Finalizando diciembre se publicó en el Diario Oficial de la Generalidad Valenciana una reforma del Reglamento de Las Cortes que, sin hacer demasiado ruido, supone un cambio significativo en la forma de entender el Parlamento autonómico. La reforma, impulsada por VOX, eliminó el uso del llamado lenguaje inclusivo y suprimió varias comisiones creadas en los últimos años con un marcado perfil ideológico, entre ellas la LGTBI.
No hace falta ser politólogo para entender que aquí no estamos ante una simple cuestión administrativa. Esto va de algo más profundo: de si las instituciones están para gobernar o para adoctrinar ideológicamente a la sociedad.
Durante años nos han repetido que el lenguaje inclusivo era una cuestión de «justicia e igualdad». Que quien no lo usaba estaba excluyendo, discriminando o, directamente, odiando. Y así, poco a poco, ese lenguaje forzado, artificial y ajeno al derecho acabó colándose en normas, reglamentos y documentos oficiales.
El problema es que el lenguaje jurídico no está para experimentar ni para hacer activismo cultural. Está para ser claro, estable y comprensible. Cuando se convierte en un campo de batalla ideológica, deja de servir a su función. Que ahora se haya decidido volver a un lenguaje normal —el de siempre— no es un retroceso. Es simplemente sentido común.
Desde una mirada católica —y también desde una mirada simplemente racional— esto no es una cuestión menor. La ideología de género no choca únicamente con la fe católica: es una anti-antropología que entra en conflicto con la propia naturaleza humana, con la realidad del cuerpo, de la diferencia sexual y de la experiencia común de la humanidad a lo largo de la historia.
No estamos ante una restauración cristiana ni mucho menos. Tampoco hace falta exagerar. Pero sí conviene reconocer cuando algo apunta en la dirección correcta: menos militancia cultural desde el poder y más sentido de realidad.
A veces, defender la normalidad ya es una forma de resistencia. Ya lo decía G.K. Chesterton, que llegará el día en el que tengamos que defender que el pasto es verde.
