El cardenal João Braz de Aviz: el hombre que dirigió y moldeó el comisariado contra los Heraldos del Evangelio

El cardenal João Braz de Aviz: el hombre que dirigió y moldeó el comisariado contra los Heraldos del Evangelio

Los Heraldos del Evangelio, una asociación internacional reconocida por la Santa Sede en 2001, enfrentan desde 2017 un proceso excepcional: primero una visita apostólica y luego un comisariado pontificio impuesto en 2019. El caso, uno de los más complejos y polémicos de los últimos años, se presenta en el libro El comisariado de los Heraldos del Evangelio. Crónica de los hechos 2017-2025. Sancionado sin diálogo, sin pruebas, sin defensa, como una historia marcada por decisiones contradictorias, silencios administrativos, críticas a la falta de transparencia y un prolongado clima de desconfianza entre Roma y la institución.

En ese escenario, una figura concentra la mayor parte de la responsabilidad y la dirección del proceso: el cardenal João Braz de Aviz, prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (DIVCSVA) durante toda la intervención.

Lo que el libro reconstruye no es sólo su papel formal, sino el trasfondo de sus decisiones, su actitud personal hacia los Heraldos y la influencia determinante que ejerció durante años. Desde Infovaticana presentamos una reconstrucción del perfil de Braz de Aviz según lo expuesto en la obra del el Prof. Dr. José Manuel Jiménez Aleixandre y la Hna. Dra. Juliane Vasconcelos Almeida Campos.

Un prefecto con control absoluto del proceso

Como prefecto del dicasterio responsable de la vida consagrada, el cardenal Braz de Aviz dirigió la visita apostólica y tuvo la última palabra en la decisión de imponer un comisariado. Su firma aparece en los documentos clave. Fue él quien declaró concluida la visita apostólica el 3 de octubre de 2018, en una comunicación interna dirigida a los visitadores. Sin embargo, los propios Heraldos jamás recibieron esa notificación, y un año después el mismo acto jurídico volvió a repetirse en el decreto de 21 de septiembre de 2019, que además decretaba la intervención. Según el libro, esta duplicación del cierre de la visita no tiene justificación clara y refleja la gestión irregular que caracterizó la actuación del dicasterio.

En esta etapa, el cardenal mantuvo distancia tanto de los Heraldos como del propio comisario pontificio. Fueron varios los intentos de la institución por ser recibida, todos sin respuesta. Incluso el comisario, el cardenal Raymundo Damasceno, afirmó que en ocasiones tampoco él fue atendido. Braz de Aviz solía limitarse a decir: “Ustedes son los comisarios, apáñense”, dejando en evidencia su desconexión con el desarrollo del proceso que él mismo había impulsado.

Una animadversión previa que marca el tono

El libro aporta testimonios que muestran que la actitud del cardenal hacia los Heraldos no comenzó con la visita apostólica, sino mucho antes. Años antes de ocupar el cargo en Roma, cuando aún era arzobispo en Brasil, reaccionó con disgusto ante la simple mención de la institución. Según el relato de un abogado que mantenía trato con él, el purpurado llegó a decir:

“No simpatizo con esa institución… El problema es que no soporto su pureza”.

Esta frase, reproducida en el libro, revela un rechazo anterior a cualquier evaluación canónica, basado en consideraciones personales más que jurídicas.

Una década más tarde, ya instalado en el Vaticano, otro cardenal brasileño, José Freire Falcão, confirmó que la postura de Braz de Aviz seguía siendo la misma. En su testimonio, aseguró que no era posible abrir una casa de los Heraldos en Brasilia mientras él estuviera en la diócesis “porque los odia”. Este tipo de declaraciones, recogidas en el libro, refuerzan la tesis de que la animadversión personal antecedió y condicionó todo el proceso oficial.

Decisiones que cambian el curso de la intervención

El peso de esa actitud se reflejó en las decisiones clave. Tras declarar concluida la visita apostólica sin avisar a los visitados, el cardenal firmó el decreto que impuso el comisariado en 2019. El libro señala que incluso antes de ese acto formal, el prefecto habría comentado a detractores de la institución que planeaba enviar un comisariado después de Pascua. Una joven perteneciente a un grupo opositor afirmó haber recibido esa información directamente del cardenal en una audiencia privada en abril de ese año. Esta versión sugiere que la decisión estaba tomada de antemano, sin esperar los procesos habituales de discernimiento institucional.

La relación del prefecto con los detractores también contrasta con la indiferencia mostrada hacia los Heraldos y hacia el propio comisario. El cardenal Damasceno explicó en una reunión que Braz de Aviz no podía influir en el comisariado, admitiendo incluso que el prefecto era “parcial” y que esa parcialidad cuestionaba la credibilidad del proceso. El comisario dejó claro que su misión provenía de la autoridad del Papa, no del prefecto, y que no estaba obligado a seguir directrices que desvirtuaran el trabajo encomendado.

Un estilo de gobierno que genera opacidad e incertidumbre

El libro presenta al cardenal Braz de Aviz como un prefecto que actuó con secretismo, falta de diálogo y decisiones unilaterales. Su negativa a recibir a los Heraldos, su rechazo a reunirse con el comisario en momentos clave y la duplicación de actos jurídicos alimentaron la percepción de un proceso poco transparente. Tampoco dio explicaciones claras sobre los supuestos motivos del comisariado, que nunca se comunicaron a los afectados de manera formal y que, según el texto, no se sostienen a la luz de los informes oficiales obtenidos durante la visita apostólica.

A ello se suma la contradicción entre sus palabras y sus acciones: por un lado exigía correcciones y vigilancia; por otro, desoía los informes del comisario y prefería atender a personas ajenas al proceso formal, muchas de ellas vinculadas a grupos críticos hacia los Heraldos. Para el autor del libro, este estilo de gobierno debilitó la legitimidad del comisariado e hizo prácticamente imposible una resolución ordenada.

La figura determinante de un proceso prolongado

El cardenal João Braz de Aviz no sólo dirigió la intervención contra los Heraldos del Evangelio desde la autoridad de su cargo, sino que influenció su desarrollo con una postura personal crítica hacia la institución. Su modo de actuar, basado en silencios, decisiones incompletas y una marcada distancia con los afectados, prolongó el comisariado y contribuyó a un clima de desconfianza del que la institución todavía no ha logrado salir. Para quien lea el caso desde fuera, el nombre del prefecto aparece como el hilo conductor de todos los momentos decisivos, y su figura como el factor humano que más pesó en la evolución —o en el estancamiento— del proceso.

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