El teólogo Paul Zulehner plantea una Iglesia futura basada en laicos y “sacerdotes voluntarios”

El teólogo Paul Zulehner plantea una Iglesia futura basada en laicos y “sacerdotes voluntarios”

El teólogo vienés Paul Zulehner —doctor en Filosofía y Teología y ordenado sacerdote en 1964— una de las referencias más influyentes del pensamiento pastoral en el mundo germanoparlante, sostiene que la Iglesia está entrando en una etapa de cambios profundos que transformarán su estructura tradicional. En una entrevista concedida al semanario de las archidiócesis de Viena y Salzburgo, afirma que el futuro eclesial no girará en torno al sacerdocio, sino alrededor de los laicos y del voluntariado.

“La Iglesia del futuro será una Iglesia de voluntarios”

Para Zulehner, Europa no está condenada a desaparecer religiosamente, pero sí se dirige hacia un modelo eclesial distinto. Según su análisis, la disminución drástica de vocaciones obliga a la Iglesia a buscar nuevas vías:

“Necesitamos otras fuentes para el ministerio ordenado, porque el número de sacerdotes disponibles es dramáticamente bajo.”

El teólogo — lejos de plantear la oración y el trabajo pastoral por las vocaciones— sostiene que, de seguir la tendencia actual, la Iglesia dependerá cada vez más del voluntariado, hasta el punto de que —según afirma— ya hoy quedaría paralizada sin la colaboración de los laicos. Aun así, denuncia que siguen teniendo poca capacidad de decisión en la vida de la Iglesia. Aspecto que el Sínodo Alemán se ha dedicado a solucionar al pie de la letra.

Una reorganización pastoral sin “clericalismo autoritario”

Como si no tuviéramos ya suficiente sinodalidad, Zulehner propone avanzar hacia una “cultura sinodal del ministerio”, en la que el modelo clerical tradicional, calificado por él como “autoritario”, no tendría cabida. Asegura que un laicado más formado, con un voluntariado estructurado y profesional, podría dar lugar a una forma de vivir la fe más dinámica, más cercana y más satisfactoria para las comunidades.

A su juicio, la Iglesia basada en el sacerdote como “proveedor” de servicios pastorales “está llegando a su fin” y, además, no podría sostenerse económicamente en el futuro, despojando así el sacramento del orden sacerdotal de toda sacralidad y trascendencia sobrenatural.

Detectar vocaciones, formar voluntarios y reconocer su trabajo

Zulehner insiste en que todos los bautizados tienen una misión y que esa “vocación bautismal” debe traducirse en estructuras concretas dentro de la vida de la Iglesia. Para ello plantea la necesidad de agentes pastorales capaces de identificar y acompañar dones y talentos, a quienes llama “trufas” pastorales, personas que saben detectar vocaciones escondidas.

Sugiere también crear academias de voluntariado, con formación seria, programas claros y una cultura de reconocimiento real. En ese sentido, critica que el agradecimiento institucional llegue tarde y mal:

“Dar las gracias después de 50 años es demasiado poco.”

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