El 31 de diciembre en la Escuela San José de Valencia se celebró una boda que dejó una imagen que está provocando escándalo: los novios repartiendo la comunión entre los invitados. Una fotografía que genera desazón y desconcierto para quienes conocen la liturgia católica.
No obstante, sin minimizar lo sucedido ni lo imprudente e inadecuado de la situación, hay un factor que hay que añadir al contexto. Infovaticana ha localizado un video publicado días antes por el sacerdote jesuita Javier Bailén, encargado de la ceremonia, en el que explicaba que se encontraba con el brazo inmovilizado por una lesión que describe como una prueba que le da la vida en tempos de Navidad, «porque en Navidad recordamos esto, que Dios no viene fuerte, no viene perfecto, no viene invencible…», reduciendo la divinidad de Cristo a un estado de imperfección natural. Es fácil deducir que este sacerdote estaba impedido para distribuir la comunión de manera habitual, es decir, para sostener el copón y dar la hostia consagrada.
Ante esta limitación física, es probable que el celebrante tomara la inadecuada decisión de que fuesen los novios los que asumiesen la función de ministros extraordinarios de la Eucaristía. Una decisión que, si bien permitió que la ceremonia siguiera su curso, no es la más prudente desde el punto de vista litúrgico. A la vista del escándalo, está claro que la participación de los propios novios en este papel puede crear una imagen descentrada y desconcertante, que distrae del sacramento que se celebra.
El derecho canónico indica que los ministros extraordinarios de la Comunión —como acólitos instituidos o fieles laicos designados por el obispo (cf. Can. 230 §3)— solo pueden distribuirla en la Misa bajo condiciones estrictas, como la ausencia de ministros ordenados o incapacidad real de estos para distribuirla.
Detrás de cada fotografía hay circunstancias humanas que ayudan a explicar decisiones que, de otro modo, resultan más llamativas o cuestionables. Sin embargo, también subraya que la buena intención no sustituye la prudencia. Incluso ante imprevistos, existen alternativas que habrían preservado mejor la solemnidad de la ceremonia y el respeto por la Eucaristía, ajustar el modo de distribución de la comunión a una forma viable.
Quizás también esta imagen desagradable sirve para recordarnos que el tema de los ministros extraordinarios de la eucaristía hay que replantearlo o suprimirlo.
