El papa León XIV visitó este lunes 1 de diciembre el monasterio maronita de San Marón, en Annaya, donde reposan los restos de san Chárbel Maklūf. El Pontífice llegó al lugar en automóvil y papamóvil en la mañana. A su llegada fue recibido por el superior del convento y por el superior general de la Orden Libanesa Maronita, quienes lo acompañaron hasta el interior del recinto.
Antes de entrar en la capilla que custodia la tumba del santo, el Papa fue saludado por el presidente de la República del Líbano y por su esposa. Tras un canto de entrada y un momento de oración silenciosa ante la tumba, el superior general, abate Mahfouz Hady, dio la bienvenida oficial al Santo Padre, quien posteriormente pronunció su saludo.
El mensaje del Papa: oración, humildad y conversión
En su intervención, León XIV agradeció la acogida e indicó que llegaba como peregrino al sepulcro de san Chárbel, cuyo testimonio definió como un legado para la Iglesia universal. Destacó que, a pesar de haber llevado una vida oculta y silenciosa, el santo libanés enseña actitudes esenciales para la vida cristiana: oración para quienes viven lejos de Dios, silencio en medio del ruido, modestia frente a la apariencia y pobreza frente al deseo de riquezas.
El Papa subrayó que el ejemplo de san Chárbel interpela de modo particular a obispos y sacerdotes por la radicalidad evangélica de su coherencia, aunque su mensaje —dijo— alcanza a todos los bautizados.
Recordó también la importancia de la intercesión del santo, que en vida fue buscado por numerosos fieles en busca de consuelo y consejo, y cuya devoción, tras su muerte, ha crecido hasta convertir Annaya en un destino mensual de peregrinación para miles de personas.
Oración por la Iglesia, el Líbano y Oriente Próximo
León XIV pidió poner bajo la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia y del mundo. Para la Iglesia, solicitó especialmente comunión y unidad —desde las familias hasta las comunidades parroquiales y la Iglesia universal—, mientras que para el mundo imploró el don de la paz, con un recuerdo particular para el Líbano y todo Oriente Próximo.
El Papa afirmó que “no hay paz sin conversión del corazón” y llamó a pedir ese don para todos los fieles, confiando en la ayuda del santo libanés para orientar la vida hacia Dios.
Como gesto simbólico, León XIV ofreció una lámpara votiva al monasterio, señalando que representa la luz que san Chárbel encendió espiritualmente en el país. Encomendó al santo la protección del pueblo libanés “para que camine siempre en la luz de Cristo”.
Visita al museo y continuación del itinerario
Tras la oración final y la entrega de un obsequio al Papa, el superior del convento acompañó a León XIV en una visita al museo del monasterio, donde se conservan objetos históricos y reliquias vinculadas a la vida del santo.
Al concluir la visita, el Pontífice partió en automóvil hacia el santuario de Nuestra Señora del Líbano, en Harissa, para continuar con su programa oficial en el país.
Dejamos a continuación las palabras completas de León XIV:
Queridos hermanos y hermanas:
Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza.
Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho.
Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?
Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto.
En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.
Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo.
Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.
Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!