¿Dónde están hoy los Reyes Magos? El tesoro que la Iglesia custodia en Colonia

¿Dónde están hoy los Reyes Magos? El tesoro que la Iglesia custodia en Colonia

En el corazón de la majestuosa catedral de Colonia, erguida como testimonio gótico de fe, se encuentra una de las reliquias más veneradas de la cristiandad: el Santuario de los Tres Reyes Magos (Dreikönigenschrein), relicario que, según la tradición católica, guarda los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar, los sabios de Oriente que acudieron a adorar al Salvador recién nacido.

Estas reliquias no son un mero objeto de curiosidad histórica, sino un símbolo profundo de la manifestación de Cristo a todos los pueblos, proclamada litúrgicamente en la solemnidad de la Epifanía del Señor. Que hombres venidos de regiones lejanas se inclinaran ante el Niño de Belén es, para la Iglesia, una figura de la universalidad de la salvación y de la fe que trasciende culturas y tiempos.

Los Magos: adoradores venidos de lejos

El Evangelio de san Mateo narra el episodio con sobriedad. Habla de unos Magos venidos de Oriente, hombres sabios que, atentos a los signos del cielo, reconocieron que había nacido el Rey de los judíos. Dejaron atrás su tierra, emprendieron un camino incierto y, al llegar a Belén, se postraron y lo adoraron (cf. Mt 2,1–12).

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»

La Tradición viva de la Iglesia, meditada y proclamada durante siglos en la liturgia, reconoció en ellos a tres reyes —Melchor, Gaspar y Baltasar— imagen de los pueblos de la tierra que acuden a Cristo. Sus dones —oro, incienso y mirra— no fueron simples presentes, sino una confesión de fe: Cristo Rey, Cristo Dios, Cristo que moriría por la salvación del mundo.

El largo camino de las reliquias

La historia de estas reliquias es tan antigua como fascinante. Según la tradición, todo comienza en el siglo IV, cuando la emperatriz Santa Elena, madre de Constantino, dedicada a rescatar reliquias de la Tierra Santa, habría encontrado los restos de los Magos en la ciudad de Saba y ordenó su traslado a Constantinopla. Allí permanecieron durante siglos hasta que, más tarde, fueron llevados a Milán, donde fueron custodiados en la basílica de San Eustorgio.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 1164, cuando el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico Barbarroja trasladó las reliquias desde Milán hasta Colonia, confiándolas al arzobispo Rainald von Dassel. A partir de ese momento, la ciudad alemana se convirtió en un centro de peregrinación que atrajo a miles de fieles durante la Edad Media y hasta nuestros días.

La catedral y su reliquario: arte al servicio de la fe

Para custodiar este tesoro espiritual, se mandó construir un relicario de proporciones únicas: el Santuario de los Tres Reyes Magos, una obra de orfebrería medieval cuya estructura en forma de basílica está hecha de oro y plata macizos, enriquecida con esmaltes, filigranas y gemas preciosas, y decorada con figuras de personajes bíblicos que encarnan la historia de la salvación.

La construcción de la catedral de Colonia, cuya primera piedra se colocó en 1248, estuvo directamente vinculada a la necesidad de albergar estas reliquias. El templo gótico, que tardó más de seis siglos en completarse, se erige como testigo de la fe de generaciones que han acudido a honrar a los Reyes Magos y al mismo tiempo a adorar a Cristo.

Colonia, junto con Roma y Santiago de Compostela, se cuenta entre los grandes centros de peregrinación cristiana precisamente por esta custodia sagrada. El relicario no solo es un tesoro artístico y cultural, sino un símbolo de la llamada de Dios a los pueblos, que invita a cada creyente a seguir la luz que conduce a Cristo.

El significado actual de una tradición milenaria

En la solemnidad de la Epifanía, la Iglesia recuerda que los Magos no vinieron simplemente a ofrecer presentes, sino a adorar al Rey del universo y a testimoniar que la salvación de Dios está destinada a toda la humanidad. El relicario de Colonia, su arte y su historia, nos hablan de un camino de fe y de una búsqueda que no termina con la contemplación de los restos, sino que continúa en la vida de cada cristiano llamado a reconocer y adorar a Cristo vivo.

Hoy, esas reliquias siguen siendo un centro de devoción, un motivo de peregrinación y una invitación para todos los fieles a renovar su propia búsqueda de la Luz verdadera en medio de las sombras del mundo.

 

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