El año 2026 se perfila como un período especialmente incierto para la Iglesia católica en Venezuela, en un contexto marcado por el deterioro institucional, la represión política y el progresivo cierre de espacios de libertad. Así lo advierten analistas y expertos consultados por ACI Prensa, que no descartan un escenario de persecución religiosa similar al que desde hace años sufre la Iglesia en Nicaragua bajo la dictadura de Daniel Ortega.
El episcopado venezolano ha reiterado en los últimos meses que la realidad nacional ensombrece incluso celebraciones centrales como la Navidad. En su mensaje de fin de año, los obispos volvieron a denunciar el peso de la crisis económica, el colapso de los servicios básicos y el clima de tensión política que afecta directamente a la población, especialmente a los más vulnerables.
A este panorama se suma el agravamiento de la persecución política e ideológica por parte del régimen chavista, que mantiene a cientos de presos —incluidos menores— en condiciones denunciadas por organismos internacionales. La Iglesia no ha quedado al margen de esta dinámica y, según diversos observadores, ha comenzado a sufrir un hostigamiento cada vez más directo.
El politólogo venezolano Víctor Maldonado explicó a ACI Prensa que la relación entre el chavismo y la Iglesia católica es “muy mala”, aunque el episcopado ha intentado mantener una postura prudente para evitar una embestida frontal como la vivida en Nicaragua. Esta estrategia, afirmó, responde a una lógica de “defensa de espacios” ante el riesgo de una persecución abierta.
Sin embargo, Maldonado advirtió que en los últimos meses de 2025 se han intensificado los ataques verbales, el desprecio institucional y el acoso contra obispos y figuras eclesiales, especialmente contra el cardenal Baltazar Porras, arzobispo emérito de Caracas, quien ha denunciado con mayor claridad la situación del país.
Desde una perspectiva comparativa, la investigadora nicaragüense Martha Patricia Molina —autora del informe Nicaragua: una Iglesia perseguida— señaló que las dictaduras tienden a atacar sistemáticamente a cualquier poder social que no se someta a su proyecto. Cuando desaparecen los espacios cívicos de resistencia, explicó, la Iglesia suele convertirse en el siguiente objetivo.
Molina subrayó la importancia de que los venezolanos identifiquen desde ahora los patrones de represión utilizados en Nicaragua contra la libertad religiosa, y destacó la urgencia de formar a laicos y clérigos en la denuncia pública como mecanismo de resistencia pacífica.
En la misma línea, Maldonado indicó que el chavismo ha promovido activamente otras expresiones religiosas, como la santería o ciertos grupos protestantes, con el objetivo de debilitar la hegemonía histórica del catolicismo. También denunció la instrumentalización de sacerdotes afines al régimen para legitimar su agenda política, lo que ha generado confusión y escándalo entre los fieles.
Por su parte, Marcela Szymanski, experta en libertad religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada, explicó que los regímenes autocráticos temen especialmente a los líderes religiosos, ya que representan una autoridad moral independiente. Cuando no logran cooptarlos, afirmó, recurren a su eliminación mediante métodos violentos o no violentos, a menudo en alianza con el crimen organizado.
Szymanski advirtió que, aunque en Venezuela todavía existe cierta preocupación por la imagen internacional, esta barrera se debilita progresivamente. En este contexto, insistió en que la fortaleza de la Iglesia perseguida reside en la fe, la oración y la perseverancia de sacerdotes, religiosos y laicos que permanecen junto al pueblo que sufre.
