La FSSPX no descarta nuevas consagraciones episcopales incluso sin mandato pontificio

La FSSPX no descarta nuevas consagraciones episcopales incluso sin mandato pontificio

El Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el padre Davide Pagliarani, ha reconocido públicamente la posibilidad de futuras consagraciones episcopales, incluso sin la aprobación expresa de Roma, al considerar que la Iglesia atraviesa una situación de emergencia más grave que la de 1988, cuando monseñor Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos sin mandato papal.

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Las declaraciones fueron realizadas el pasado 13 de diciembre en Friedrichshafen (Alemania), durante un acto en el que Pagliarani compartió escenario con monseñor Bernard Fellay, ex Superior General de la Fraternidad y uno de los obispos consagrados por Lefebvre.

“La pregunta del millón de dólares”

En su intervención, el actual Superior General abordó de forma directa una cuestión que durante décadas ha sido tratada con extrema discreción dentro de la FSSPX. “La cuestión de las futuras consagraciones episcopales es la pregunta del millón de dólares”, afirmó, aclarando no obstante que no podía ofrecer “fechas ni nombres”.

La cuestión de los obispos resulta central para la identidad y supervivencia de la Fraternidad, que continúa operando fuera de las estructuras canónicas ordinarias de la Iglesia, alegando una “jurisdicción suplida” basada en un estado de necesidad para garantizar la administración de los sacramentos.

Pagliarani retomó explícitamente ese argumento y lo aplicó a la situación actual: “¿Existe hoy un estado de necesidad en la Iglesia como el que existía en 1988? Este estado de necesidad es hoy más claramente reconocible que entonces”.

La herencia del pontificado de Francisco

El Superior General situó su diagnóstico principalmente en relación con el pontificado del papa Francisco. “Tras el pontificado del papa Francisco nos encontramos en una situación de emergencia”, sostuvo, añadiendo que, aunque el Papa haya muerto, sus decisiones siguen siendo “epocales, problemáticas y de gran alcance”.

Según Pagliarani, dicho pontificado “ejemplifica de principio a fin el estado de necesidad dentro de la Iglesia”. En ese contexto, denunció carencias graves en la vida parroquial ordinaria: “En muchas parroquias ya no están garantizados los medios para la salvación de las almas. La predicación de la verdad y la administración de los sacramentos a menudo faltan”.

No una cuestión interna, sino “el bien de la Iglesia”

El sacerdote insistió en que una eventual consagración de obispos no debe entenderse como un asunto interno de la Fraternidad, sino como una cuestión orientada “al bien de la Iglesia”. Al mismo tiempo, subrayó que una decisión de tal calibre no puede tomarse con ligereza. “No basta con preparar la ceremonia de la consagración episcopal; hay que preparar también los corazones”, afirmó, recalcando la necesidad de la oración.

Contactos con Roma, pero sin decisiones tomadas

Días antes, el 8 de diciembre, el medio inglés,The Catholic Herald, informó de una entrevista concedida al medio alemán Corrigenda por el padre Franz Schmidberger, también ex Superior General de la FSSPX, quien confirmó que el asunto está siendo considerado, aunque sin decisiones concretas. “Se está estudiando, pero no puedo decir cuándo tendrá lugar ni cuántos obispos serán ordenados”, declaró.

Schmidberger añadió que cualquier paso en esa dirección requeriría necesariamente un diálogo con la Santa Sede, recordando que “en una situación normal, los obispos no pueden ser consagrados sin el permiso del Papa”.

Continuidad, no protesta

Desde sus orígenes, la Fraternidad San Pío X se ha definido a sí misma como una obra de preservación, más que de protesta. Monseñor Lefebvre no buscó inicialmente un enfrentamiento con Roma, sino proteger la formación sacerdotal y la vida sacramental en un contexto de confusión doctrinal posterior al Concilio Vaticano II.

La documentación histórica muestra que las consagraciones de 1988 fueron percibidas internamente como un último recurso, adoptado bajo presión y tras negociaciones fallidas con el Vaticano. Durante décadas, la cuestión de la sucesión episcopal ha sido tratada con extrema reserva para evitar una escalada del conflicto.

Por ello, el hecho de que hoy se aborde públicamente resulta significativo, más allá de que no se hayan anunciado decisiones concretas. Al volver a invocar el concepto de “estado de necesidad”, Pagliarani sitúa el presente como una continuación de una crisis no resuelta desde 1988, especialmente acentuada —según su análisis— por los efectos duraderos del último pontificado.

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