Antonio Montañés Chiquero, párroco fiel hasta el final en 1936

Antonio Montañés Chiquero, párroco fiel hasta el final en 1936

Antonio Montañés Chiquero, sacerdote diocesano nacido en 1870, fue párroco de Santa María la Mayor de Alcalá la Real (Jaén) hasta su martirio el 12 de septiembre de 1936. Con 66 años de edad, este pastor permaneció fiel a su ministerio en una de las épocas más convulsas, negándose a huir pese al riesgo. Su entrega sacerdotal y su muerte por odio a la fe han sido ahora reconocidas por la Iglesia, que lo beatificará en Jaén junto con otros 123 mártires jiennenses.

Ordenado en 1893, Antonio Montañés desempeñó su labor pastoral en varias parroquias de Jaén a lo largo de más de cuatro décadas. Finalmente fue designado párroco de la Iglesia Mayor de Alcalá la Real, donde le sorprendió la Guerra Civil. En el verano de 1936, tras el estallido de la persecución religiosa, decidió permanecer junto a sus feligreses. Como tantos sacerdotes de Jaén, no quiso abandonar su parroquia a pesar de las amenazas crecientes. Su presencia y consuelo espiritual fueron un soporte para los fieles en aquellas semanas de incertidumbre.

La fidelidad del cura Montañés tuvo un desenlace trágico cuando las milicias del Frente Popular tomaron Alcalá la Real. El 12 de septiembre de 1936, el párroco fue arrestado por los revolucionarios. Se le ofreció la posibilidad de salvar la vida a cambio de abjurar o simplemente de haberse ocultado, pero Antonio optó por mantenerse firme en su vocación. Fue fusilado ese mismo día, junto a otros clérigos locales, tras un simulacro de juicio sumarísimo. Los testimonios señalan que afrontó la muerte con entereza cristiana, perdonando a quienes lo ejecutaban.

La causa de beatificación de los mártires de Jaén lleva el nombre de Antonio Montañés Chiquero como uno de sus referentes principales. Este hecho subraya la importancia de su figura: representativa de tantos párrocos que siguieron cuidando de su pueblo en plena tormenta de odio. Su elevación a los altares es un reconocimiento a la entrega pastoral sin límites y a la fidelidad absoluta al Evangelio. En la memoria de la diócesis queda su ejemplo: un sacerdote humilde y valiente, que murió por Cristo y cuyos últimos gestos fueron de servicio y fe inquebrantable.

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