Cristianos en Camerún: la Archidiócesis de Bamenda prepara el cierre de parroquias

Cristianos en Camerún: la Archidiócesis de Bamenda prepara el cierre de parroquias

La amenaza de cierre de parroquias, escuelas e instituciones católicas en el decanato de Ndop muestra hasta qué punto la Iglesia se ve empujada a replegarse ante la violencia. Según informó Agencia Fides, Mons. Andrew Nkea Fuanya, arzobispo de Bamenda, ha advertido que, si el padre John Berinyuy Tatah sigue prisionero el 26 de noviembre, se suspenderá la vida pastoral en la zona: los sacerdotes serán evacuados por seguridad y el Santísimo Sacramento será retirado de las iglesias.

El sacerdote, párroco de Babessi, fue secuestrado el 15 de noviembre junto a su vicario cuando regresaban de celebrar la Misa por la inauguración del instituto universitario PAX en Ndop. Según relata el propio arzobispo, ambos fueron capturados en Baba I, a unos 60 km de Bamenda, por varios hombres armados que afirmaban ser combatientes separatistas de Ambazonia, y llevados a un lugar desconocido.

Una crisis que se agrava: más sacerdotes secuestrados

La crisis se agravó cuando, el 18 de noviembre, cuatro sacerdotes y un laico enviados a negociar la liberación de los dos presbíteros también fueron secuestrados. El vicario, los otros cuatro sacerdotes y el laico fueron puestos en libertad el 20 de noviembre. Sin embargo, los secuestradores mantienen retenido al padre John, y es precisamente esta situación la que ha llevado a Mons. Nkea a elevar el tono.

El anuncio del arzobispo ha sido difundido en un comunicado firmado por él mismo y leído el domingo 23 de noviembre en todas las parroquias de la archidiócesis. En ese texto, advierte además que, si el 28 de noviembre el padre John sigue prisionero, él mismo, junto con el clero y los fieles laicos, irá a Baba I avanzando hacia el lugar donde está detenido, «y o regresarán con él o permanecerán allí hasta que sea liberado».

“Estamos acorralados”: cristianos en retirada

El caso del padre John no es un hecho aislado, sino el síntoma de una situación que el propio arzobispo califica de asfixiante. Mons. Nkea denuncia que «los frecuentes secuestros de nuestros sacerdotes y personal de misión nos han acorralado, y todo esto debe terminar inmediatamente». Y recuerda que «hay muchos laicos que han sufrido terriblemente por los secuestros, torturas y violencias» en la archidiócesis.

Mientras la Iglesia se ve forzada a preparar el cierre de parroquias y la evacuación de sacerdotes, el prelado señala también la responsabilidad del Estado. Pide a los militares —que, subraya, deberían mantener el orden y proteger a la población— que no torturen a los civiles ni les extorsionen dinero. Entre grupos armados que se presentan como separatistas y abusos de quienes deberían garantizar la seguridad, la comunidad católica vive entre dos fuegos.

El resultado es una imagen clara de cristianos en retirada: una Iglesia que se ve obligada a retirar el Santísimo de los templos, a suspender las actividades pastorales y a sacar a sus sacerdotes de la zona por pura supervivencia. El repliegue no es una opción libre, sino una consecuencia directa de la violencia, de los secuestros y del abandono de los fieles a su suerte.

Un llamado paternal. No es cobardía

Mons. Andrew Nkea Fuanya es el actual arzobispo metropolitano de Bamenda, nombrado por el Papa Francisco en diciembre de 2019 y tomando posesión del cargo en febrero de 2020. Nacido en Widikum, en la región noroeste de Camerún, en 1965, fue ordenado sacerdote en 1992 para la diócesis de Buéa.

Antes de su actual misión pastoral, sirvió como primer obispo de la diócesis de Mamfe desde 2014, donde se distinguió por su cercanía a las comunidades afectadas por la violencia y su voluntad de mantener la presencia de la Iglesia en zonas de conflicto. Su trayectoria se ha caracterizado por una postura firme frente a los secuestros, ataques y presiones que sufren sacerdotes, religiosos y laicos en las regiones anglófonas.

En Bamenda, Mons. Nkea se ha convertido en una de las voces más claras en defensa de la población civil atrapada entre los separatistas armados y las fuerzas estatales. Su liderazgo se reconoce por su tono directo, su denuncia abierta de los abusos y su insistencia en que la Iglesia no puede abandonar a su pueblo, incluso en medio de condiciones extremas.

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