El terrorismo islamista mantiene desde hace décadas una obsesión constante: atacar a los cristianos. Así lo confirma una nota de síntesis de la Dirección General de la Seguridad Interior de Francia (DGSI), obtenida por Le Figaro, que analiza las amenazas específicas contra la comunidad cristiana y la persistencia del odio yihadista hacia los “cruzados”. El documento cobra especial relevancia tras el atentado del 10 de septiembre en Lyon, donde fue agredido Ashur Sarnaya, un iraquí cristiano en silla de ruedas, en el tercer ataque islamista ocurrido en Francia en 2025.
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Un odio ideológico alimentado durante décadas
La DGSI señala que el discurso islamista radical ha situado durante más de treinta años a los cristianos como enemigos prioritarios. Tanto Al-Qaeda como el Estado Islámico califican repetidamente a los cristianos como “incrédulos”, “idólatras”, “infieles” o “asociacionistas”. Este lenguaje no es accidental: responde a una estrategia doctrinal que presenta a Occidente y al cristianismo como una misma realidad hostil. De este modo, las cruzadas, la colonización y las intervenciones militares recientes en lugares como Afganistán, Malí, Irak o Siria se mezclan en una narrativa victimista destinada a justificar la violencia.
La propaganda islamista rechaza explícitamente el diálogo interreligioso y promueve atacar a las comunidades cristianas con un objetivo calculado: dividir internamente a las sociedades occidentales y provocar reacciones que faciliten el reclutamiento yihadista. Ya en 2005, el ideólogo Abu Musab al-Suri proponía desencadenar respuestas hostiles contra los musulmanes europeos para empujarlos hacia la radicalización.
El yihadismo lo ha dicho sin disimulo: conquistar, esclavizar, destruir
La advertencia de la nota se sustenta en abundantes llamamientos públicos de líderes y organizaciones yihadistas. Osama Ben Laden ya había lanzado en 1998 una fatwa global contra los “judíos y cruzados”. Su sucesor, Ayman al-Zawahiri, continuó el mismo discurso, presentando el mundo como un escenario de confrontación total entre musulmanes y cristianos.
El Estado Islámico ha empleado un lenguaje aún más brutal. En 2014, su portavoz Abu Mohammed al-Adnani prometió “conquistar Roma”, “quebrar las cruces” y “reducir a las mujeres [cristianas] a la esclavitud”. La revista francófona de Daesh, Dar al-Islam, instaba en 2015 a atacar iglesias para “instalar el miedo en su corazón”. En 2020, la agencia yihadista Thabat llamó a responder a la supuesta “islamofobia” francesa con ataques directos contra templos cristianos. Y en enero de 2024, el Estado Islámico lanzó una campaña internacional titulada: “Mátenlos dondequiera que los encuentren”, dirigida contra judíos y cristianos.
De la teoría al horror: atentados y asesinatos en el mundo
La consecuencia de este odio estructurado es una cadena de atentados que se extiende por más de treinta años. La DGSI recuerda que en la década de 1990, al menos 19 religiosos fueron asesinados en Argelia por el Grupo Islámico Armado. En Pakistán, Al-Qaeda ha sido determinante en la campaña de violencia contra los cristianos desde los años 2000. En 2015, el mundo vio horrorizado la ejecución de 21 coptos egipcios en Libia, filmada y difundida por el Estado Islámico como “un mensaje firmado con sangre a la nación de la cruz”.
Europa tampoco ha quedado al margen. El atentado de 2016 en el mercado navideño de Berlín reveló un odio profundo contra los cristianos: el autor, un tunecino previamente encarcelado en Italia, insultaba y amenazaba a sus compañeros de celda cristianos.
Francia, objetivo recurrente: iglesias atacadas, sacerdotes degollados
Francia lleva un cuarto de siglo bajo amenaza islamista dirigida explícitamente contra los cristianos. Ya en el año 2000 se frustró un plan para atacar la catedral y el mercado de Navidad de Estrasburgo. Años después, ese mismo mercado fue escenario del atentado cometido por Chérif Chekatt en diciembre de 2018.
La lista de ataques consumados o frustrados es extensa:
2015: Sid Ahmed Ghlam preparó atentados contra iglesias de Villejuif y consideró atacar también el Sacré-Cœur de Montmartre.
2016: en Saint-Étienne-du-Rouvray, terroristas islamistas degollaron al padre Jacques Hamel en pleno templo, designando explícitamente a los cristianos como enemigos del islam.
2016: un coche bomba estuvo a punto de estallar frente a Notre-Dame de París.
2017: un policía fue atacado por un yihadista en la explanada de la catedral.
2020: tres personas fueron asesinadas en la basílica de Niza en un ataque cometido “en nombre de Alá”.
2021: una joven radicalizada fue detenida en Béziers mientras planeaba un atentado contra la iglesia de su barrio.
La nota de la DGSI subraya un patrón claro: los cristianos —sus templos, sus ministros y sus fieles— se han convertido en blancos privilegiados de la violencia islamista.
Una amenaza persistente que exige realismo y vigilancia
El informe de la inteligencia francesa confirma una realidad que muchos responsables políticos en Europa han minimizado durante años: la violencia yihadista no es aleatoria, sino ideológicamente dirigida contra objetivos cristianos. Esta hostilidad se articula en discursos, manuales de radicalización, publicaciones digitales y campañas globales, y tiene como consecuencia directa una serie de atentados cada vez más brutales.
La Iglesia en Europa vive hoy una situación paradójica: mientras sus instituciones y símbolos son objetivo declarado del terrorismo, en muchas sociedades europeas se evita reconocer el componente antirreligioso —y específicamente anticristiano— de estos ataques. La DGSI, por el contrario, no deja lugar a dudas: el cristianismo está en el centro de la diana yihadista.
