En la mañana de este 9 de enero, el papa León XIV recibió en audiencia a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, con motivo del tradicional intercambio de felicitaciones por el nuevo año. El encuentro tuvo lugar en el Aula de la Bendición, tras la intervención inicial del decano del Cuerpo Diplomático, el embajador de Chipre Georges Poulides.
En su extenso discurso, el Pontífice ofreció una amplia reflexión sobre la situación internacional actual, marcada por el retorno de la guerra, el debilitamiento del multilateralismo y la erosión del derecho internacional. León XIV subrayó la centralidad de la paz, la defensa de la dignidad humana, la libertad religiosa y la protección de la vida y de la familia, señalando el papel insustituible de la diplomacia en la construcción de un orden internacional más justo y estable.
Una crisis moral y cultural, no solo geopolítica
Durante la audiencia celebrada el 9 de enero de 2026 en el Aula de la Bendición, León XIV desarrolló una amplia reflexión sobre la situación internacional, subrayando que la crisis actual no es solo geopolítica, sino profundamente moral, cultural y espiritual. En ese contexto, afirmó que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano, y que una sociedad que no protege la vida humana en todas sus etapas termina socavando su propio futuro.
El Papa reiteró de forma explícita el rechazo de la Iglesia al aborto, la eutanasia y la gestación subrogada, prácticas que —señaló— niegan la dignidad de la persona y reducen la vida humana a un producto sometido a criterios de utilidad, eficiencia o deseo. Alertó además contra la contradicción de Estados que destinan recursos públicos a eliminar vidas humanas mientras descuidan el apoyo a las madres, a las familias y a los niños no nacidos.
En estrecha relación con esta defensa provida, León XIV reafirmó el papel central de la familia fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer, subrayando su función insustituible en la transmisión de la vida, la educación y la cohesión social. El Pontífice vinculó el invierno demográfico que afecta a muchas sociedades occidentales al debilitamiento cultural de la familia y a políticas que desprecian la maternidad y la paternidad.
El discurso abordó también la situación de los enfermos, los ancianos y las personas vulnerables, denunciando las falsas soluciones que presentan la eutanasia o el suicidio asistido como actos de compasión. Frente a ello, León XIV defendió el desarrollo de cuidados paliativos y políticas auténticamente solidarias que acompañen el sufrimiento sin eliminar al que sufre.
El debilitamiento del multilateralismo y el retorno de la guerra
Más allá de las cuestiones antropológicas, el Papa dedicó una parte sustancial de su intervención a la crisis del multilateralismo, lamentando que la diplomacia basada en el diálogo y el consenso esté siendo sustituida por alianzas de poder, imposiciones ideológicas y la lógica de la fuerza. Recordó el espíritu fundacional de las Naciones Unidas tras la Segunda Guerra Mundial y advirtió que su progresivo vaciamiento moral pone en riesgo la estabilidad internacional.
En este contexto, expresó una firme condena del retorno de la guerra como instrumento político, subrayando que la paz ya no es buscada como un bien en sí mismo, sino como un equilibrio impuesto por las armas.
León XIV reafirmó la necesidad de respetar el derecho internacional humanitario, insistiendo en la protección de la población civil, la inviolabilidad de hospitales e infraestructuras básicas y el rechazo de toda forma de violencia indiscriminada. Se refirió de manera concreta a diversos conflictos en curso, entre ellos Ucrania, Tierra Santa, África subsahariana, Venezuela, Haití y varias regiones de Asia.
Libertad religiosa y objeción de conciencia
Un eje destacado del discurso fue la libertad religiosa y de conciencia, definida como un derecho humano fundamental y no como una concesión del Estado. El Papa denunció el aumento de la persecución contra los cristianos y alertó también sobre formas más sutiles de discriminación religiosa en países de tradición cristiana.
En relación con ello, advirtió sobre la creciente presión contra la objeción de conciencia, especialmente en el ámbito sanitario y educativo, señalando que obligar a actuar contra las propias convicciones morales constituye una grave forma de violencia jurídica y cultural.
Migraciones y bien común
León XIV abordó asimismo la cuestión migratoria, recordando que cada migrante es una persona con dignidad inalienable, pero subrayando que la acogida no puede desligarse del bien común, de la responsabilidad de los Estados y de la necesidad de combatir las causas profundas de los desplazamientos forzados, como la guerra, la pobreza y la inestabilidad política.
Finalmente, León XIV concluyó subrayando que la paz auténtica exige humildad, verdad y valentía, y que la misión de la diplomacia no es administrar conflictos, sino prevenirlos, promoviendo una cultura del encuentro que no renuncie a la verdad ni a la justicia. Sin el reconocimiento del valor inviolable de cada vida humana, advirtió, la política pierde su fundamento ético y la paz se convierte en una mera tregua impuesta por la fuerza.
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