El Papa llama a los jóvenes a buscar el sentido de su vida en Cristo

El Papa llama a los jóvenes a buscar el sentido de su vida en Cristo

El papa León XIV dirigió un videomensaje a los participantes de las Conferencias SEEK26, que se celebran del 1 al 5 de enero en las ciudades estadounidenses de Columbus, Denver y Fort Worth. En su intervención, el Pontífice se dirigió especialmente a los jóvenes, invitándolos a interrogarse con honestidad sobre el sentido de su vida y su vocación, a partir de la pregunta evangélica de Jesús a los primeros discípulos: «¿Qué buscas?».

Inspirándose en el pasaje del Evangelio de san Juan sobre el encuentro de Andrés y otro discípulo con Cristo, León XIV subrayó que la fe nace de un encuentro personal con el Señor y que de ese encuentro brota necesariamente el celo misionero. El Papa animó a los asistentes a aprovechar la conferencia como un tiempo privilegiado de oración, sacramentos y adoración eucarística, y los exhortó a no tener miedo de acoger la llamada de Dios, ya sea al sacerdocio, a la vida consagrada o al matrimonio, confiando en que solo Cristo puede colmar los anhelos más profundos del corazón humano.

Dejamos el mensaje completo de León XIV:

Queridos amigos:

Es para mí un placer saludar a todos ustedes que participan en las Conferencias SEEK26 que se están llevando a cabo en Columbus, Denver y Fort Worth. Se encuentran reunidos durante el tiempo de Navidad, cuando algunas de las lecturas del Evangelio en la Misa proceden del primer capítulo del Evangelio de san Juan. Hacia el final de este capítulo aprendemos algo acerca de los dos primeros discípulos de Jesús, uno de los cuales era Andrés. Eran discípulos de Juan el Bautista y, después de que Juan se refiriera a Jesús como el Cordero de Dios, comenzaron inmediatamente a seguir a Jesús (cf. v. 36). Cuando Jesús los vio, se volvió y pronunció las primeras palabras que quedan registradas en el Evangelio de san Juan: «¿Qué buscáis?» (cf. v. 38).

Jesús hace esta pregunta a los discípulos porque conoce sus corazones. Estaban inquietos —en el buen sentido—. No querían conformarse con la rutina normal de la vida. Estaban abiertos a Dios y anhelaban un sentido. Hoy, Jesús dirige esta misma pregunta a cada uno de ustedes. Queridos jóvenes, ¿qué buscáis? ¿Por qué estáis aquí en esta conferencia? Tal vez vuestros corazones también estén inquietos, buscando sentido y plenitud, y orientación para vuestras vidas. La respuesta se encuentra en una persona. Solo el Señor Jesús nos trae la verdadera paz y la verdadera alegría, y colma cada uno de nuestros deseos más profundos.

Los discípulos responden preguntándole dónde se alojaba. No les bastaba con que alguien más les dijera que Jesús es el Cordero de Dios; querían conocerlo personalmente pasando tiempo con Él. Durante esta conferencia, ustedes también tendrán la oportunidad de pasar tiempo con el Señor. Para algunos de ustedes, como Andrés, puede ser su primer encuentro real con Cristo. Para otros, este fin de semana será una oportunidad para profundizar su relación con Él, así como su comprensión de la fe católica. ¡Estén abiertos a lo que el Señor tiene preparado para ustedes!

Los dos discípulos estuvieron inicialmente con Jesús solo unas pocas horas, pero ese encuentro cambió sus vidas para siempre. Lo primero que hizo Andrés después fue ir y decirle a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías» (cf. v. 41), es decir, «¡Hemos encontrado a aquel que estábamos buscando!». Es la respuesta que todos podemos dar una vez que también nosotros llegamos a conocer al Señor. Este pasaje, por tanto, nos habla también de lo que significa ser misionero. Después de encontrarse con Jesús, Andrés no pudo evitar compartir con su hermano lo que había encontrado. En efecto, el celo misionero nace de un encuentro con Cristo. Deseamos compartir con los demás lo que hemos recibido para que ellos también puedan llegar a conocer la plenitud del amor y de la verdad que solo se encuentran en Él. Rezo para que, al salir de esta conferencia, todos ustedes se sientan movidos por este mismo celo misionero a compartir con quienes los rodean la alegría que han recibido de un encuentro genuino con el Señor.

Queridos jóvenes, a medida que se acerquen a Jesús durante este fin de semana, a través de la convivencia, los sacramentos y la adoración eucarística, no tengan miedo de preguntarle a qué los está llamando. Algunos de ustedes, como Andrés y Simón Pedro, pueden ser llamados al sacerdocio, para servir al pueblo de Dios mediante la celebración de los sacramentos, mediante la predicación de la palabra de Dios, caminando junto al pueblo de Dios. Otros pueden ser llamados a la vida religiosa, a entregarse por completo a Dios; otros, finalmente, pueden ser llamados al matrimonio y a la vida familiar. Si sienten que el Señor los llama, no tengan miedo. Una vez más, permítanme subrayar que solo Él conoce los anhelos más profundos, quizá ocultos, de su corazón, y el camino que los conducirá a la verdadera realización. ¡Déjense conducir y guiar por Él!

Dado que esta conferencia comienza en la solemnidad de María, Madre de Dios, pidámosle que nos conduzca a Jesucristo, su Hijo, para que podamos llegar verdaderamente a conocerlo, a conocer su amor por nosotros y el maravilloso plan que tiene para cada una de nuestras vidas. De ese modo, nuestros corazones encontrarán verdaderamente descanso en Aquel a quien estamos buscando.

Encomendando a cada uno de ustedes a la intercesión materna de Nuestra Señora, invoco con gusto sobre todos ustedes y sobre sus familias las bendiciones divinas de este tiempo de Navidad.

Y que Dios todopoderoso los bendiga a todos ustedes, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén.

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