En la mañana del 22 de noviembre de 2025, el papa León XIV recibió en audiencia privada a Katharina Westerhorstmann, profesora de Teología y Ética en la Universidad Franciscana de Steubenville. La teóloga alemana, conocida por su postura crítica frente al Camino Sinodal alemán, ha sido una de las firmantes de las cartas dirigidas en su momento al papa Francisco para expresar su preocupación por la orientación doctrinal del proceso alemán, especialmente en materia de moral sexual y de unidad con Roma.
Cabe recordar que el Papa, desde el inicio de su pontificado (mayo de 2025), ha dialogado tanto con obispos alemanes críticos del Camino Sinodal —recibiendo, por ejemplo, al obispo Stefan Oster de Passau— como con voces laicas cualificadas, entre ellas Westerhorstmann. A diferencia de su predecesor Francisco, quien había optado por responder por carta a las preocupaciones presentadas, León XIV ha querido escuchar personalmente a la teóloga, ampliando el diálogo para discernir cómo afrontar la situación actual de la Iglesia en Alemania.
Una dimisión con peso doctrinal
Formada en Teología Moral en Alemania, ha sido profesora en diversas universidades europeas y colabora como asesora de la Conferencia Episcopal Alemana. Es autora de varios estudios sobre ética sexual, bioética y teología del cuerpo. Su pensamiento, influido por Edith Stein, pone en el centro la dignidad de la persona, la vocación al amor y la fidelidad a Cristo.
En 2022, Westerhorstmann renunció a su participación activa en el foro de moral sexual del Camino Sinodal tras constatar que sus propuestas eran sistemáticamente excluidas por no alinearse con la dirección reformista mayoritaria. Denunció una deriva doctrinal que buscaba alterar la enseñanza moral católica y romper con la antropología cristiana. Junto a otras tres participantes se desvinculó por completo del proceso en 2023, alertando sobre un alejamiento cada vez mayor de la Iglesia en Alemania respecto de Roma.
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Westerhorstmann ha sostenido que la sexualidad humana debe ser comprendida desde la verdad del amor cristiano, sin subjetivismos ni relativismos. Reivindica el valor de la castidad, la complementariedad del varón y la mujer, y el matrimonio como contexto propio de la vida sexual. Advierte que modificar la moral sexual implica alterar la visión cristiana del ser humano. En cuanto a la mujer, defiende su protagonismo real en la Iglesia, pero sin asimilar dignidad a estructuras de poder o a la ordenación, como propone cierta corriente sinodal.
