Manuel Izquierdo Izquierdo, sacerdote diocesano de 83 años y párroco de Villardompardo, fue martirizado en la localidad jiennense de Torredonjimeno el 28 de septiembre de 1936. Su vida de entrega pastoral culminó en un suplicio atroz, sufrido por permanecer fiel a su fe durante la persecución religiosa desatada en la Guerra Civil Española.
Manuel Izquierdo nació en 1853 y fue ordenado en 1891. Durante décadas sirvió en parroquias rurales, llegando en 1921 a la de Nuestra Señora de Gracia de Villardompardo, donde pastoreó hasta el comienzo de la contienda en 1936. Tenía ya más de 80 años cuando estalló la violencia anticlerical en Jaén. A pesar del riesgo, no abandonó a sus feligreses. Se mantuvo en su puesto, consciente del peligro pero confiado en su deber sacerdotal. La oleada revolucionaria alcanzó su pueblo aquel verano: iglesias profanadas, detenciones y agresiones a personas por el solo hecho de creer.
Detenido por milicianos, el padre Izquierdo sufrió un calvario previo a su muerte. Según recogen las investigaciones históricas, fue objeto de humillaciones y torturas antes de ser ejecutado: los revolucionarios lo pasearon a la fuerza montado en un burro para escarnio público, lo derribaron y lo mutilaron salvajemente antes de matarlo. Su martirio, consumado el 28 de septiembre de 1936, quedó documentado como particularmente cruel, reflejo extremo del odio antirreligioso de aquellos días.
Aun ante tal horror, Manuel Izquierdo no renegó de su fe. Su testimonio, ahora reconocido oficialmente por la Iglesia, es semilla de fidelidad. Su figura, venerada ya localmente, subraya la victoria de la perseverancia y la caridad sobre la violencia: un anciano sacerdote que no abandonó a su rebaño y selló con su sangre una vida de servicio a Dios.
