Francisco de Paula Padilla Gutiérrez, sacerdote diocesano de 45 años (natural de Marmolejo), se ofreció voluntariamente a morir en lugar de otro prisionero y fue fusilado el 3 de abril de 1937. Este acto heroico, comparable al de San Maximiliano Kolbe, le ha valido el apelativo de “el Kolbe jiennense”. Su martirio tuvo lugar en Mancha Real (Jaén), en el contexto de la persecución religiosa de la Guerra Civil, y su beatificación será celebrada ahora por la Iglesia como testimonio de caridad suprema.
Párroco de San Martín de Tours en Arjona, el padre Padilla fue arrestado en 1936 por las autoridades republicanas debido a su condición de sacerdote. Permaneció encarcelado varios meses, primero en Arjona y luego en la cárcel de Jaén, junto a numerosos religiosos y laicos detenidos “por odio a la fe”. En aquellas durísimas circunstancias, Francisco de Paula destacó por su ánimo y por asistir espiritualmente a sus compañeros de cautiverio. La madrugada del 3 de abril de 1937, los milicianos procedieron a una “saca” de presos para ejecutar a varios de ellos sin juicio previo.
Cuando en la prisión llamaron a un padre de familia de seis hijos llamado José para sacarlo al paredón, el recluso rompió en llanto implorando clemencia por sus pequeños. Fue entonces cuando el sacerdote Padilla dio un paso al frente y suplicó tomar su lugar, dispuesto a morir por aquel desconocido angustiado. Su gesto desconcertó momentáneamente a los verdugos, que finalmente accedieron al insólito intercambio. Francisco de Paula Padilla fue llevado al destino fatal en sustitución del otro hombre. “Como Maximiliano Kolbe, ofreció su vida a cambio de la de otro prisionero”, documenta la Positio de su causa. Fue fusilado en las afueras de Mancha Real junto a un grupo de reos, mientras el padre de familia salvado por él quedaba en la cárcel, atónito ante el sacrificio que acababa de presenciar.
El martirio del padre Padilla, sellado por amor al prójimo, es uno de los más emblemáticos entre los nuevos beatos de Jaén. Su nombre encabeza hoy la lista de los 124 mártires aprobados por la Santa Sede, y su historia ha conmovido a fieles dentro y fuera de España. La beatificación del “Kolbe jiennense” pone de relieve la caridad heroica de un pastor que literalmente imitó a Cristo dando la vida por otro. Su testimonio, casi ocho décadas después, sigue inspirando a los creyentes a vivir la fe con ese amor sacrificial y a ver en cada necesitado un hermano por quien vale la pena entregarse.
