Durante el rezo del Ángelus de este domingo, apenas un día después de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el Papa León XIV se ha referido a la situación del país sudamericano con una notable cautela diplomática. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Pontífice ha afirmado seguir “con preocupación la evolución de la situación en Venezuela” y ha pedido que prevalezca “el bien del querido pueblo venezolano por encima de cualquier otra consideración”, evitando en todo momento cualquier mención explícita a la actuación militar norteamericana o a una posible violación del derecho internacional.
En su alocución, el Papa ha insistido en la necesidad de garantizar la soberanía del país y de respetar “los derechos humanos y civiles de todos y cada uno”, exhortando a trabajar juntos para construir “un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia”, con especial atención a los más pobres, duramente castigados por la prolongada crisis económica. El mensaje, pronunciado en un contexto de máxima tensión internacional, ha llamado la atención precisamente por su tono moderado y por la ausencia de referencias concretas a los hechos ocurridos el día anterior, que han suscitado reacciones mucho más contundentes en el ámbito político europeo.
Especialmente significativa resulta la apelación del Pontífice a la necesidad de “asegurar el Estado de Derecho consagrado en la Constitución”, una referencia directa al marco constitucional venezolano de inspiración bolivariana. Se trata de un texto ampliamente cuestionado por su legitimidad y por su uso instrumental por parte del régimen, hasta el punto de ser considerado por numerosos juristas y observadores internacionales como un documento de escaso valor normativo real. La decisión del Papa de apoyarse explícitamente en esa Constitución, sin introducir matices ni reservas, resulta cuanto menos llamativa en el actual contexto.
El contraste con las declaraciones de varios jefes de Estado y presidentes europeos es evidente. Mientras estos han hablado abiertamente de violación del derecho internacional y de responsabilidades claras tras la intervención de ayer, el mensaje del Ángelus ha evitado cualquier señalamiento directo, limitándose a una apelación genérica a la soberanía, la paz y el diálogo.