A fines de octubre, la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) publicó una guía educativa sobre la “aceptación incondicional de todas las orientaciones sexuales e identidades de género” en los centros escolares católicos. El documento anima explícitamente a los alumnos a definirse según su “identidad sexual” y afirma que la “diversidad de identidades sexuales es un hecho”, normalizando la autoidentificación como lesbiana, gay, bisexual, transgénero, intersexual o no binaria. Además, insta a los profesores a emplear un lenguaje que refleje esa diversidad y a presentar la moral sexual católica como un “tema disputado”, dejando a criterio de los estudiantes su juicio personal.
La iniciativa supone un nuevo distanciamiento de la doctrina católica en materia de antropología y moral sexual. Hasta ahora, sólo tres obispos se han manifestado públicicamente en contra del documento: Stefan Oster (Passau), Rudolf Voderholzer (Ratisbona) y el cardenal Rainer Maria Woelki (Colonia).
Gabriele Kuby denuncia la deriva doctrinal
En una entrevista publicada por The Academy Review la socióloga católica Gabriele Kuby —referente internacional en el análisis crítico de la ideología de género— afirmó que esta deriva es consecuencia directa de la falta de corrección por parte del Vaticano hacia los obispos alemanes.
Según Kuby, el episcopado que promovió el Camino Sinodal (2019-2023) ha tratado de reformular la enseñanza moral de la Iglesia, introducir bendiciones litúrgicas para parejas del mismo sexo y, ahora, normalizar expresiones de identidad sexual contrarias a la antropología cristiana. “Los obispos no están cumpliendo lo que prometieron en su ordenación”, lamentó, acusándolos de no salvaguardar la fe ni proteger a las familias que buscan mantener a sus hijos fieles a la doctrina católica.
«Están prisioneros en su burocracia y en los medios de comunicación. Para ser fieles a Jesús, deben estar dispuestos a tomar su cruz y seguir a Jesucristo, sin importar qué».
La socióloga denuncia que las escuelas católicas se ven obligadas a “adoptar la agenda LGBTQ y la ideología de género”, dejando desamparadas a las familias que buscan proteger a sus hijos:
«Los padres deben levantarse. Su primera obligación es proteger a sus hijos. Tienen que mostrar que están dispuestos a luchar, que no habrá silencio ni compromiso».
El impacto principal de estas políticas recae sobre los niños. Afirma que la confusión identitaria inducida, la ruptura familiar y la pérdida de referentes morales están generando una “generación abandonada”, con cifras crecientes de depresión, ansiedad y desesperanza.
La inacción de Roma ha permitido que avance la agenda ideológica
Kuby considera que la inacción del Vaticano ha permitido que el Camino Sinodal alemán avance en propuestas “radicalmente incompatibles” con la moral cristiana. Aunque reconoce que el Papa Francisco frenó los intentos de alterar la estructura jerárquica de la Iglesia, lamenta que nunca haya intervenido cuando el episcopado alemán comenzó a desmantelar la enseñanza sobre sexualidad y matrimonio.
«Mi problema con el papa Francisco es que fue ambiguo. No apoyó el Camino Sinodal, pero tampoco intervino en la agenda LGBTQ de los obispos alemanes».
“Espero que el Papa León XIV tome esta batalla en sus manos”, afirma, señalando que la permisividad frente a estas desviaciones está facilitando su exportación a otros países.
La ideología de género como “asalto histórico” a los menores
«El boleto sobre el cual viajó todo el movimiento sexual/homosexual fue que las personas LGBTQ están discriminadas, que no tienen derechos humanos, que son las víctimas. Pero ¿quiénes son las verdaderas víctimas de la revolución sexual? En muchos casos, los homosexuales están incluso privilegiados. Están en los rangos más altos de la sociedad, y nadie se atreve a decir nada en su contra porque te puede costar tu existencia, tu trabajo, todo, en cuanto abres la boca».
La socióloga señala que la revolución sexual y la normalización de identidades fluidas han dejado consecuencias devastadoras para los jóvenes: depresión, confusión afectiva y ruptura familiar. Describe la expansión del transgenerismo como un “ataque histórico contra la infancia”, impulsado por ONG, gobiernos, medios de comunicación y, ahora, ciertos sectores eclesiales.
Denuncia también que psicológicamente se fuerza a terapeutas y educadores a “afirmar” cualquier autodeclaración de identidad, incluso cuando se trate de menores vulnerables. “Mutilar cuerpos sanos será recordado como uno de los grandes crímenes de nuestra época”, advierte.
Un contraste: el islam resiste, la Iglesia cede
La sociologa señala que el Estado alemán no se atreve a imponer el mismo programa en escuelas islámicas porque encontraría una resistencia inmediata. “Esto debería hacernos preguntar en qué creen realmente nuestros obispos”, comenta.
«El Gobierno no está imponiendo la agenda sexual en las escuelas predominantemente islámicas porque saben que realmente tendrían problemas con los musulmanes, quienes no dudan en usar la violencia cuando algo va contra sus creencias».
Al mismo tiempo, afirma que los cristianos serán quienes deberán proteger a personas homosexuales frente a posibles violencias del fundamentalismo islámico: “No queremos asumir su visión sobre la sexualidad, pero sí defender la dignidad de toda persona”.
Signos de esperanza en medio de la crisis
A pesar de la gravedad del panorama, Kuby ve motivos para la esperanza. Habla de un “nuevo discipulado” que está surgiendo, formado por fieles profundamente arraigados en la oración, la Escritura y la vida sacramental. Valora positivamente movimientos de renovación espiritual y la difusión de plataformas católicas serias de formación.
«La gran apostasía está ocurriendo a nuestro alrededor. Pero el mismo Jesús dijo que esto debe suceder antes de la Segunda Venida de Cristo».
