Un estudio publicado por The Times afirma que cientos de sacerdotes anglicanos y más de una docena de obispos han abandonado la Comunión Anglicana para ingresar en la Iglesia católica durante las últimas tres décadas.
La investigación, realizada por la St Barnabas Society y dirigida por el teólogo y sociólogo Stephen Bullivant, muestra que aproximadamente un tercio de todas las ordenaciones sacerdotales católicas en Inglaterra y Gales desde 1992 corresponden a antiguos clérigos anglicanos, una proporción mucho mayor de lo que se creía.
La ordenación de mujeres, un punto de inflexión
El año 1992, cuando el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra aprobó la ordenación de mujeres sacerdotes, marcó un antes y un después. Desde entonces, según el estudio, unos 700 sacerdotes anglicanos y religiosos de Inglaterra, Gales y Escocia han sido recibidos en la Iglesia católica.
El pico más alto de conversiones se registró en 1994, coincidiendo con las primeras ordenaciones de mujeres en la Iglesia de Inglaterra. Hubo un segundo repunte tras 2009, cuando Benedicto XVI creó el Ordinariato Personal para acoger a clérigos y fieles de tradición anglicana, y otro tras su viaje al Reino Unido en 2010.
En promedio, unos 11 sacerdotes anglicanos ingresan cada año en la Iglesia católica.
La lectura del cardenal Nichols: más que “conversión”, un paso hacia la comunión plena
El cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, acogió con satisfacción los datos, aunque matizó el término “convertido”.
Recordó que algunos teólogos sostienen que san Pablo no “abandonó” su judaísmo, sino que lo llevó a cumplimiento en Cristo. Del mismo modo, explicó que muchos clérigos anglicanos que ingresan en la Iglesia católica no renuncian a su “preciosa herencia anglicana”, sino que dan un paso hacia la “comunión visible plena”.
Nichols subrayó que este movimiento no debe interpretarse como ruptura o rechazo cultural, sino como respuesta personal a un “imperativo espiritual”.
Un flujo que desafía las previsiones
El profesor Stephan Bullivant reconoce que las cifras han sorprendido incluso a los responsables eclesiásticos consultados durante su investigación.
“Los números son mucho mayores de lo que la mayoría —incluidos los obispos católicos— imaginaban”, afirmó.
Su estudio muestra que la decisión de ordenación de mujeres en 1992 sigue teniendo efectos duraderos, y que las tensiones doctrinales y eclesiológicas dentro del anglicanismo continúan empujando a parte de su clero hacia Roma.
