algunos de ustedes muy largo—, para venir a estar juntos y poder buscar juntos lo que el Espíritu Santo quiere para la Iglesia hoy y mañana.

Por eso, verdaderamente pienso que es importante, aunque sea un tiempo muy breve, pero es un tiempo muy importante también para mí, porque siento y experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión! Por tanto, quisiera decir que pienso que es importante que trabajemos juntos, que discernamos juntos, que busquemos lo que el Espíritu nos pide.

Si me lo permiten, repito algunas palabras de la homilía de ayer en la fiesta de la Epifanía. Muchos de ustedes estaban presentes, pero las digo de nuevo: «Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia?». Yo estoy convencido de que sí, ciertamente. Estos meses, incluso si no lo hubiera vivido antes, he tenido muchísimas experiencias hermosas de la vida de la Iglesia. Pero la pregunta permanece: ¿hay vida en nuestra Iglesia? «¿Hay espacio para lo que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone de nuevo en camino?». No podemos cerrarnos y decir: “Todo ya está hecho, terminado, hagan como siempre hemos hecho”. Hay verdaderamente un camino, y con el trabajo de estos días estamos caminando juntos.

«En el relato, Herodes teme por su trono; se agita por aquello que siente fuera de su control, intenta aprovecharse del deseo de los Magos y busca torcer su búsqueda en beneficio propio». Herodes «está dispuesto a mentir, está dispuesto a todo. El miedo, de hecho, ciega. La alegría del Evangelio, en cambio, libera. Hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos».

Este encuentro, para mí, es una de las muchas expresiones en las que podemos vivir verdaderamente una experiencia de la novedad de la Iglesia. El Espíritu Santo está vivo y presente también entre nosotros. ¡Qué hermoso es encontrarnos juntos en la barca! Esa imagen que el cardenal Radcliffe nos ofreció en su reflexión esta tarde, como para decir: estamos juntos. Puede haber algo que nos dé miedo; existe la duda: ¿adónde vamos?, ¿cómo acabaremos? Pero si ponemos la confianza en el Señor, en su presencia, podemos hacer mucho.

Gracias por las decisiones. Es bastante clara, pienso, la elección de todas las mesas por una gran mayoría. Y me parece muy importante también, a partir de los otros comentarios realizados, que no se puede separar un tema de otro. En efecto, hay mucho que podremos ver juntos. Pero queremos ser una Iglesia que no se mire solo a sí misma, que sea misionera, que mire más allá, hacia los otros. La razón de ser de la Iglesia no es para los cardenales ni para los obispos ni para el clero. La razón de ser es anunciar el Evangelio.

Y por eso estos dos temas: el Sínodo y la sinodalidad, como expresión de la búsqueda de cómo ser una Iglesia misionera en el mundo de hoy; y Evangelii Gaudium, anunciar el kerygma, el Evangelio con Cristo en el centro. Esta es nuestra misión.

Por tanto, les doy las gracias. Esto nos ayudará a organizarnos para el trabajo de mañana en las dos sesiones. Los otros temas no se pierden. Hay cuestiones muy concretas y específicas que todavía debemos abordar. Espero que cada uno de ustedes se sienta verdaderamente libre de comunicarse conmigo o con otros, y continuaremos este proceso de diálogo y discernimiento.

Nada más. Gracias por este servicio. No sé si he superado los tres minutos. ¡Ha sido muy cortés el moderador! Buenas tardes y nos vemos mañana por la mañana.

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