Pedro María Sandoica y Granados, médico rural y seglar católico de 60 años, será beatificado en Jaén tras haber entregado su vida por Cristo en 1936. Nacido en Linares en 1876, desarrolló su labor profesional en Villargordo (Jaén) volcado en la asistencia a los más pobres y vulnerables de su comunidad. Fue asesinado por odio a la fe el 25 de septiembre de 1936 en Mengíbar, tras ser detenido por milicianos del Frente Popular.
Conocido entre sus vecinos por su vocación de servicio, el doctor Sandoica compaginaba la medicina con un profundo compromiso social y religioso. Atendía gratuitamente a enfermos sin recursos y promovía iniciativas de justicia social para mejorar las condiciones de los obreros de la zona. Católico practicante, participaba activamente en su parroquia: revitalizó la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y lideró el Apostolado de la Oración local, fomentando la devoción al Santísimo Sacramento y al Sagrado Corazón. Junto a su esposa (no tenían hijos propios), acogió como ahijados a numerosos niños humildes, a quienes costeaba estudios y sustento. En Villargordo aún se recuerda que muchos pequeños fueron bautizados con el nombre compuesto “Pedro María” en gratitud a su padrinazgo generoso.
La espiral de persecución de julio de 1936 alcanzó también a este médico ejemplar. Por el solo hecho de ser un referente católico en su pueblo, fue arrestado bajo falsas acusaciones políticas. Consta en los registros que fue detenido el 24 de septiembre de 1936, permaneciendo recluido en la improvisada cárcel de la ermita del Cristo de la Salud junto a otros creyentes locales. Al día siguiente, 25 de septiembre, fue fusilado sin juicio a las afueras de Mengíbar. Tenía 60 años. Sus captores no le perdonaron su activa vida de fe, a pesar de que dedicó sus esfuerzos a ayudar a todos, sin distinción.
Pedro Sandoica muere dejando tras de sí un rastro de bondad en su comunidad. Quienes lo conocieron testificaron su inmensa caridad cristiana, coherente hasta el final. Su beatificación reivindica la figura del laico comprometido, del profesional que hace de su trabajo un apostolado de amor al prójimo. La Iglesia lo presenta ahora como modelo de médico católico que vivió el Evangelio en obras y selló con su sangre la autenticidad de su fe. Su memoria invita a servir a los demás con la misma entrega generosa y valiente.
