Una isla remota de Indonesia sostiene la formación de cientos de futuros sacerdotes

Una isla remota de Indonesia sostiene la formación de cientos de futuros sacerdotes

En el archipiélago indonesio, la isla de Flores se ha consolidado como uno de los principales centros de formación sacerdotal del mundo. Allí, un entramado de seminarios dirigidos por distintas congregaciones religiosas continúa enviando cada año decenas de vocaciones a diócesis y misiones de todos los continentes. Más del 80% de sus dos millones de habitantes son católicos, herencia de la evangelización iniciada en el siglo XVI por misioneros portugueses.

Una red de seminarios con proyección global

Flores, situada a unos 800 kilómetros al este de Bali, alberga varios seminarios mayores y menores, especialmente concentrados en torno a Maumere, en la costa norte. Congregaciones como los Misioneros del Verbo Divino (SVD), los padres Somascos, los Rogacionistas, los Vocacionistas y los Carmelitas mantienen allí casas de formación que alimentan una red pocas veces vista en Asia.

El arzobispo Paulus Budi Kleden, originario de Flores y miembro de los SVD, subraya al National Catholic Register el impacto global del sistema formativo de la isla. Explicó que muchos de sus seminaristas acaban sirviendo en otros países como sacerdotes diocesanos o religiosos. Solo en los seminarios menores hay actualmente 650 estudiantes en niveles de secundaria que alimentan este flujo vocacional.

El papa Francisco aludió a esta realidad en una homilía de 2022, cuando mencionó que algunas congregaciones buscan vocaciones “en una isla de Indonesia”, en referencia a su aportación constante de jóvenes al sacerdocio.

Ledalero, uno de los centros de formación más influyentes

Entre las instituciones de Flores destaca el Seminario Mayor San Pablo, en la colina de Ledalero, fundado en 1937 por los Misioneros del Verbo Divino. Originalmente dedicado a los novicios SVD, pronto abrió sus puertas a jóvenes locales y a miembros de otras congregaciones. Desde entonces ha formado a casi 1.500 sacerdotes SVD, de los cuales unos 500 sirven actualmente en más de 70 países.

El proceso formativo incluye cuatro años de filosofía, dos de teología y uno o dos de servicio pastoral previo a la ordenación. Aquellos que deciden no continuar con el camino sacerdotal pueden obtener un título universitario en la vecina Escuela de Filosofía Católica de Ledalero.

El padre Sefrianus Juhani, profesor del seminario, señala que las vocaciones siguen siendo “dinámicas”, con un ingreso anual tras el noviciado que casi nunca baja de 50 nuevos candidatos. Aun así, la prioridad del seminario —afirma— no es la cantidad, sino la formación de hombres maduros, disciplinados, espiritualmente sólidos y comprometidos con el servicio.

Desafíos: la tecnología, los recursos y la vida comunitaria

El entorno digital es uno de los principales retos para los formadores. Los seminarios limitan estrictamente el uso de dispositivos electrónicos y el acceso a internet para favorecer la concentración, el silencio interior y la vida espiritual. Estas normas buscan fomentar la responsabilidad personal y la autodisciplina.

Las dificultades económicas también forman parte del día a día. Con más de 320 seminaristas, los recursos suelen ser insuficientes. El mantenimiento del seminario depende del trabajo conjunto de formadores y estudiantes, que cultivan sus propios huertos y crían animales para abastecerse. Los seminaristas, además, administran sus propios gastos con un estipendio mensual.

La diversidad social y familiar de los candidatos es otra característica distintiva. Algunos provienen de familias acomodadas; otros, de hogares muy humildes. Esta mezcla —indica el padre Juhani— enriquece la vida en comunidad y enseña a los futuros sacerdotes a construir una fraternidad intercultural y abierta.

Formación integral en contacto con la comunidad

El ritmo diario en Ledalero incluye oración, clases, estudio, labores manuales y actividades culturales como coro, talleres de escritura y grupos artísticos. Los fines de semana se dedican a la pastoral: acompañan a jóvenes, visitan a enfermos y a presos, y colaboran en proyectos comunitarios.

La implicación con el entorno también se hace visible en la defensa del medioambiente. Los seminaristas han participado en protestas contra proyectos mineros y ayudan a las comunidades locales a expresar sus preocupaciones ecológicas. Durante las erupciones del volcán Lewotobi en julio y octubre, estuvieron presentes en las labores de evacuación y asistencia.

Según el padre Juhani, el seminario es “una escuela de vida” donde los jóvenes aprenden a vivir en fraternidad, cultivar la interioridad y desarrollar una auténtica vocación de servicio. Cada año se suman nuevos candidatos que, con historias y orígenes diversos, comparten el mismo deseo de entregar su vida a la Iglesia.

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