A poco más de un mes del primer consitorio extraordinario del pontificado de León XIV, diversas señales apuntan a que la reunión del 7 y 8 de enero no será un mero acto protocolario, sino el inicio de un cambio significativo en la forma de gobernar la Iglesia. Según adelanta Pelican+, el encuentro simboliza una recuperación del estilo tradicional de gobierno pontificio, tras un largo periodo en el que el Vaticano funcionó bajo estructuras más centralizadas y marcadas por la figura personal del Papa Francisco.
El próximo consitorio será el primero que León XIV afronta sin la agenda heredada del Jubileo, lo que permitirá ver sus propias prioridades. Su sola convocatoria ya supone un contraste con el pontificado anterior, durante el cual estos eventos fueron escasos, muy controlados y de alcance limitado. Ahora, cardenales y observadores esperan que enero inaugure una dinámica más colegial y menos dependiente del círculo inmediato del pontífice.
Reformas en la Curia: restauración de competencias tradicionales
En las últimas semanas, el Papa ha emprendido ajustes en la estructura de la Curia Romana, revirtiendo varias disposiciones implementadas por su predecesor. Entre los cambios más relevantes está la restitución de determinadas competencias a la Secretaría de Estado, debilitada en los últimos años y relegada en favor de un modelo de gobierno más personalista y variable.
León XIV ha subrayado que cada dicasterio debe responsabilizarse plenamente de las materias propias de su ámbito, reafirmando la autonomía tradicional de las oficinas curiales. Esta orientación pretende corregir la tendencia reciente a la dispersión de competencias y a la toma de decisiones concentrada de forma irregular en la figura del pontífice.
Otro aspecto destacado es la nueva obligación de que los asuntos presentados directamente por fieles a la Santa Sede sean estudiados no solo por el dicasterio competente, sino también por el ordinario eclesiástico correspondiente. Este cambio refuerza el papel de la Curia en la atención a los laicos y, al mismo tiempo, evita que determinadas cuestiones se diluyan en despachos intermedios.
Primeros cambios de personal: señales hacia una reordenación mayor
Además de las modificaciones estructurales, el Papa ha iniciado una reconfiguración de cargos. En su casa pontificia ha nombrado a un agustino como vice-regente de la Prefectura y ha elevado a su secretario al rango de monseñor.
En el ámbito curial, el 27 de noviembre nombró al obispo Marco Mellino como secretario adjunto del Dicasterio para los Textos Legislativos, un cargo lateral más que ascendente. Mellino, que había sido secretario de la comisión para la reforma del Reglamento General de la Curia y secretario del conocido Consejo de Cardenales creado por el Papa Francisco, deja así uno de los órganos más influyentes del pontificado anterior. El movimiento es interpretado como una señal clara de que León XIV evalúa con prudencia la herencia del Consejo y recalibra su peso dentro del nuevo gobierno.
El hecho de que Francisco nunca incorporara al cardenal Robert Prevost —a pesar de su rápido ascenso— al Consejo de Cardenales, se suma ahora al relevo de Mellino, configurando un viraje perceptible respecto al modelo de gobernanza del pontífice argentino.
Dicasterios pendientes y la incógnita Fernández
Un elemento decisivo del “Vaticano leonino” será la designación definitiva de los prefectos de los dicasterios. Por ahora, los responsables nombrados por Francisco permanecen en sus puestos de manera provisional hasta que el Papa adopte decisiones de fondo. Entre las figuras más observadas se encuentra el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cuya gestión ha estado marcada por polémicas y críticas, especialmente tras la reciente nota Mater Populi Fidelis, que desató un debate innecesario dentro de la Iglesia.
Aunque Fernández y el dicasterio aún trabajan en dos documentos heredados del pontificado anterior, muchos vaticanistas dudan de que el Papa León XIV mantenga al cardenal argentino hasta el final de su mandato en 2028, debido a su perfil controvertido y al deseo general de encaminar la Doctrina de la Fe hacia una etapa más estable y menos conflictiva.
Un estilo distinto: menos ruido, más dirección
La impresión general es que León XIV avanza con discreción pero con rumbo claro. No imita el ritmo acelerado y la intervención constante que caracterizó a Francisco, pero ya ha movido piezas clave. El consistorio de enero será el momento en que estos cambios comiencen a consolidarse visiblemente y en el que el nuevo pontificado defina, por fin, sus propias líneas de gobierno.